Modelo a seguir (Game Changers 5) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Bueno, en realidad ya no tenía novio. No después de que Adrian lo dejara sin contemplaciones por FaceTime la semana anterior.

Dos años saliendo en secreto, explorando el cuerpo del otro y averiguando qué se sentía al acostarse con un hombre.

Dos años protegiéndose, confiando el uno en el otro y sintiéndose cómodos juntos.

Dos años enamorado. Por la borda. Arrancados de forma tan drástica que Troy todavía no había tenido ocasión de asimilarlo del todo; se había quedado sin nadie con quien ser él mismo en todas las facetas.

Y ahora ese hombre —debía de ser Harris, el tipo de las redes sociales— se paseaba con orgullo por un vestuario de la NHL , cubierto de arcoíris como si nada.

Por cómo se habían reunido a su alrededor los jugadores y habían empezado a reírse con él, parecía que lo apreciaban mucho.

Troy sintió una punzada de envidia ante su capacidad de ser él mismo y de gustar a la gente por ser así.

Por la razón que fuera, el cachorro empezó a jugar alrededor de Troy.

Cogió sin pensárselo uno de los guantes de portero del banco y empezó a morder el pulgar grueso y acolchado.

Parecía sonreírle mientras tanto y Troy miró con recelo al único miembro del equipo que parecía contento de tenerlo allí.

—Ay, mierda. ¡Quirón, qué travieso! No te comas el equipamiento. —El hombre que en teoría era Harris se detuvo delante de Troy—. Perdona. Será un perro de terapia, pero todavía no ha empezado el adiestramiento. —Le quitó el guante de la boca con cuidado—. Esos guantes cuestan un dineral, colega.

Troy se inclinó hacia delante y le dio una palmadita tímida en la cabeza al cachorro. Nunca había tenido mascota, ni siquiera de niño, así que no sabía muy bien cómo tratar a los animales.

—¿Cómo has dicho que se llama?

—Quirón. Ya sabes. Como el centauro.

Troy no sabía de qué le hablaba.

—Es una monada.

—Lo verás mucho por aquí. Es el nuevo perro oficial del equipo. Ah, y yo soy Harris. También me verás mucho por aquí.

Harris le tendió la mano a Troy. Se la estrechó demasiado fuerte y con una efusividad excesiva, pero era el contacto más cariñoso que había recibido Troy en una temporada. Casi le dio rabia que terminara.

—Soy Troy.

—Sip. Ya lo había adivinado. —Harris apoyó las manos en las caderas y le sonrió bajando la cabeza. Troy no era especialmente alto, pero si se levantaba lo más probable era que le sacara un par de dedos a aquel chico—. Es parte de lo de llevar las redes. Va bien saberte los nombres de los jugadores.

Se rio con tanto escándalo que Troy estuvo tentado de hacer una mueca.

No podía despegar la mirada de los pines de la cazadora de Harris.

—¿Llevas mucho con el equipo?

—Más que tú —bromeó Harris. A Troy le dio la impresión de que pocas veces se ponía serio—. Es mi tercera temporada. —Recogió a Quirón, que al instante se puso a lamerle la cara. Harris se rio, de nuevo, a carcajadas, y dijo—: Nunca me había chupado tanto un miembro de este equipo.

Era una broma tonta, pero aun así a Troy le sorprendió su descaro.

Seguro que Harris no tenía intención de que a Troy le viniera a la cabeza una imagen…

chupándolo, pero ahí se fue su imaginación.

Nunca había tenido un pensamiento sexual tan nítido en un vestuario porque siempre se esforzaba por controlar esa clase de cosas.

Pero nunca se había visto confrontado en un vestuario con alguien que se anunciara como queer con tanta naturalidad como Harris.

Y tampoco ayudaba que el hombre fuera atractivo.

Y, para colmo, Troy se dio cuenta de que estaba hablando con él. Y Troy no se había enterado.

—¿Perdón? —preguntó.

—Decía que no he encontrado que tengas ninguna cuenta en las redes sociales.

«Ninguna que la gente conozca».

—Eh, no. No tengo.

—Dirección me ha pedido que todos los jugadores tengan por lo menos una cuenta de Instagram. No hace falta que sea moderna ni personal. Puedes limitarte a subir cosas oficiales del equipo si no te sientes cómodo compartiendo nada más. Puedo ayudarte a crearte una, si quieres.

—¿Es obligatorio?

Troy aborrecía todo el tema de hacerse publicidad. Lo único que quería era jugar al hockey y que lo dejaran en paz. La parte de famoseo le daba asco.

—Más o menos. Pero, si prefieres que no, supongo que podría…

No. Troy no iba a empezar con el equipo nuevo reforzando la idea de que era difícil de tratar.

