Miserable Matrimonio Capítulo Final
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Capítulo Final

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Los últimos meses han sido extrañamente tranquilos, pero supongo que así son los finales felices de una gran historia de amor.

Los duques de Agnes han regresado a Londres y, para sorpresa de toda la sociedad, lo han hecho acompañados de sus dos hijos. Sí, dos. Un niño y una niña. ¿Acaso era esto lo que la duquesa escondía durante todos aquellos meses lejos de Londres?

Sé que muchos todavía se preguntan si el matrimonio de los duques es realmente lo que aparenta o si terminará como tantos otros matrimonios de esta sociedad.

Pero esta vez puedo asegurarles algo. Ese matrimonio que empezó como una obligación se ha convertido en una historia de amor.

Y después de tantos escándalos, secretos, lágrimas y corazones rotos, creo que ha llegado el momento de dejar tranquilos a nuestros duques para que disfruten de su final feliz.

Aunque, conociendo a esta sociedad, estoy segura de que muy pronto alguien más nos dará algo de qué hablar.

Hasta entonces, queridos lectores.

Revista de sociedad de Lady Kennt.

Tres meses después…

—¡Marcus! —gritó Liviana desde el despacho—. ¡Marcus, ven aquí ahora mismo!

—¿Qué pasa, mi ángel? —preguntó Marcus entrando al despacho, pero se detuvo al verla detrás del escritorio con el ceño fruncido y varias cartas entre las manos. Por la expresión de su esposa, supo que estaba en problemas—. ¿Qué hice?

Liviana no respondió, simplemente levantó el fajo de cartas y Marcus las reconoció inmediatamente.

«Maldición».

—¿Mandabas al mayordomo a espiarme, Marcus?

Marcus desvió la mirada y se rascó la nuca antes de encogerse de hombros.

—¿Culpable?

Liviana lo fulminó con la mirada. Había entrado al despacho buscando algunas hojas para escribir porque las que tenía en su habitación se habían agotado, pero mientras revisaba los cajones encontró muchas cartas enviadas por Thomas, el mayordomo de Agneswood House.

Todas tenían fechas de cuando ella vivía en Green Hills y, movida por la curiosidad, había leído algunas.

Para su sorpresa, eran informes de todo lo que hacía durante el día.

Incluso había una donde Thomas le contaba a Marcus cómo había encontrado a Nube y Bombón.

—¿Culpable? —repitió dejando las cartas sobre el escritorio—. ¿No se supone que en ese tiempo me odiabas?

—Nunca te odié.

—Pues fingiste muy bien que sí lo hacías.

Marcus hizo una mueca porque no podía discutir eso.

—Me intrigabas, no sé. Quería saber qué hacías, si estabas bien, si... seguías con tu vida sin mí como si nada. Te fuiste de repente a Green Hills y yo todavía era demasiado orgulloso para entender por qué me interesaba tanto saber lo que hacías durante todo el día.

—Así que mandaste a Thomas a espiarme.

—No... lo llamaría espiar.

Liviana levantó una de las cartas.

—Aquí te cuenta hasta el día en que encontré a mis gatos.

—Está bien, quizás sí te espiaba un... ¿poco?

Liviana entrecerró los ojos y Marcus sonrió acercándose a ella.

—¿Qué quieres que te diga, ángel? Eres el amor de mi vida. Al parecer ya me interesabas demasiado incluso cuando todavía era muy estúpido para darme cuenta.

Liviana escondió una sonrisa y levantó un dedo cuando él estuvo lo suficientemente cerca.

—No quieras distraerme con tus palabras bonitas.

Marcus sonrió de lado y rodeó su cintura atrayéndola hacia él.

—¿Quieres que te distraiga con otras cosas?

Liviana fingió pensarlo y dejó las cartas sobre el escritorio.

—Mmm... convénceme.

—Será un placer.

Marcus se inclinó para besarla y Liviana rodeó su cuello con los brazos, pero justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, unos golpes en la puerta los interrumpieron.

—Su gracia —se escuchó la voz de Collins—. Lord Nicholas acaba de llegar.

Marcus cerró los ojos y soltó un suspiro mientras Liviana se separaba de él.

—Para la próxima será, mi amor.

—Liviana...

Ella arregló su vestido y caminó hacia la puerta.

—Vamos, Marcus. Mi primo nos está esperando.

Liviana salió del despacho sin más y Marcus se quedó parado en el mismo lugar mirándola desaparecer. Luego se pasó una mano por el rostro.

—Acabo de ser ilusionado y estafado —susurró mientras salía detrás de su esposa.

En tres meses todo había mejorado para ellos. Liviana se había recuperado y los niños habían crecido y ganado peso. Apenas los dejaban dormir o disfrutar de un momento a solas, pero ninguno se quejaba. Eran felices con la familia que habían formado.

Apenas Liviana estuvo lo suficientemente recuperada, quiso regresar a Londres y Marcus no se negó. Después de todo, ya estaban a salvo. Emma se encontraba bajo custodia y los hombres que la habían ayudado habían sido capturados, así que no había razón para continuar escondidos en Willowmere.

Ambos llegaron a la sala, donde el nuevo conde de Hamilton los esperaba. Él se levantó al verlos entrar y Liviana sonrió antes de acercarse para recibirlo.

—Nicholas, me alegra verte.

