Miserable Matrimonio Capítulo 50 #3
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Capítulo 50 #3

Había sido otra pesadilla. No era la primera vez que soñaba que Liviana moría desde el parto, pero esa había sido tan real que todavía podía sentir el miedo recorriendo todo su cuerpo.

Había sentido cómo su corazón dejaba de latir y la había tenido muerta entre sus brazos mientras sus hijos lloraban.

Decidió no pensar más en eso y movió la cabeza. Volvió a recostarse junto a ella y tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de Liviana.

—Vas a despertar, mi ángel —susurró acercando su mano a sus labios—. Tienes que hacerlo.

Le dio un beso y permaneció a su lado, escuchando su respiración para asegurarse de que seguía ahí.

Al día siguiente, Marcus estaba solo en su habitación.

Necesitaba estar solo, entre sus amigos, su madre, Jayne y la señora Parker estaban volviéndolo loco.

Sabía que todos estaban preocupados y agradecía que permanecieran a su lado, pero lo último que quería en ese momento era lidiar con más personas.

Solo quería estar con sus hijos y pensar que pronto Liviana despertaría.

Cerró los ojos y soltó un fuerte suspiro. La habitación se mantenía en completa oscuridad a pesar de ser plena mañana, había ordenado que cerraran las cortinas y no tenía ninguna intención de abrirlas. ¿Para qué quería la luz si la suya se estaba extinguiendo lentamente en otra habitación?

Al menos sus hijos estaban bien dentro de lo posible.

Eran muy pequeños y necesitaban cuidados constantes, pero la partera aseguraba que ambos parecían tener muchas ganas de vivir.

Marcus había comenzado a pasar varias horas con ellos desde esa conversación con la señora Parker, aunque todavía sentía un dolor en el pecho cada vez que los miraba y recordaba que Liviana debería estar a su lado cuidándolos.

—¡Marcus! ¡Marcus! —llamaron a la puerta y reconoció inmediatamente la voz de su madre—. ¡Marcus!

—¿Qué ocurre? —preguntó con aburrimiento.

—¡Liviana ha despertado!

Marcus abrió los ojos de golpe y durante unos segundos se quedó completamente inmóvil. Luego se levantó y corrió hasta la puerta para abrirla.

—¿Despertó? ¿No estás mintiendo, mamá?

—¡Claro que no estoy mintiendo! —respondió Lillian sonriendo—. El médico dice que todavía está muy débil y puede volver a dormir, pero despertó, Marcus. Lo peor parece haber pasado, ahora necesita descansar y recuperar sus...

Marcus no dejó que terminara de hablar y salió corriendo por el pasillo hasta la habitación donde descansaba Liviana. Cuando llegó, encontró allí al médico, la señora Parker y Jayne. Todos estaban felices y eso era suficiente para que su corazón comenzara a latir con fuerza.

—Vamos, dejémoslos solos —ordenó Lillian y todos comenzaron a salir de la habitación.

Marcus apenas les prestó atención. Tenía los ojos fijos en Liviana despierta, creyendo que estaba soñando de nuevo, pero ese era el mejor sueño que había tenido en días. Se quedó observándola unos segundos, casi esperando despertar nuevamente en cualquier momento, hasta que Liviana le sonrió.

Marcus se acercó y se sentó a un lado de la cama muy cerca de ella, tomó una de sus manos y la llevó hasta sus labios, sintiendo la suavidad y el calor de su piel antes de besarla con ternura.

Estaba débil, cansada, pálida y viva. ¡Por Dios, estaba viva!

—Hola... —saludó ella con la voz ronca.

—Hola, mi ángel —respondió Marcus con los ojos brillando de felicidad.

Deseaba decirle tantas cosas, reclamarle por haberlo asustado de esa manera, decirle cuánto la había extrañado y cuánto la amaba, pero en ese momento ninguna de las palabras salió de sus labios.

Con verla ahí era suficiente—. ¿Cómo te sientes?

—Muy cansada.

Marcus no pudo resistirse y se inclinó para besarla suavemente. La había extrañado horrores.

—Me asustaste demasiado.

—Lo siento...

—No te disculpes, mi ángel. Solo no vuelvas a hacerlo.

Liviana sonrió débilmente y comenzó a mirar alrededor de la habitación.

—¿Y nuestros bebés?

—Estaban dando mucha guerra —admitió levantándose—. Querían a su mamá.

Liviana sonrió debilmente.

—Quiero verlos. Solo los vi una vez.