—Ya me crearé una. No pasa nada.

Harris sonrió como si Troy acabara de decirle que le daría un millón de dólares.

—¡Fantástico! Además, me gustaría hacerte una entrevista tipo «preguntas y respuestas». Nada, un vídeo corto para presentarte ante la afición. ¿Te parece bien un día de estos?

«Auch».

—Eh, supongo. Si quieres…

—Me portaré bien —le prometió Harris con otra sonrisa cálida y sincera—. Solo preguntas fáciles.

Tenía los ojos de un tranquilizador verde musgo, que brillaban con una expresión juguetona que no tenía ni una pizca de malicia. Si Troy tuviera que describir sus propios ojos, utilizaría las palabras «fríos» y «muertos». Y de su sonrisa mejor ni hablar.

—Por lo menos esperaremos hasta el domingo. Así habrás podido jugar un partido.

—Cuando quieras.

Troy volvió a mirar la colección de pines de Harris. ¿Cómo sería sentirse tan cómodo con uno mismo y expresarlo tal cual?

Cuando Troy se dio cuenta de que se había quedado embobado, desvió la atención de repente a la cara de Harris.

Este había dejado de sonreír. Miraba a Troy de forma rara —sospechosa—, como si hubiera advertido desprecio en la expresión de Troy en el momento en que se fijaba en sus pines.

Troy quería sacarlo de su error. Darle una explicación.

Pero tantos años de andar con pies de plomo y ocultarlo habían hecho que ahora le fuera imposible encontrar las palabras adecuadas.

—¡Oye, Harris! ¡Deja de monopolizar al cachorro!

Era Rozanov, que interrumpió a Troy antes de que pudiera quedar en ridículo. Pero también antes de que pudiera convencer a Harris de que no era homófobo.

Otra mirada de decepción por parte de Harris y luego la sonrisa volvió a su rostro mientras caminaba hacia Ilya con el perro en brazos.

—Siempre te digo que adoptes uno, Roz.

—¿Y quién se ocupará de él cuando esté de viaje? ¿Tú?

Se oyeron risas en la otra punta de la sala y entonces Troy se quedó solo. Ya se habían olvidado de él.

Por muchos años que llevara haciéndolo, Troy aún notaba un escalofrío cada vez que pisaba la pista de hielo prístina y recién pulida. Tras un par de vueltas rápidas, empezó a sentirse cómodo. Tal vez su vida fuera un desastre, pero el hockey todavía le daba sentido.

Tiró a la pista un par de pucks que había sobre los tablones delante del banquillo y se dirigió a la portería con uno de ellos. Lanzó un tiro con un movimiento rápido de muñeca que entró por la esquina superior. Siempre era un subidón.

Cuando volvió al banquillo a coger otro puck , se sorprendió al encontrarse uno por el camino. Cogió el pase y se quedó de piedra al ver quién se lo había tirado.

—Entrenador.

—Barrett. El primero en la pista. Me gusta.

El entrenador de Ottawa, Brandon Wiebe, tenía cuarenta y pocos, apenas unos años más que algunos de sus jugadores. También había tenido una carrera larga —aunque no demasiado destacada— en la NHL como delantero, y esa era su primera temporada como entrenador principal.

Troy le pasó el puck .

—Necesitaba aclararme un poco las ideas.

—Esa es la mejor manera de hacerlo. Seguro que tienes mucha mierda que aclarar.

Era la puta verdad.

—No me despistaré.

—No he dicho que fueras a hacerlo, aunque no te culparía si te pasara. —El entrenador sonrió con amargura—. De todos modos, creo que estarás a gusto aquí. No me parezco a Bruce Cooper.

A Troy se le hizo un nudo en la garganta al oír que mencionaba a su antiguo entrenador. Cooper era un capullo, pero apreciaba mucho a Troy.

Aunque, bueno, al parecer no tanto como apreciaba a Dallas Kent, porque había insistido en tener una última reunión con Troy pocos minutos después de que este se hubiera enterado de que lo habían traspasado.

Cooper había dedicado varios minutos desgarradores a machacar a Troy antes de dejar que se marchara a hacer la bolsa.

Troy había salido del despacho con picor en los ojos y el estómago retorcido por la vergüenza.

Siempre le había costado lidiar con la furiosa decepción de hombres como el entrenador Cooper. Hombres como su padre.

—Estoy dispuesto a dejarme la piel —prometió Troy—. Quiero que lleguemos a los play-offs .

El entrenador Wiebe sonrió de un modo en que nunca sonreían el entrenador Cooper y el padre de Troy: con afecto y paciencia.

—Me alegro. Voy a probar a ponerte en primera línea con Rozanov y Boodram.