—Prima —saludó con su marcado acento francés, para luego abrazarla y ella correspondió el gesto. Hacía muchos años que no lo veía.

Pero ahora había regresado porque debía hacerse cargo de todo lo relacionado con el condado tras la muerte de su padre.

Liviana todavía sufría por la muerte de su padre.

Marcus le había ocultado la verdad después de que despertó.

Durante los primeros días siempre encontraba alguna excusa, hasta que Liviana se cansó de que nadie quisiera responderle y le exigió que le dijera qué había ocurrido.

Saber que su padre había muerto le había dolido más de lo que había imagido.

Siempre creyó que no sentiría nada cuando su padre muriera, e incluso llegó a pensar que sería un alivio.

Pero los meses que pasaron juntos en Windsor habían cambiado su relación.

Lo que más le dolía era saber que había muerto intentando protegerla.

—¿Cómo estás? —preguntó Liviana cuando se separaron.

—Bien, feliz de regresar a Londres —respondió Nicholas con una sonrisa—. Tenía algunos asuntos pendientes.

—Imagino que mi padre dejó muchas cosas que resolver.

—Un poco, nada con lo que no pueda lidiar.

Marcus se sentó junto a Liviana.

—Me tranquiliza que ni te sientas precionado por las responsabilidades del título.

—No hay nada difícil en ser un conde —bromeó Nicholas aligerando el ambiente—. De hecho, estoy planeando abrir un club.

Liviana arqueó una ceja.

—¿Un... club?

—Buena idea —apoyó Marcus.

Los dos comenzarón una simple converzación de negociosos y ella negó con la cabeza.

—Iré a ver a mis hijos —informó auqnue sabía que no la escucharon.

Liviana llegó a su habitación y encontró a sus hijos en sus pequeñas cunas. La niñera estaba sentada cerca de ellos, como siempre que Liviana tenía que salir o hacer alguna otra cosa.

—Puedes ir a descansar un rato. Yo me quedaré con ellos.

—¿Está segura, su gracia?

—Sí. Ve, yo te llamaré si necesito algo.

La mujer asintió y salió de la habitación. Liviana se acercó a las cunas y sonrió al ver que Alexander dormía profundamente, mientras Mary estaba despierta moviendo sus pequeñas manos entre las mantas.

—¿Y tú por qué estás despierta, pequeña?

La tomó entre sus brazos y besó su mejilla antes de sentarse con ella. Mary se removió un poco hasta acomodarse contra su madre y Liviana sonrió mientras la observaba.

Su niña era hermosa. Su cabello era oscuro, incluso más oscuro que el de ella y Marcus, mientras que sus ojos eran azules, iguales a los de su padre. Liviana acarició suavemente su pequeña mejilla.

—Tienes los ojos de tu papá —murmuró—. Y eres igual de hermosa que él, aunque jamás se lo diré porque ya tiene suficiente con su enorme ego.

Liviana rio por lo bajo y Mary cerró su pequeña mano alrededor de uno de sus dedos.

—Sí, ya sé. No debería hablar así de tu padre.

Miró hacia la otra cuna y comprobó que Alexander continuaba dormido.

—Tu hermano, en cambio, tiene mis ojos. Al menos uno de ustedes tenía que parecerse a mí.

Volvió a mirar a Mary y le dio otro beso en la mejilla.

—Pero los amo a los dos exactamente igual.

Liviana la acomodó mejor entre sus brazos y permaneció mirándola. Habían crecido mucho durante esos tres meses y cada día se veían más fuertes. Ya no parecían esos bebés tan pequeños.

—Mami está aquí —susurró mientras acariciaba su cabello oscuro—. Y pienso molestarlos con mis besos durante muchos años.

Una hora después, Alexander se había despertado y ahora era Mary quien dormía tranquilamente en su cuna.

Liviana estaba sentada cerca de ella amamantando a su hijo.

Durante esos tres meses había descubierto que ambos eran bastante tranquilos durante el día, pero cuando llegaba la noche...

parecía que se ponían de acuerdo para no dejarlos dormir.

Marcus abrió la puerta y entró en silencio. Sonrió al encontrar a Liviana con Alexander entre sus brazos y se acercó sin decir nada. Se colocó detrás de ella y se inclinó para besar su hombro desnudo.

Liviana levantó la mirada hacia él y sonrió antes de volver a observar a su hijo.

Marcus permaneció detrás de ella y ambos se quedaron en silencio viendo cómo Alexander se alimentaba.

Les encantaba observar a sus hijos. Podían pasar horas haciéndolo sin aburrirse, todavía sorprendidos de haber creado juntos a esos dos pequeños.

Liviana acarició suavemente el cabello de Alexander y sonrió.

Era feliz a pesar de las pérdidas, pero ahora tenía su propia familia.

Tenía a Marcus, a Mary y a Alexander, y los amaba más que a nada.

Daría lo que fuera por ellos. También tenía a sus amigos que habían sido de gran apoyo en todos esos meses.

Marcus volvió a inclinarse y acercó los labios a su oído.

—Te amo, mi ángel —susurró.

La sonrisa de Liviana se hizo más grande.

—Yo también te amo.

Marcus volvió a besar su hombro y Liviana apoyó la cabeza contra él mientras ambos continuaban observando a su hijo.

Sonrió al pensar que al fin tenía todo lo que alguna vez había deseado.

Fin.