Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

—Al menos tú no tienes hijos, Barrett —dijo Nick—. Es más fácil mudarse cuando solo eres tú.

—¿Estás con alguien? —preguntó Selena—. ¿Tienes novia o esposa?

Troy ignoró la punzada que sintió en el pecho al recordar que lo habían dejado hacía poco y que él era diferente.

—Ahora mismo, no estoy con nadie.

—Te acuerdas de Lisa, ¿verdad? —preguntó Wyatt señalando a su mujer.

A Troy se le había olvidado su nombre por completo. Probablemente en Toronto solo había hablado con ella una vez.

—Sí, claro. Hola, Lisa.

—Me alegro de volver a verte, Troy. ¿Te estás adaptando bien?

—Lisa tenía un aspecto muy diferente al de las otras dos mujeres del círculo.

Tenía el pelo oscuro, corto, y no parecía llevar maquillaje.

Era muy guapa, pero, mientras que muchas de las esposas de sus compañeros de equipo a lo largo de los años tenían aspecto de modelo, Lisa parecía más bien una monitora de fitness.

Bueno, o doctora, que era su profesión real.

—Más o menos. Nunca me habían traspasado antes, así que se me hace todo un poco raro.

—El Club de los Nunca Traspasados —dijo Bood alargando el brazo y ofreciéndole el puño a Troy. Troy se lo chocó—. Aunque supongo que tú ya no perteneces.

—Cierto.

—¿Sigues en el hotel? —preguntó Lisa.

—De momento. Tengo que buscar un sitio donde vivir.

Lisa le dio un ligero codazo a Wyatt.

—Dale los detalles de ese edificio en el que vivimos cuando te traspasaron aquí.

Te va a encantar, Troy. Totalmente amueblado, en pleno centro, con servicio de conserjería para la limpieza y la lavandería…

Para nosotros era el sitio perfecto mientras esperábamos a ver si Wyatt iba a quedarse en Ottawa después de aquella temporada.

—Te enviaré un correo electrónico —dijo Wyatt—. No lo dejes escapar.

—Sí, gracias. Suena bien.

Sonaba perfecto, la verdad. Aunque la cercanía al estadio era una ventaja, Troy estaba bastante harto del hotel. Y necesitaba algo sencillo y temporal, solo para ir tirando hasta que se le ocurriera cómo salir de ese equipo.

—Vale, dejadme decir una cosa muy rápida —soltó Bood de repente—.

Tenemos que hablar de que la temporada pasada marqué el gol más bonito de todo el puto año contra Buffalo.

Le quité el puck a McCord, atravesé la línea defensiva de Buffalo como si fuera un cuchillo y le hice una finta al portero.

Precioso. Lo pusieron como mil veces en la repetición.

—Me acuerdo —dijo Wyatt—. Pero ¿por qué estamos hablando de eso?

—Ay, dios —intervino Cassie—. Ya sé por dónde va. Cariño, déjalo estar.

—No. Debería haber sido lo más destacado de la noche. —Bood levantó un poco la voz y señaló directamente a Troy—. Pero entonces este mamón va y marca el puto gol del siglo contra Filadelfia esa misma noche.

Todo se rieron, e incluso Troy tuvo que esbozar una sonrisa.

—Lo siento, tío.

—¡Joder, menudo gol! —dijo Harris—. Justo lo he vuelto a ver esta tarde mientras hacía ese vídeo de tus mejores goles, Troy. ¿Cómo hiciste ese regate? Parecía magia.

Troy subió un hombro.

—Técnica.

La verdad es que el gol había sido increíble. Ni él mismo se podía creer lo que había hecho cuando vio el vídeo.

—A mí no me impresionó —masculló Bood.

—Estuvo quejándose varias semanas —dijo Cassie antes de darle unas palmaditas en el brazo—. Ahora podéis marcar goles así de bonitos juntos.

—Supongo. ¡Oye! —Bood se puso de pie y dio un grito hacia la nevera de las cervezas—. ¿Cuántas van, Haas?

Troy se volvió y vio a Luca Haas, petrificado como un ciervo ante los faros de un coche con la mano en el tirador de la nevera.

—No sé. ¿Cinco? —respondió Luca.

Llevaba puestas las gafas. Troy sabía que tenía veinte años, pero tenía el aspecto de un chaval de quince. Parecía sonrojado y un poco piripi.

—Ajá. Pues dentro hay té helado. Bebe de eso. —Bood volvió a sentarse—. Putos críos.

—Vas a ser un padre cojonudo, Bood —dijo Wyatt.

—Soy duro pero justo —convino Bood. Miró con cariño a su mujer y le acarició el pelo—. Además, nuestro hijo va a ser listísimo y supermolón.

Cassie se inclinó y le dio un beso rápido.

Troy advirtió que Lisa se había acurrucado más cerca de Wyatt, y que Nick tenía el brazo aún más apretado alrededor de Selena.

Troy echó mucho de menos a Adrian en ese momento, aunque nunca había hecho nada tan público como acurrucarse junto a él en una fiesta.

¿Podría hacerlo alguna vez? ¿Con quien quisiera?