—Ahora los traigo.

Marcus se levantó y salió de la habitación para ir a la de al lado, donde se encontraban sus hijos.

Al entrar, los encontró dormidos en sus pequeñas cunas.

Se acercó primero a la de su hija y sonrió al verla.

Durante los últimos días había aprendido a sostenerlos sin sentir que podían romperse entre sus manos, aunque todavía le sorprendía lo pequeños que eran.

Tomó a la niña con cuidado y regresó con ella a la habitación de Liviana.

—Aquí está nuestra pequeña —dijo acercándola a Liviana—. Es más tranquila que su hermano, pero también sabe dar guerra, sobre todo cuando tiene hambre.

Liviana sonrió en cuanto tuvo a su hija entre los brazos y acarició suavemente su rostro.

—Hola, mi amor. Mami está aquí y ya no irá a ninguna parte.

Marcus solamente esperaba que fuera así.

Regresó a la habitación de al lado y esta vez encontró a su hijo despierto. El pequeño se removió entre las mantas cuando Marcus se acercó.

—Ya sé, ya sé. Tú también quieres ver a mamá. —Lo tomó con cuidado y regresó con Liviana—. Y aquí está el que me ha dado más dolores de cabeza durante estos días.

—Pero qué hermoso varón he traído a este mundo —musitó Liviana mirándolo embobada—. Mira sus ojos, Marcus. Son iguales que los míos.

—Veo que alguien ya tiene un favorito...

Liviana levantó inmediatamente la mirada.

—Nunca. Voy a amar a mis hijos por igual.

—Estoy bromeando, ángel.

—Nunca olvidaré la primera vez que los vi y los tuve en mis brazos —continuó ella volviendo a mirar a los pequeños. Permaneció unos segundos en silencio acariciando a sus hijos, hasta que pareció recordar algo—. ¿Qué pasó con Emma?

—Está detenida y bajo vigilancia. Beaufort y Winchester se han encargado de todo durante estos días.

—¿Y qué harán con ella?

—No lo sé todavía y tampoco me importa demasiado —respondió Marcus—. Lo único que me importa es que ya no puede acercarse a ti ni a nuestros hijos.

Liviana asintió. Ya habría tiempo para hablar de Emma y de todo lo ocurrido, pero Marcus no pensaba permitir que esa mujer arruinara también ese momento.

—¡Marcus! —exclamó Liviana abriendo los ojos de par en par.

—¿Qué pasa? —preguntó él alarmado.

—¡Aún no les hemos puesto nombre a los niños!

Marcus la miró durante unos segundos antes de soltar una carcajada.

—¡Maldición, Liviana! No vuelvas a gritar así, pensé que te ocurría algo.

—Esto es importante.

—Claro que es importante —respondió todavía riendo—. ¿Cuál escoges tú?

Liviana miró primero a su hija y después a su hijo.

—Mary y Alexander Livingston.

Marcus dejó de reír y miró a Liviana sorprendido.

—¿Estás segura de ponerle el nombre de mi padre a nuestro hijo? —preguntó con un nudo en la garganta, era demasiado noble que lo hiciera, y más cuando aún no sabía que su propio padre había muerto.

—Sí. Es justo, el nombre de mi madre para nuestra pequeña y el nombre de tu padre para nuestro pequeño. A tu padre le habría encantado conocerlos.

—Lo sé —respondió Marcus sintiendo que sus ojos volvían a llenarse de lágrimas—. Le... habrían encantado.

—Entonces serán Mary y Alexander Livingston.

—Gracias, mi ángel.

Marcus se inclinó y la besó, pero su hijo comenzó a protestar entre los brazos de Liviana haciendo que ambos se separaran.

—Alguien quiere toda la atención de su mamá —se quejó él.

—¡Marcus! Son pequeños y necesitan toda nuestra atención y amor.

—Lo sé, pero tendrán que aprender a compartirte con su padre.

Liviana negó con la cabeza y sonrió. Marcus se quedó mirándola durante unos segundos. Seguía pálida y débil, sabía que todavía necesitaría bastante tiempo para recuperarse y que sus hijos también requerirían muchos cuidados por haber nacido antes de tiempo, pero los tres estaban vivos y junto a él.

Eso era todo lo que necesitaba.

—Te amo —dijo sin más con una amplia sonrisa, mientras acariciaba con delicadeza la mejilla de su esposa.

Liviana sonrió de vuelta.

—Yo también te amo.