Misterio en el valle de Aran Capítulo 7 #4
60%

Capítulo 7 #4

Marta se giró hacia el mapa en la pared.

Los puntos rojos de los hallazgos de la mañana.

La mancha roja de la zona sin cobertura de cámara.

La línea discontinua verde del sendero forestal.

Todo construyendo una imagen que todavía tenía un centro vacío, un nombre que no estaba escrito, pero que la forma a su alrededor presionaba hacia la superficie con la insistencia de las cosas que han esperado demasiado tiempo ya.

—Mañana por la mañana —dijo—. Con la lista que va a construir esta noche, cruzada con los registros de licencias de instructores y guías que Puig tiene en el sistema, voy a tener algo concreto para cuando lleguen los de Barcelona.

—¿A qué hora llegan?

—A las diez.

—Te llamo a las ocho con lo que tenga.

Marta colgó y volvió a los expedientes. Pero antes de sentarse, se detuvo frente al mapa durante un momento más.

Había algo en la distribución de los puntos de hallazgo, en la geometría del corredor forestal y su relación con los puntos de desaparición de las víctimas, que le había estado produciendo una incomodidad que no era técnica sino algo más difícil de nombrar: la sensación de que el mapa era, en algún sentido, también el retrato de alguien que había desarrollado una relación con ese territorio que iba más allá de lo meramente funcional.

Alguien que no solo conocía el corredor sino que, en cierto modo que resultaba difícil de articular sin sonar excesivo, lo había hecho suyo.

Lo había habitado de una forma que los habitantes legítimos del valle nunca habían habitado ese tramo específico de bosque y río.

La nieve conoce al que la pisa con frecuencia, aunque no tenga memoria.

Guarda sus huellas hasta que el deshielo las borra, y entonces el siguiente invierno vuelven a empezar.

Eso era lo que habían encontrado ese mañana en el cauce del Nere: no solo las marcas del invierno en curso sino la evidencia de inviernos anteriores, el sedimento de años de presencia que el agua había cubierto y el tiempo había intentado borrar sin conseguirlo del todo, porque algunas cosas no se borran del todo aunque el mundo que las rodea decida que ya es suficiente tiempo.

Había algo profundamente perturbador en la idea de alguien que había encontrado en un lugar específico del mundo la condición de permanencia que no había podido encontrar en ningún otro aspecto de su vida, y que había construido alrededor de ese lugar una arquitectura de ausencias que solo ahora, después de todos esos inviernos, empezaba a hacerse visible desde fuera.

Marta se sentó, abrió el expediente más antiguo de los catorce archivados, y empezó a leer.

El martes amaneció con una claridad diferente a la del lunes: el cielo había despejado durante la madrugada y la luz de las ocho de la mañana llegaba lateral y limpia sobre la nieve reciente que había caído en las últimas horas del día anterior, una nieve fina y seca que había cubierto con dos centímetros de blancura nueva todo lo que el sábado y el domingo habían vuelto visible.

La pista de Baqueira, desde la carretera, parecía intacta.

La zona forestal del Nere, con su cinta amarilla perimetral que los técnicos habían dejado instalada y que nadie excepto el personal autorizado tenía razón para acercarse a ver, parecía simplemente otra franja de bosque nevado bajo el cielo azul de alta montaña.

Erik llamó a las ocho y tres minutos.

—Tengo la lista —dijo.

—¿Cuántos?

—Once personas que encajan en el perfil que me describiste.

Conocimiento del territorio superior al promedio.

Presencia habitual en el entorno de la estación durante más de diez temporadas.

Capacidad para interactuar con jóvenes en el vocabulario del esquí sin generar alarma.

Y lo que Neus y Raquel describieron: la familiaridad sin contenido, que significa que su imagen está integrada en el paisaje del entorno.

—¿De esos once, cuántos tienen también manejo de plataformas digitales o presencia online relacionada con el mundo del esquí?

Una pausa breve.

—Cinco. Que yo haya podido verificar con los medios que tengo.

—Cinco.

—Sí. Tres tienen perfiles activos en redes sociales relacionadas con el esquí o la montaña. Uno tiene su propio canal de YouTube con videos de rutas. Y uno tiene un historial de actividad en foros de esquí y comunidades online que se remonta a más de ocho años.

—¿Nombres?

—Te los mando ahora. Con todo lo que tengo de cada uno.

El archivo llegó al correo de Marta dos minutos después.

Era un documento de once páginas, una por persona, con la precisión ordenada de alguien que ha aprendido a documentar durante años y que en esa noche había condensado lo que sabía en la forma más útil posible.

Cada ficha tenía el nombre, la actividad principal, los años de vinculación con el entorno de la estación, el tipo de conocimiento territorial y, donde Erik había podido verificarlo, los datos de presencia digital.

Marta lo leyó de pie, junto a la ventana de la habitación, con el móvil en la mano y el café de la mañana sin tocar sobre la mesa.

Cuando llegó a la séptima ficha, se detuvo.