Capítulo 5 #3
Durante muchos años, para Troy el vestuario había sido el sitio más estresante del mundo.
Una conversación como la que acababa de tener lugar, con un hombre tan atractivo como Ilya exhibiéndose de una forma tan desinhibida como él, habría resultado aterradora, porque ¿y si a Troy se le notaba algo?
Una mirada involuntaria o, dios no lo quiera, una erección involuntaria.
Se había sentido solo y desgraciado hasta que, un día, antes de comenzar su segunda temporada en la WHL , a los dieciocho años, había decidido empezar a esconderse tras un muro de agresivas machiruladas.
No le resultó difícil; su padre le había proporcionado años y años de machiruladas que emular.
Igual que la mayoría de su compañeros y entrenadores.
Y entonces se fue a Toronto y conoció a Dallas Kent, el perfecto arbusto gilipollas y ruidoso tras el que esconderse. En algún momento, se había vuelto más fácil mantener el personaje de heteruzo vergonzosamente homófobo.
Troy había llevado esa máscara a tiempo completo hasta que conoció a Adrian.
En aquella fiesta, dos años atrás, Troy se había quedado totalmente indefenso ante la belleza y el encanto del que sería su novio.
Le había resultado difícil volver a ponerse la máscara cada vez que salía del apartamento de Adrian, pero Troy necesitaba retomar su vida como jugador de hockey y no estaba ni mucho menos preparado para salir del armario con tanto orgullo como Scott Hunter. Él aún no era capaz.
Pero tampoco quería seguir llevando esa puta máscara.
Pensó en Ryan Price, un antiguo compañero de equipo que había tenido mucho en la cabeza el año anterior.
Ryan había jugado con Troy en Toronto hacía dos temporadas.
Lo habían traspasado miles de veces; Toronto había sido, tipo, como su noveno equipo de la NHL o algo así.
Troy se había portado como un auténtico imbécil con él porque por aquel entonces aún le bailaba el agua a Kent.
Y porque Troy, había que admitirlo, era un completo imbécil.
Ahora había vivido en sus propias carnes lo duro que era que te traspasaran y se avergonzaba del trato que le había dado a Ryan cuando él se esforzaba por encajar.
En lugar de ayudarlo, Troy se había reído de lo nervioso que se ponía Ryan en los aviones y había hecho chistes homófobos delante de él.
Nunca después de enterarse de que Ryan era gay, pero eso daba igual.
Ryan había sido majísimo. Algo tímido, quizá.
Raro, eso seguro. Pero había demostrado una ferocidad de la hostia cuando había tirado por tierra las inmaduras gracietas de Dallas y Troy al anunciar claramente que era gay y que no iba a seguir tolerando su homofobia.
Fue un momento que Troy nunca olvidaría.
Había sido lo más valiente que había visto jamás.
Y para Ryan ni siquiera parecía haber sido gran cosa, porque después había vuelto tranquilamente a su cubículo y había empezado a ponerse la equipación como si no acabara de humillar y a la vez inspirar a Troy.
Y es que Troy llevaba tanto tiempo ocultándose tras chistes homófobos que ya le salían sin esfuerzo.
Se reía de ellos sin esfuerzo. Pero Troy había tenido un compañero de equipo gay y ni siquiera había intentado conocerlo.
Acercarse a él. Ayudarlo a sentirse aceptado y bienvenido.
Joder, qué manera de desperdiciar una oportunidad.
A Troy le había gustado que Ilya hubiera dedicado unos minutos a hablar con él justo en ese momento, aunque la conversación no hubiera sido lo que se dice agradable.
Sabía que Ilya defendía la importancia de la inclusión en el hockey y que no lo hacía solo de boquilla.
Él y Shane Hollander organizaban campamentos benéficos de hockey en verano que celebraban la diversidad y contaban con un equipo inclusivo a la altura.
Troy había oído que Ryan Price era uno de los entrenadores.
También que Shane Hollander era gay. No estaba seguro de que fuera verdad, pero para sus adentros pensaba lo mucho que molaría que así fuera.
Por supuesto, entendía perfectamente que Hollander no lo anunciara.
Se preguntaba si Ilya lo sabía. De algún modo, esos dos rivales habían estrechado lazos durante los últimos años, y Troy se sentiría gratamente impresionado si Ilya fuera el mejor amigo de un hombre gay.
Tal vez cuando te habías liado con tantas mujeres como Ilya, no tenías que preocuparte por que nadie cuestionara tu sexualidad.
Seguro que Ilya apoyaría a Troy si supiera que era gay. Si Troy quisiera salir del armario y simplemente… ser él mismo. Por fin.
Troy lanzó un largo suspiro y empezó a quitarse accesorios. Era agobiante estar pensando todo eso aún envuelto en esa equipación de hockey sudada y asquerosa. Necesitaba comer, dormir, meter un puto gol y quizá acostarse con alguien algún día.
Quizá debería pedirle a Ilya el número de Shane Hollander. Shane era un puto caramelito.
Ese pensamiento hizo sonreír a Troy, y eso ya era algo.