Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 7
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Capítulo 7

Al día siguiente de que el equipo regresara del viaje, Troy recibió un mensaje inesperado.

Wyatt: Barbacoa esta noche en casa de Bood. Deberías venir.

Después había incluido la dirección.

¿Barbacoa? Pero ¿qué coño…? Si estaba nevando. A ver, no mucho, pero más de lo que haría suponer que había llegado la época de las barbacoas.

Troy: ¿Van todos?

Wyatt: Lo más probable es que la mayoría de los chicos sí. Y sus parejas. Bood y Cassie son unos magníficos anfitriones.

Troy no tenía la cabeza como para acudir a una fiesta del equipo. Y le sorprendía que sus compañeros sí, teniendo en cuenta la mierda de equipo que eran. A lo mejor te acababas acostumbrando a ser una mierda cuando jugabas en Ottawa y simplemente intentabas sacarle el máximo partido a todo.

Troy: Tal vez.

Wyatt: ¿Necesitas que te lleven? Harris ha dicho que él saldrá directamente desde el estadio, así que igual puedes ir con él.

Espera. ¿Harris también iba? ¿El tío de las redes sociales? Qué equipo más raro.

No es que Troy no entendiera por qué lo habían invitado.

Era… majo. Algo cargante. Muy escandaloso.

Se reía demasiado. Olía a manzanas, pero eso probablemente se lo estaba imaginando, porque no tenía ningún puto sentido.

Salvo cuando invadió el espacio personal de Troy para quitarle el micro después de la entrevista.

Ahí juraría que había percibido un aroma dulce y apetitoso.

Wyatt: Le diré a Harris que te escriba. Trae cerveza.

Troy: No he dicho que sí.

Wyatt: Sal de esa habitación de hotel, Barrett. Conoce a tus compañeros.

Troy arrugó la nariz. Su habitación de hotel no tenía nada de malo. En ese preciso instante, estaba holgazaneando en una cama de lo más cómoda. Tenía un montón de cosas que hacer esa noche, como quedarse mirando al vacío por la ventana hasta que reuniera la energía necesaria para masturbarse.

Harris no tardó ni veinte minutos en escribirle:

Harris: Dice Wyatt que necesitas que alguien te lleve esta noche.

Troy: No.

No necesitaba que lo llevaran. Había venido en su coche desde Toronto en lugar de coger un avión precisamente para tener un vehículo disponible. Y porque en ese momento le había apetecido conducir y largarse cuanto antes de aquella ciudad.

Además, seguro que Harris le hacía un montón de preguntas raras durante el trayecto.

O preguntas normales que Troy no podía contestar, porque no era una persona normal.

A las personas normales no se les ponía mal cuerpo cuando alguien les preguntaba cuál era su lugar preferido de la Tierra.

Harris había pretendido que aquella pregunta fuera fácil, agradable de responder, pero solo había conseguido que Troy pensara en la cama de Adrian. En sus brazos.

Harris: ¿Estás seguro? Yo voy a salir igualmente desde la pista.

Troy se giró sobre un costado, apoyándose en un codo.

A pesar de lo mucho que le había costado responder algunas de las preguntas de Harris, en realidad había disfrutado de la entrevista más de lo que esperaba.

Ese hombre le caía bien. Parecía buena persona, y Troy estaba intentando rodearse de ese tipo de gente.

Troy: ¿A qué hora vas a ir?

No es que se estuviera planteando seriamente ir. Y, aunque así fuera, se acercaría en su propio coche para poder llegar tarde e irse temprano. Seguro que Harris quería presentarse allí el primero.

Harris: Esta tarde estoy hasta arriba de trabajo. No creo que pueda salir hasta las siete.

¿Qué cojones estaba haciendo Harris? ¿Tan difícil era llevar las redes sociales, sobre todo en un día libre? Podía tuitear desde cualquier sitio, ¿no? Troy estuvo a punto de preguntárselo, pero, si Harris estaba ocupado, no tendría tiempo de ponerse a explicar en qué consistía su trabajo.

Las siete no era mala hora. Teniendo en cuenta que era una cena. Y siempre podía coger un taxi para volver al hotel.

Troy: A la mierda. Venga. Puedes recogerme.

Harris: Ja, ja, ja, me encanta ese entusiasmo.

Harris: Justo estoy montando un vídeo de los cinco mejores goles de tu carrera.

Troy: ¿Eso tienes que hacerlo tú?

Harris: Bueno, sí, es parte de mi trabajo.

Ahora Troy se sentía imbécil. Intentó pensar en algo que decir, pero Harris enseguida le envió otro mensaje.

Harris: Necesito acabar esto, luego tengo una reunión telefónica con la gente de marketing y un nuevo patrocinador que quiere promocionar contenido. Y debería programar varios posts.

Harris: Perdona. No me has pedido toda esa información. También soy parlanchín cuando envío mensajes.

Añadió un emoji de una carita sonriente al final.

Harris escribía superrápido. Tenía sentido, supuso Troy, en vista de su trabajo.

Troy: Vale. Escríbeme cuando salgas.

Se quedó mirando el mensaje después de enviarlo. Era brusco de cojones. ¿Sería así como sonaba él siempre? Probablemente.

Troy escribió: «Quedo a la espera», pero lo borró porque le pareció que se había pasado de frenada. Luego escribió: «Será divertido», pero eso ni siquiera parecía que lo hubiera puesto él, así que al final se decidió por: «Si quieres, te llevo un café del Starbucks al vestíbulo». Lo envió.

