Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Dios mío, qué guapo era. Claro que era atractivo; hacía el papel de superhéroe en la tele.

Pero Troy había tenido oportunidad de verlo cuando no estaba maquillado para la cámara —desaliñado y medio dormido por la mañana o desplomado en el sofá después de un día largo de grabación— y le había cautivado todavía más así.

Troy había amado todos los valiosos momentos que habían vivido juntos.

Y ahora se había acabado. Ahora Justin Green era quien disfrutaba de esas sonrisas adormiladas y el sexo matutino sin prisas mientras Troy miraba atontado una puta foto. Solo. En Ottawa.

La vida de Troy había estallado de forma tan repentina que no había tenido tiempo de absorber los cambios.

Hacía de jugador de la NHL en piloto automático, a sabiendas de que, si se paraba a examinar su corazón hecho añicos, era posible que no volviera a dar un paso.

Dos días —¡dos días!— después de que su novio lo dejara, Troy había visto la primera acusación contra Dallas Kent en internet.

Las palabras de la pantalla en el portátil se habían emborronado al mirarlas con ojos cargados de lágrimas, y le había ardido la garganta con la necesidad de gritar o llorar, o incluso vomitar.

Todos los detalles del relato de la mujer le resultaban tan familiares…

Troy no lo había presenciado, pero su descripción de las cosas que había dicho Dallas…

Le había resultado fácil creerla. Para cuando Troy había leído la cuarta historia, dos días más tarde, la sangre le hervía de rabia.

Los comentarios que había debajo de los posts estaban llenos de personas que defendían a Kent y decían cosas malvadas sobre quienes lo acusaban.

Cuando Troy había ido al siguiente entreno, había oído que sus compañeros de equipo decían cosas similares sobre esas mujeres.

Durante el propio entreno, había visto a Kent riéndose y divirtiéndose, sin la menor preocupación, y Troy había explotado.

Se había plantado delante de su mejor amigo y le había soltado a la cara toda la rabia que se había ido acumulando en su interior.

Todo el asco que Kent debería haber recibido de todos los que estaban en la pista.

De todos los que estaban sobre la faz de la Tierra.

Pero no es que hubiese servido de mucho. Los medios de comunicación relacionados con el hockey se habían puesto del lado de Dallas y solo parecían preocupados por el estrés mental que ese desafortunado incidente podría causar a la joven estrella del hockey.

Estrés mental. Hostia puta. Venga ya, lo más probable era que Dallas estuviera más enfadado con Troy que preocupado por las acusaciones.

Desde luego, no le pesaba en absoluto el sentimiento de culpa ni la vergüenza.

Seguro que ni siquiera le asustaban un poco las repercusiones. Porque ¿acaso iba a haberlas?

De pronto Troy se sintió agotado y pensó en irse a la cama temprano, aunque sabía que no podría dormir. Salvo que, mierda… Se suponía que tenía que crearse una cuenta de Instagram. Una real, que no fuera solo anónima para mirar a tíos buenos.

O sea, quizá una menos «real».

Borró la anónima. Tal vez más adelante se abriera otra para volver a seguir a tíos buenos, pero empezaría de cero. Cuando estuviera preparado. De momento, haría los deberes y se crearía una cuenta profesional.

Estaba en el proceso de decidir una contraseña cuando recibió un mensaje de su madre.

Mamá: ¡Mira dónde estás!

A continuación, le mandó una foto en la que salía un Funko Pop! de Troy (con el uniforme de Toronto) sobre la barandilla de un balcón. Detrás se veían unas hermosas montañas cubiertas de bruma con un tupido manto boscoso verde azulado.

Troy: Guau. ¿Dónde estás?

Mamá: En Hakone. ¡Son las vistas de la habitación del hotel! La he hecho esta tarde.

Troy se alegró un poquito. No había nadie a quien le habría gustado tener a su lado en esos momentos más que a su madre. Por desgracia, estaba en la otra punta del mundo.

Troy: ¿No es de noche en Japón?

Mamá: No puedo dormir. ¿Listo para tu gran debut mañana por la noche?

Troy: Quiero que pase ya.

Mamá: ¿Te ha ido muy mal?

