Miserable Matrimonio Capítulo 49 #3
96%

Capítulo 49 #3

—Agnes...

—¡No está! —Marcus se giró hacia uno de los hombres—. Dijeron que el carruaje había venido hasta aquí.

—Las huellas conducían hacia esta zona, su gracia.

—¡Maldición!

Marcus golpeó la mesa con el puño. Habían llegado tarde y podían habérsela llevado nuevamente a cualquier otro lugar.

—Marcus, mira esto.

Winchester se encontraba agachado junto a la cama. Marcus se acercó y vio un trozo de madera en el suelo y unas pequeñas manchas de sangre.

—Aquí ocurrió algo —dijo Winchester.

Marcus sintió que se le helaba la sangre. Pero se negó a pensar que fuera de Liviana. Beaufort salió de la cabaña y comenzó a observar el terreno. Marcus lo siguió y lo vio detenerse a pocos pasos de la puerta. Marcus se acercó y Beaufort señaló algunas marcas sobre el suelo húmedo.

—Alguien salió caminando de la cabaña.

Marcus levantó la mirada hacia el bosque. Si Liviana había tenido una oportunidad de escapar, estaba seguro de que la habría aprovechado.

—Es ella. Liviana escapó.

—No podemos estar seguros.

No, pero era una posibilidad. Marcus regresó inmediatamente hacia su caballo.

—Nos dividiremos. Beaufort, ve hacia ese lado. Winchester, toma el otro sendero. Los demás, divídanse entre ustedes. Si encuentran cualquier cosa, disparen una vez al aire.

Marcus montó y se internó entre los árboles mientras buscaba desesperadamente cualquier señal de su esposa.

—¡Liviana!

No recibió respuesta, pero continuó avanzando despacio, mirando entre los árboles y los arbustos. Liviana estaba sola, seguramente asustada y agotada, y no podía dejar de pensar que quizá estuviera herida.

«Por favor, mi ángel. Aguanta un poco más».

—¡Liviana! ¡Ángel, soy yo!

Marcus detuvo el caballo y permaneció en silencio durante unos segundos, intentando escuchar algo.

—¡Liviana!

Marcus levantó la cabeza cuando escuchó una voz muy débil a lo lejos.

—¿Liviana?

Por un momento creyó que su desesperación le había hecho imaginarlo, hasta que volvió a escucharla.

—¡Marcus!

Era ella.

—¡Liviana!

Tiró de las riendas y avanzó rápidamente hacia donde había escuchado su voz.

—Marcus... Estoy... aquí...

—¡Ya voy, ángel!

Marcus siguió avanzando entre los árboles hasta que finalmente la vio. Ella estaba junto a un árbol, parcialmente escondida entre unos arbustos, con el vestido sucio y el cabello desordenado. Tenía una mano apoyada contra el tronco y la otra sobre su vientre.

Estaba viva. Marcus bajó del caballo y corrió hacia ella.

—¡Liviana! Mi amor...

—Marcus...

Liviana comenzó a llorar y Marcus la abrazó con cuidado, sintiendo que por fin podía respirar después de tantas horas.

—Mi ángel... —murmuró contra su cabello mientras la apretaba contra él y sus ojos se humedecían—. Mi amor.

—Sabía... que vendrías —dijo ella entre lágrimas, con la voz ronca y entrecortada.

Marcus cerró los ojos.

—Siempre voy a encontrarte —murmuró sin dejar de abrazarla.

Se apartó un poco para mirarla y comenzó a recorrer su rostro con las manos.

—¿Te hicieron daño? ¿Te golpearon? ¿Te duele algo?

—No. Solo estoy muy cansada, hambrienta y tengo mucha sed.

Marcus bajó inmediatamente la mirada hacia su vientre.

—¿Y nuestro hijo?

Liviana tomó una de sus manos y la colocó sobre su vientre.

—Está bien. Se ha estado moviendo. También tiene hambre.

Marcus dejó escapar el aire, aliviado. Se inclinó y la besó antes de abrazarla nuevamente. La tenía allí. Ella estaba viva y su hijo también.

—Marcus... —murmuró ella después de unos segundos.

—¿Qué ocurre?

Liviana levantó el rostro y lo miró con los ojos todavía llenos de lágrimas.

—Mi padre... ¿Está bien?

Marcus se quedó en silencio. No sabía cómo decirle que su padre había muerto. Jayne y la señora Parker se habían quedado en Willowmere House encargándose de todo mientras ellos la buscaban.

—Ya iremos a casa, ángel. Primero tienes que comer, beber algo y descansar. Después podrás verlo.

Liviana frunció el ceño.

—Marcus... te pregunté si está bien.

—Liviana...

—¿Está vivo?

Marcus abrió la boca para responder, pero el sonido de un caballo acercándose hizo que se girara rápidamente. Llevó una mano hacia su pistola hasta que reconoció a Beaufort entre los árboles.

—¡Agnes!

Marcus sintió alivio al verlo y, antes de que su amigo pudiera acercarse, abrazó a Liviana contra su pecho y le cubrió los oídos con las manos.

—¿Qué haces? —preguntó ella confundida.

Marcus miró a Beaufort y le hizo una señal. Su amigo sacó la pistola y disparó una vez al aire. Liviana se sobresaltó entre sus brazos.

—Tranquila, ángel —dijo Marcus abrazándola con más fuerza—. Solo es una señal para avisar a los demás que te encontramos.