Él se refería a comprar un café y dárselo a Harris cuando lo recogiera. Para que pudiera bebérselo en el coche o lo que fuera. Pero Harris le contestó:

Harris: ¿Qué? ¿Ahora? Sería genial.

Mmm.

No es que Troy estuviera muy ocupado, pero, joder, tampoco era el chico de los recados.

Harris: Ay, te referías a cuando te recogiera, ¿verdad? Ja, ja, ja.

Aunque debería haberse sentido aliviado, Troy se sintió fatal. Harris quería un café y él podía solucionar el problema fácilmente. Si algo tenía, era tiempo y dinero.

Tal cual. No tenía nada más.

Troy: Puedo llevarte uno ahora. ¿Qué quieres?

Harris envió un montón de emojis de caras emocionadas y luego escribió:

Harris: Latte de ponche de huevo.

Troy: ¿Eso no es de Navidad?

Harris: ¡Estamos en noviembre! ¡No queda nada! Además, está DELICIOSO.

Troy: Es demasiado pronto para el ponche de huevo.

Harris replicó con una hilera de emojis de la cara de Papá Noel.

Troy: Vale. ¿Estás en el despacho?

Harris: Sí. No le diría que no a un cake pop si tienen.

Harris: Emoji de carita guiñando un ojo.

Troy no sabía lo que era un cake pop , pero sonaba a algo que podía gustarle a Harris.

Troy: OK. No tardo.

Resultó que los cake pops eran una cosa aún más ridícula de lo que Troy pensaba.

Sobre todo porque estaban decorados como cabezas de muñecos de nieve, así que al parecer sí era la época del ponche de huevo.

Troy nunca se había fijado realmente en los dulces de oferta que ofrecía Starbucks.

Siempre pedía un café solo de tueste medio sin prestar demasiada atención a lo que tenía alrededor.

Llamó a la puerta del despacho de Harris, haciendo equilibrios con una bandeja para dos vasos y una bolsa de papel con tres cake pops , porque le habían parecido tan pequeños que decidió comprar unos cuantos.

—Adelante.

A diferencia de la última vez que Troy había estado allí, a Harris no se le borró la sonrisa al verlo. De hecho, se hizo más grande.

—Café a domicilio entregado por una estrella de la NHL . Podría acostumbrarme.

Entrelazó los dedos y estiró los brazos por encima de la cabeza. Su camiseta de Carly Rae Jepsen se levantó lo suficiente como para que Troy vislumbrara su peludo ombligo.

—Se supone que los cake pops son para niños, ¿no? —dijo Troy apartando la mirada de la franja de piel al descubierto. Dejó la bandeja sobre el escritorio que había frente al de Harris y le entregó la bolsa de papel.

Harris relajó los brazos y agarró la bolsa con entusiasmo. Sacó uno de los dulces y lo sostuvo en el aire, admirándolo.

—¡Son una monada!

—Parece una cabeza empalada en una estaca.

Al oír el comentario, Harris se rio demasiado fuerte.

—¡Es verdad! Uuuf…

Y entonces se metió toda la cabeza del muñeco de nieve en la boca, envolviendo la base de la bola con los labios y tirando de ella para sacarle el palito. Fue algo digno de ver.

Se tragó la bola de lo que fuera eso (un pastelillo, aventuró Troy, a juzgar por el nombre en inglés) y sonrió.

—Me encantan estas cosas. Hostia puta, ¡si aquí dentro hay más! —Sacó otro.

Troy se acomodó en una silla que había junto a la pared, cerca del escritorio de Harris.

—No estaba seguro de cuál era la ración estándar de cake pops .

—No hay límite. Toma —dijo Harris tendiéndoselo—. Tienes que probar uno.

Troy tenía un dilema. Por un lado, no quería meterse esa cosa ridícula en la boca. Por otro, no quería ver a Harris haciendo un garganta profunda con otro de esos dulces.

—No, gracias. —Le dio un sorbo a su café para demostrar que ya iba servido y enseguida se quemó la boca—. Joder.

—¿Sabes qué te iría bien para refrescarte la boca? —preguntó Harris haciendo bailar al muñeco de nieve en el aire—. Un cake pop de menta.

—No lo creo. Y deja de hacer que parezca… vivo.

Harris le dio la vuelta al muñeco y lo miró directamente a los ojos.

—Voy a llamarlo Gordon.

—Vete a la mierda. Cómetelo ya, anda.

—No puedo. Ahora somos amigos.

—Como quieras. Tu ponche de huevo está ahí. —Troy señaló el vaso de papel que había en la esquina del escritorio de Harris.

El pequeño despacho estaba inundado por el empalagoso aroma del ponche de huevo y los cake pops . Troy trató de ahogarlo inhalando profundamente su café.

Suponía que ya se podía ir. Solo había venido a llevarle un café y un tentempié. Misión cumplida.

—¿Cuándo es la reunión?

—En veinte minutos. —Harris volvió a meter a Gordon, el cake pop , en la bolsa y, por absurdo que parezca, sacó el último dulce, idéntico a los demás, y se lo comió. Después de tragárselo, dijo—. Espero que no se eternice, como la anterior.

—¿Y qué hacen los patrocinadores? ¿Ponen su logo en los vídeos que subes o algo así?

Harris lo observó con gesto curioso.

—Sí. ¿Nunca has mirado las cuentas de redes sociales de tu equipo? ¿Ni en Toronto?

—No.

Harris negó con la cabeza.

—Bueno, es comprensible. Quienquiera que esté llevando las redes de Toronto lo hace de pena. Les falta alma. No sé por qué nadie las sigue.