Capítulo 17 #2
—Pues desde fuera, parece todo lo contrario —Elevo un poco la voz; estoy empezando a calentarme—.
Los dos trabajáis al margen de la Ley, con recursos ilimitados fuera de todos los registros, y no os importa utilizar a la gente en vuestros jueguecitos de poder para lograr vuestros «elevados» fines.
Dirás lo que quieras, pero sois como dos gotas de agua.
—¿Sabes lo que ese monstruo ha hecho para llegar dónde está?
—No, como tampoco lo sé de ti —contesto—. Solo sé que Baena me ha ofrecido lo que necesito para encargarme de los que mataron a mi familia, mientras que tú me mantenías en mi cómoda jaula de Collado Mediano.
—¡Lo hice por tu seguridad, gilipollas! —Ahora es Furiase quien eleva la voz, pero luego se calma mientras sigue—. Escúchame, hay cosas que están por encima de todos nosotros, y contra las que no puedes combatir. No puedes luchar contra lo inevitable .
—¡No necesito que me protejas, cabrón! —Cada vez estoy más encendido.
—¡Claro que te hace falta porque Lukov tiene un topo y en cuanto se entere de que sigues vivo, irá a por ti!
Me incorporo en el sillón al escuchar esa noticia. ¿Un topo?
—De hecho, me viene bien hablar contigo, porque eres la única persona de la que estoy completamente seguro de que es de fiar.
—Furiase baja la voz, como si el topo pudiera escuchar nuestra conversación—.
He descubierto que Lukov tiene comprado a alguien dentro de…
las organizaciones que operamos en la sombra.
No solo es la única forma de explicar lo rápido que pudo organizar su fuga, sino que creo que también le suministró la información para localizarte en La Gomera.
La furia de mi interior, que estaba dormida, despierta como un torrente, llenándome de adrenalina. Con la mano libre que tenía apoyado en el brazo del sillón, empiezo a tirar del plástico.
—¿Quién es?
—Eso me gustaría saber a mí —responde—. Escucha, me gustaría que me esperases en Marbella y pudiéramos hablar en persona, aunque entenderé si no quieres hacerme caso.
—Creo que será mejor que me marche de aquí cuanto antes. —Decido decirle la verdad, a ver cómo reacciona—. Especialmente, antes de que la policía descubra el cadáver de Gunter Schmidt.
—¿Qué significa eso? —dice, tras una breve pausa.
—Anoche lo maté. Encontré donde se escondía en la ciudad y acabé con él.
—No sé si felicitarte o mandarte a la mierda por haber hecho eso. —El tono alegre de Furiase contradice sus palabras—. Hay que sellar la escena del crimen, y buscar cualquier pista del paradero de Lukov, o de cuáles son sus planes. Tengo que colgarte.
—¡Espera! —Antes de que cuelgue, quiero confirmar una cosa—. ¿Es cierto que Lukov estaba compinchado con vosotros y que su detención formaba parte de un plan?
—¿Eso es lo que te ha contado Baena?
—Así es.
—Valiente hijoputa… ¿Y no te dijo que todo eso era una artimaña?
Convencíamos a Lukov, él participaba en nuestra charada y mientras el plan para capturar a los cabecillas terroristas seguía su curso, nos encargábamos de que no volviera a ver la luz del día.
Podemos ser retorcidos y jugar sucio, pero no somos malvados.
¿O no te acuerdas de lo que te dije el día que te conocí?
Hago un poco de memoria antes de contestar.
—Que me consideraba uno de los suyos, de los que saben la diferencia entre el bien y el mal.
—Exacto. Y lo sigo pensando, o no tendríamos esta conversación. Porque, si recuerdas, también te dije que no me la jugaras y actuaras por libre, o te convertirías en un problema.
—Lo entiendo. Lo siento.
—Muchas gracias —Furiase también está más calmado—. Ahora podremos trabajar para intentar arreglar esta situación de la mejor manera. La próxima vez que te llame, haz el favor de contestar.
—De acue...
No me da tiempo a responder, pues Furiase corta la llamada antes.
Alejo el móvil de mi oreja, que se ha calentado en todo este rato que llevamos hablando.
Con la mano izquierda he estado tirando del plástico que envuelve este sillón, haciendo un montón informe que yace espachurrado entre mis dedos .
Un topo, ¿eh? Si es cierto, es otro objetivo más de mi lista. Pero dada mi experiencia tratando con Furiase y Baena, creo que será mejor que tenga cuidado con lo que me dicen. No dan puntada sin hilo, como diría mi madre.