Liviana asintió, aunque el sonido del disparo había hecho que la imagen de su padre cayendo al suelo regresara a su mente.

—¿Puede caminar? —preguntó Beaufort después de desmontar.

—Sí, solo estoy cansada.

—No tienes que hacerlo, te subiremos al caballo —señaló Marcus.

Entre ambos la ayudaron a subir al caballo y Marcus montó detrás de ella, rodeando su cuerpo con un brazo mientras sujetaba las riendas con el otro. Liviana recostó la cabeza contra su pecho y cerró los ojos durante el camino, sintiéndose por fin un poco más segura.

Cuando llegaron al lugar donde se encontraban los demás, Liviana se tensó al reconocer la pequeña cabaña.

—Marcus...

—No hay nadie dentro, ángel. Ya revisamos el lugar.

Marcus bajó y dejó a Liviana sobre el caballo. Solo daría algunas órdenes y la llevaría a casa. Winchester se acercó visiblemente aliviado al verla mientras los demás hombres comenzaban a reunirse después de escuchar el disparo.

—Gracias a Dios está bien —murmuró Winchester.

Marcus mantuvo a Liviana cerca mientras miraba hacia los hombres de la guardia.

—Emma Ashton estuvo aquí acompañada por varios hombres. Quiero que registren todo el bosque, los caminos y cualquier propiedad cercana. No pueden estar muy lejos.

Los hombres asintieron y comenzaron a dispersarse. Marcus solo quería sacar a Liviana de ese lugar y regresar cuanto antes a Willowmere House. Necesitaba que descansara, comiera algo y que un médico comprobara que tanto ella como el bebé estaban bien.

—Nos vamos a casa —dijo acercándose nuevamente a ella.

Liviana asintió y Marcus se dispuso a subir al caballo cuando escuchó un ruido entre los árboles. Se giró rápidamente y vio aparecer una figura con el rostro cubierto. Entrecerró los ojos y, cuando notó la pistola apuntando hacia ellos, ya era demasiado tarde.

El disparo resonó y todo ocurrió demasiado rápido. La bala alcanzó al caballo y el animal se encabritó violentamente con Liviana aún sobre su lomo.

—¡Marcus! —gritó Liviana asustada, perdiendo el equilibrio, y aunque él intentó sujetarla, no consiguió alcanzarla antes de que cayera al suelo de costado.

—¡Liviana!

Beaufort y Winchester corrieron detrás de Emma junto a los hombres de la guardia. A Marcus ni siquiera le importó. Corrió hacia Liviana y cayó de rodillas a su lado.

—Ángel, mírame. Liviana, mírame.

—Marcus... —musitó débilmente.

—Estoy aquí. No te muevas.

Liviana llevó inmediatamente una mano hacia su vientre.

—Mi bebé...

—¿Te duele? —preguntó asustado y con la respiración agitada.

Liviana intentó incorporarse, pero un dolor hizo que soltara un gemido y Marcus la sostuvo.

—No te muevas, ángel.

—Marcus... —volvió a gemir de dolor. Ella se quedó quieta de repente y bajó la mirada hacia su vestido.

—¿Qué ocurre? —preguntó Marcus desesperado.

—Yo... no sé...

Sintió algo húmedo entre sus piernas y abrió los ojos asustada.

—Marcus, creo... que he roto aguas.

—No... Todavía no —dijo negando con la cabeza, con el rostro pálido.

—Marcus...

Liviana apretó los ojos cuando otro dolor atravesó su vientre. Esta vez fue más fuerte y tuvo que aferrarse al brazo de Marcus hasta que comenzó a desaparecer.

—¡Necesitamos un médico! —gritó Marcus mirando a los hombres que todavía permanecían allí.

—Y a la partera —añadió Liviana con la respiración agitada.

Marcus volvió a mirarla con los ojos llenos de pánico mientras la sostenía en sus brazos.

—Te llevaremos a Willowmere House.

—No sé si podremos llegar...

Marcus negó inmediatamente con la cabeza.

—No vas a tener a nuestro hijo aquí.

Liviana lo miró casi con ganas de reír a pesar del dolor.

—No creo que... —soltó un grito bajo por el dolor que la atravesó y respiró profundamente varias veces—... que puedas decidirlo tú.

Marcus se sentía tan impotente que solo pasó una mano por su cabello para retirarlo de su rostro. Otro dolor hizo que Liviana apretara su mano y entonces miró hacia la cabaña. Era el único refugio que tenían cerca.

—¡Que alguien vaya por la partera! —ordenó Marcus—. ¡Y traigan también al médico! ¡Ahora!

Dos hombres corrieron hacia sus caballos. Marcus volvió a mirar a Liviana y siguió apartándole algunos cabellos del rostro.

—Todo estará bien, ángel.

Liviana respiró profundamente mientras acariciaba su vientre.

—Eso espero...

Marcus sintió nuevamente un miedo insoportable, pero no permitió que Liviana lo viera. La tomó con cuidado entre sus brazos y se levantó.

—¿Qué haces?

—Llevarte adentro.

Liviana miró hacia la cabaña y frunció el ceño.

—No quiero tener a mi hijo en el mismo lugar donde Emma pensaba matarme.

—Créeme, ángel, tampoco era así como imaginaba el nacimiento de nuestro hijo.

Liviana apoyó la cabeza contra su pecho mientras Marcus comenzaba a caminar hacia la cabaña.