Troy se mordió el labio. Su madre solo sabía una fracción de por qué su vida había sido un infierno últimamente.

La suya había sido la primera voz de apoyo que había escuchado después de que se hiciera viral el vídeo en el que gritaba a Dallas, y le había costado mucho no echarse a llorar cuando su madre le había asegurado que había hecho lo correcto. Que era una buena persona.

Su madre no sabía nada sobre Adrian. No ya que acabara de romperle el corazón, sino que había estado saliendo con alguien. Nunca le había presentado a Adrian, ni siquiera como amigo. Le había dado miedo que sus padres lo supieran solo con verlos juntos…

Sobre todo su padre. Troy casi podía imaginarse saliendo del armario ante su madre, pero no ante su padre. Jamás.

Al final, Troy escribió:

Troy: Mal no. Diferente, nada más.

Mamá: A veces ocurren cosas malas para que puedan ocurrir otras mejores.

Mamá lo sabía mejor que mucha gente. Después de que el padre de Troy la abandonara por una mujer mucho más joven tres años antes, mamá se había quedado hecha polvo. Una noche, mientras compartían una botella de vino, le había contado a Troy que la peor parte había sido el bochorno.

—No es solo que me sustituyera por alguien más joven —le había dicho—. Es que me avergüenzo de haber estado con él en un principio. ¿Sabes cuánta gente me ha dicho que siempre había pensado que era un cabrón?

Luego le había pedido disculpas por hablar así del padre de Troy delante de él. Troy le había dicho que no pasaba nada. Curtis Barrett era un cabrón y punto.

Y ahora, a causa de Dallas Kent, Troy conocía lo que era la vergüenza de haber estado durante años junto a alguien que era, en fin, malo como un demonio.

Troy: ¿Por qué no vas a dormir?

Mamá: Voy, a ver si tengo suerte. Saludos de parte de Charlie.

Troy: ¿También está despierto Charlie?

Mamá: No, pero, si lo estuviera, te saludaría.

Troy chasqueó la lengua en voz baja y tecleó.

Troy: Buenas noches, mamá. Te quiero.

Mamá: También te quiero. Buena suerte mañana.

Se desplomó encima del colchón y soltó un largo suspiro de agotamiento y frustración.

Debería crear la cuenta de Instagram y quizá subir algún post, pero no le apetecía.

En su equipo anterior apenas involucraban a los jugadores en temas de redes sociales y a Troy le había parecido perfecto, pero ahora estaba en un equipo nuevo con un rollo nuevo, y tenía que esforzarse por encajar.

Entró otra vez en Instagram, creó la contraseña y luego se bloqueó cuando el programa le pidió una foto de perfil. Las únicas que tenía guardadas en el móvil eran retratos con el uniforme de Toronto.

Se preguntó si el equipo ya habría subido alguna de las fotos que le había hecho Gen ese mismo día. Fue a la cuenta oficial del equipo y encontró su cara de «demasiado guay para sonreír» devolviéndole la mirada.

Bueno, con esa tendría que servir.

Estaba a punto de hacer una captura de pantalla cuando cometió el error de bajar a la sección de los comentarios.

«Barrett es un puto desgraciado».

«Siempre había pensado que no valía gran cosa. Ahora pienso que es un inútil de mierda».

«Barrett cree a unas putas mentirosas antes que a sus compañeros de equipo. Qué asco».

«Es lo que Ottawa se merece. Equipo de mierda. Jugador de mierda».

«No me puedo creer que este pringao haya fichado con nuestro equipo».

Troy dejó el móvil con la pantalla contra el colchón.

Ya estaba acostumbrado a que los jugadores rivales y sus fans lo odiaran.

Pero hasta entonces había sido por su forma de jugar y, sí, por bocazas.

Siempre se le había dado bien picar a la gente si le apetecía.

Pero esta vez lo odiaban por utilizar la boca para decir algo que, tal vez, fuera cierto de verdad. Algo de lo que debería estar orgulloso.

La cuenta de Instagram podía esperar. Quizá, si la aplazaba el tiempo suficiente, Harris se olvidara del tema. Además, no era que Troy tuviera cosas interesantes que subir. Troy no quería ser interesante; solo quería jugar al hockey.