Capítulo 1 #3
—¿De verdad? —Troy estaba acostumbrado a ser uno de los delanteros que empezaran el partido, pero aun así le sorprendió que su entrenador quisiera ponerlo con los mejores desde el primer encuentro—. O sea, gracias.
—Dame las gracias en la pista, Barrett. Vamos a demostrarle a Toronto que han dado la patada a quien no debían, ¿vale?
La alegría inundó a Troy. Incluso estuvo a punto de sonreír.
—Dalo por hecho, entrenador.
Wiebe entrecerró los ojos mirando hacia el banquillo, donde varios jugadores se reían divertidos.
—Ay, madre. Tienen un cachorro.
Rozanov entró en la pista con Quirón bien sujeto entre los brazos.
—Quiere entrenar.
—Diez minutos con el perro —dijo el entrenador con voz firme, aunque sus ojos brillaban contentos—. Luego nos ponemos en serio.
—Veinte —contratacó Rozanov.
Troy alucinaba con el descaro del capitán. ¿Estaría a punto de presenciar cómo el entrenador gritaba a Ilya Rozanov?
Sin embargo, el entrenador Wiebe se limitó a chasquear la lengua con afecto y dijo:
—Quince.
Desde luego, tenía una forma de manejar al equipo muy distinta de la de Cooper.
Durante quince minutos, el resto de los miembros de los Ottawa Centaurs se entretuvieron en la pista con un cachorro exaltado mientras Troy se quedaba cerca del banquillo, observando, a la espera de que comenzara el entrenamiento de verdad.
¿Qué coño pasaba con ese equipo? ¿Les darían bizcocho y limonada cuando acabaran?
—¿Te dan alergia los perros?
Cuando Troy se dio la vuelta, se encontró con Harris delante del banquillo, apoyado de forma despreocupada en las vallas.
Tenía el pelo dorado oculto bajo un gorro con borla rojo y negro de los Ottawa Centaurs.
Con los focos fuertes del estadio, sus ojos verdes recordaban más a dos relucientes esmeraldas que al musgo.
—No.
—Puf. Debería habértelo preguntado antes de llevar un perro al vestuario.
Ya se lo había consultado a todos los demás, pero…
Ay, joder, mira eso. —Levantó el móvil y echó unas cuantas fotos del cachorro a dos patas con las delanteras plantadas en las protecciones de portero de Wyatt—. Eso va a Instagram fijo.
—Es bastante popular.
—¿Quién? ¿Wyatt?
—El cachorro.
Harris sonrió de oreja a oreja.
—¡Pues claro! Es nuevo y adorable.
Y Troy era nuevo y… no.
En realidad, tenía mucho sentido que se presentara en el primer entreno con un equipo nuevo y solo fuera la segunda cosa más interesante en la pista. Como mucho.
Sus quejas mentales se vieron interrumpidas por una carcajada de Harris, que casi rompió la barrera del sonido.
—¡A por él, Quirón! ¡Bien hecho!
Quirón intentaba robarle un puck a Zane Boodram. Todos se reían y se lo pasaban en grande, y Troy no sabía muy bien qué hacer. Se sentía como si se hubiera colado en una fiesta a la que no lo habían invitado.
—¿A los perros les gusta el hielo? —preguntó Troy.
Quirón parecía en su salsa, seguro y feliz mientras perseguía pucks , pero lo preguntó de todos modos.
—A todos no, pero Quirón es mezcla de labrador con perro de montaña. Está hecho para el frío.
—Y va a ser un… ¿perro de terapia? ¿Tipo, un perro lazarillo?
—Le enseñarán a ayudar a gente con ansiedad o con trastorno de estrés postraumático. Si entra en el programa.
—¿Tiene que hacer un examen o algo así?
Ese chiste tan malo de Troy se vio recompensado con una estruendosa carcajada.
—Es solo que tiene que ser físicamente capaz de ser perro de terapia. Lo sabremos dentro de unos meses.
Harris debió de seguir hablando de perros mientras la mirada de Troy se fijaba una vez más en los pines arcoíris de su cazadora.
La punzada de anhelo y de intensa envidia que siempre sentía cuando veía símbolos queer debió de reflejarse en su cara como si fuera desprecio, porque, cuando miró a la cara a Harris, se topó con otro ceño fruncido de decepción.
Vale. Fue la gota que colmó el vaso. Troy tenía que decir algo cuanto antes para aclarar el malentendido. Tragó saliva.
—Oye, eh…
Sonó un silbato y el entrenador Wiebe se dirigió al equipo.
—Muy bien, ya es hora de trabajar. Harris, gracias por el invitado especial.
Rozanov cogió al cachorro en brazos y lo llevó al banquillo. Tocó la nariz del perro con el dedo enguantado y luego, a regañadientes, se lo entregó a Harris.
—¿Adónde va cuando no está aquí?
—Se queda en el centro de adiestramiento. Lo cuidan bien, te lo prometo.
Ilya frunció el ceño.
—¿Se divierte allí?
—Ya lo creo. No empezará con lo difícil hasta que crezca un poco. Si pasa la prueba.
—La pasará. Es un buen perro. ¿Se hará grande?
Quirón lamió la cara de Harris. Incluso le lamió la boca y a Harris no pareció importarle en absoluto. Troy trató de no arrugar la nariz, pero seguro que lo hizo sin querer.
—Será bastante grandote —dijo Harris—. No podrás abrazarlo así mucho tiempo más.
El entrenador volvió a tocar el silbato.
—Roz, Barrett. Vamos.
Troy notó que el calor le subía a la cara. ¿Por qué seguía plantado junto al banquillo? No le gustaban mucho los perros y tampoco era amigo de Rozanov ni de Harris.
—Ya te has metido en un lío —sentenció Ilya. Lo dijo en tono neutro, pero con mirada divertida—. Mal empiezas.
Troy no le respondió. Se limitó a bajar la cabeza y entrenar.