En ese momento, Harris cruzó una mirada con Troy desde el otro lado de la hoguera y sonrió. Troy logró esbozar una sonrisa en respuesta.

El cabello y la barba dorados de Harris brillaban con la tenue luz del fuego.

Era guapo, pese a su aspecto torpón. Con un aire rudo tan auténtico que a Troy le resultaba sorprendentemente atractivo.

Esa noche llevaba una chaqueta de pana con forro de lana, con una chapa que decía: «Orgullo de Ottawa» y un pin con forma de stick de hockey de los colores del arcoíris.

Harris no debía de tener novio. Si lo tuviera, Troy estaba seguro de que se lo habría traído o al menos ya lo habría mencionado.

A Harris no le avergonzaría tener el brazo alrededor de un hombre en una fiesta.

Probablemente le acariciaría el pelo y lo besaría con cariño.

Troy apostaría a que Harris era de lo más empalagoso cuando se enamoraba; seguro que siempre tocaba a su pareja de un modo tierno y familiar. Le sonreía. Lo hacía reír.

La semana anterior, Troy no había dejado de pensar que las cosas podrían haber sido diferentes si hubiera tenido el valor de salir del armario cuando estaba con Adrian. Quizá habrían podido ser una pareja de verdad. Ir juntos a fiestas, a estrenos de cine y a los Premios NHL .

¿Llegaría Troy a tener eso con alguien? ¿Dejaría de ser un puto cobarde y sería tan valiente como el responsable de redes sociales de su equipo?

O como Scott Hunter, que ese verano se había casado con el amor de su vida.

O como Ryan Price, a quien Troy le deseaba que fuera feliz allá donde estuviera.

Era incapaz de imaginárselo. No como algo real, al menos.

La sola idea hacía que se le revolviera el estómago.

Su padre no volvería a hablarle, y, aunque eso no debería importarle, le importaba.

Curtis era un auténtico capullo y seguramente Troy debería haberlo sacado de su vida hacía años, pero aun así era su padre. Y seguía teniéndole miedo.

El resto de la fiesta, que hasta ese momento había sido más agradable de lo que Troy esperaba, pasó como una exhalación mientras él se hundía más y más en su íntima miseria.

Cuando Harris le preguntó si quería que lo llevara de vuelta al hotel, se sorprendió de lo tarde que era. Tenía pensado haberse ido hacía horas.

—Gracias —dijo ya otra vez sentado en el asiento del copiloto de la camioneta de Harris.

—No hay problema. Me gusta conducir.

—Sí, o sea, gracias por llevarme. Pero también por insistirme para que viniera. Y por hacerme socializar un poco. Ha sido buena idea.

Harris le dedicó una radiante sonrisa.

—Estoy lleno de buenas ideas.

En la radio de la camioneta sonaba una música tranquila mientras conducían. Troy no sabía quién era el artista, pero las canciones eran tristes y cautivadoras, y se alejaban mucho de lo que hubiera esperado que escuchara Harris.

—¿No te gusta el country?

Harris soltó una risita.

—Lo pongo a veces. Me gusta todo tipo de música.

La conversación hacía que Troy no pensara en sus penas, así que siguió haciendo preguntas.

—¿Quién es?

—Fabian Salah. ¿No lo conoces?

Había cierto tono de sorpresa en la pregunta de Harris, como si esperara que Troy conociera a ese cantante desconocido.

—Nop. Pero es agradable. Bonito.

—Es el novio de Ryan Price.

—¿¡Qué!?

—Sí. Llevan saliendo desde que Ryan jugaba con los Guardians.

Joder. Al parecer Troy no sabía una puta mierda de nadie.

—No tenía ni idea.

—La próxima vez que Fabian toque aquí, deberías ir. En directo es alucinante. Ryan suele viajar con él, lo que me parece adorable. Deben de estar muy enamorados.

—Supongo.

Troy se alegraba por ellos, pero también le costaba oír que alguien estuviera enamorado. Aun así, pensar que Ryan Price, un gigante que era conocido sobre todo por pegar a otros jugadores, salía con un músico con voz de ángel era sorprendente. Y bonito.

Llegaron al hotel, que estaba bastante lejos de la casa de Bood y seguramente no pillaba muy de camino a la de Harris. Joder, era un tío demasiado amable.

—Que duermas bien —dijo Harris.

Había un matiz en su voz que sugería que sabía que no iba a ser así. Que Troy llevaba dos semanas durmiendo fatal.

—Lo intentaré.

Troy se dio cuenta de lo difícil que le resultaba abandonar la camioneta.

Se estaba caliente, sonaba una música agradable y un hombre atractivo le sonreía.

Los copos de nieve bailaban bajo las luces del aparcamiento del hotel, recordándole a Troy que, una vez que abriera la puerta, no habría más que frío y soledad.

El mundo se quedó muy quieto. Harris estudiaba el rostro de Troy, con sus ojos verdes brillando en la penumbra, como si esperara que antes de irse dijera algo importante.

—Conduce con cuidado —dijo Troy antes de abrir la puerta del copiloto y salir al mundo al que pertenecía, cerrando la puerta firmemente tras él.