Se me encoge el corazón cuando pienso en ella y en la pobre Lucía. Si están en el pueblo, tardo lo mismo en llegar desde Marbella que si fuera a Madrid. Pero no puedo, todavía no, con Lukov y Kretowickz sueltos y, además, ese topo.
Bueno, lo único que tengo seguro es que debo desaparecer. De una manera u otra, esta ciudad ya no es segura. Debo recoger todas mis cosas y marcharme lo antes posible.
Me levanto con cuidado y camino en la dirección que creo está la salida. Por suerte, Perote aparece en cuanto llego a la siguiente habitación.
—¿Qué tal, tío? ¿Todo correcto con tu amigo?
—Sí, todo está bien. Perote, me has sido de muchísima ayuda, pero tenemos que separar nuestros caminos.
—No puedes hacer eso, hermano —contesta, con rostro triste—. Somos un equipo, como el Quijote y Sancho Panza. O como Mortadelo y Filemón.
—Lo hago por ti, Perote. Si sigues a mi lado, correrás un peligro mortal.
—Bueno, ya soy mayorcito para tomar esa decisión, ¿no? Además, si no es por mí, no estarías aquí.
Eso tengo que concedérselo.
—Tienes razón, pero en Madrid las cosas son muy distintas. Allí no…
—Tengo la suficiente calle para moverme por cualquier sitio y conseguir información, tío. ¿O no te has dao cuenta a estas alturas?
Sí, eso también es verdad .
—Cierto, pero tu vida está aquí, en tu ciudad, tu gente…
—Tío, ¿de verdad crees que me gusta la vida que llevo? Tengo cuarenta y siete años y no tengo nada a mi nombre, ni estudios ni ahorros. Mi familia está muerta o no quiere saber nada de mí. Estoy mejor contigo. Nunca me había sentido tan bien como echándote una mano.
—Lo siento, Perote, pero no es posible.
—¿Ni siquiera con esto?
Como por arte de magia, en su mano derecha aparece un iPhone último modelo.
—¿Qué es eso?
—El teléfono del alemán —contesta, sonriendo—. ¿A qué soy útil de verdad?
—Dámelo.
Se acerca a mí y me lo pasa. Intento desbloquearlo, sin éxito. Aún así, es un gran hallazgo, solo tengo que averiguar cómo acceder a su contenido.
—Es… genial —le digo, poniendo la mano en su hombro—. Lástima que siga bloqueado, en Madrid me ocuparé de encontrar alguien para abrirlo…
—¡No hace falta, atontao ! Mira.
Me quita el teléfono de la mano y pone su pulgar en el lector de huellas; al momento, el móvil se desbloquea.
—¿Cómo has hecho eso? ¿De quién es realmente este móvil, Perote?
—Tranquilo, colega, que sí es del alemán. Antes de recogerte, me fijé que se le salía el teléfono del bolsillo. Lo cogí y utilicé su mano para desbloquearlo; luego solo tuve que añadir mi huella a las admitidas, usando de nuevo su mano para autorizarlo. ¿A qué soy un máquina?
Vale, reconozco que esto no me lo esperaba .
—Y te lo has guardado hasta el último momento, ¿eh?
—Yo te lo iba a dar lo primero, hermano. Fuiste tú quien entró diciendo que debíamos separarnos —De nuevo, la tristeza en su rostro, y ahora sé que es verdadera—. Puedo ayudarte, si me dejas. Por favor.
No es una buena idea. Es un civil, sin ningún tipo de preparación. Y quién sabe cómo reaccionará en situaciones de peligro.
Pero ha tenido todas las oportunidades para jugármela y no lo ha hecho. Y me está ayudando por puro altruismo.
Qué coño, no sé si será la decisión acertada, pero siento que es la correcta.
—Está bien, amigo. Vamos a recoger nuestras cosas, que nos vamos ahora mismo a Madrid. —Me doy cuenta de que todavía no me he presentado y le tiendo la mano—. Me llamo Julián Pizarro.
—Encantado, Julián. ¿Te puedo decir Juli?
—No.
—Vale, vale —dice sonriendo.
—Eso sí, tú conduces. —Aparte de que estoy hecho mierda, así podré ir revisando el contenido del móvil—. ¿Sabes conducir, verdad?
—¡Desde los dieciséis años! —Se pone serio—. Aunque… esto… puede que tenga un ligero problema de puntos en el carnet…