Capítulo 49 #2
Después de unos minutos, Emma finalmente salió.
Al menos no la había golpeado. Liviana escuchó algunas voces en el exterior.
No consiguió entender lo que decían y permaneció sentada hasta que todo quedó nuevamente en silencio.
Poco después, uno de los hombres entró llevando un plato de sopa y una jarra con agua.
—Come.
Dejó ambas cosas sobre la mesa y salió. Liviana miró la comida.
Tenía tanta hambre que su estómago comenzaba a dolerle, pero no confiaba en nada que viniera de Emma.
Miró nuevamente alrededor hasta que sus ojos se detuvieron en unos trozos de madera junto a la chimenea.
Se levantó con cuidado, tomó uno y lo escondió entre los pliegues de su falda.
No podía enfrentarse a ese hombre. Era mucho más fuerte que ella y, en su estado, tampoco podía correr demasiado. Necesitaba conseguir que entrara y se alejara de la puerta.
—¡Señor! —gritó—. ¡Por favor!
Nadie respondió. Tomó aire y tragó saliva antes de gritar más fuerte.
—¡Señor!
La puerta se abrió de golpe y ella se sobresaltó.
—¿Qué quieres?
—¡Hay una rata! —exclamó Liviana señalando hacia la cama.
El hombre frunció el ceño.
—¿Qué?
—¡Una rata! Se metió debajo de la cama.
El hombre soltó una carcajada.
—¿Me ha llamado por una rata?
—¡Pues claro que sí! ¡Sáquela de aquí!
—Dios me libre de las damas —murmuró.
Liviana apretó con fuerza el trozo de madera mientras el hombre se acercaba a la cama. Por un momento temió que no fuera a creerle, pero finalmente se agachó para mirar debajo.
—Aquí no hay ninguna...
Liviana reunió todas las fuerzas que tenía y lo golpeó en la cabeza con el trozo de madera. El hombre soltó un gruñido e intentó levantarse, pero perdió el equilibrio y se golpeó contra el borde de la cama antes de caer al suelo.
Liviana dejó caer la madera y se llevó una mano a la boca.
—¡Por Dios! ¿Lo he matado?
Se acercó con cuidado y sintió un enorme alivio al comprobar que respiraba. Sin embargo, el hombre comenzó a moverse y Liviana abrió los ojos aterrada.
—Maldita... —gruñó el hombre.
Liviana no esperó a que se recuperara. Salió de la cabaña tan rápido como pudo y miró desesperadamente a su alrededor.
Todo lo que veía eran árboles. No sabía dónde estaba, qué tan lejos se encontraba de Willowmere House ni qué camino debía tomar.
Tampoco sabía dónde estaba Emma o cuántos hombres había vigilando ese lugar.
Escuchó un golpe dentro de la cabaña y supo que el hombre estaba intentando levantarse. Liviana sostuvo su vientre y comenzó a alejarse tan rápido como su cuerpo se lo permitía. No podía correr ni arriesgarse a caer, pero tampoco podía quedarse allí esperando a que la encontraran.
«Marcus, por favor, encuéntrame».
Pensó en ello mientras se adentraba entre los árboles.
Continuó avanzando tan rápido como podía, apartando algunas ramas con las manos y procurando mirar constantemente hacia el suelo para no tropezar.
No sabía hacia dónde iba, pero en ese momento lo único que le importaba era alejarse de esa cabaña.
Después de varios minutos comenzó a faltarle el aire y sintió una molestia en la espalda que la obligó a disminuir el paso.
—Vamos, mi amor... —murmuró acariciando su vientre—. Solo un poco más.
El bebé se movió y Liviana sonrió débilmente a pesar del miedo. Tenía que mantenerlo a salvo. Marcus la encontraría. Estaba segura de que en ese momento debía de tener a medio Windsor buscándola y, conociéndolo, no se detendría hasta encontrarla.
Un grito a lo lejos hizo que se detuviera.
—¡Maldita mujer!
Liviana abrió los ojos aterrada. Era su captor; había conseguido levantarse.
Escuchó otra voz que no logró entender y después varios gritos.
Ya sabían que había escapado y seguramente comenzarían a buscarla.
Liviana miró desesperadamente a su alrededor antes de continuar avanzando, pero apenas consiguió dar unos pasos cuando escuchó el sonido de ramas rompiéndose a lo lejos.
Venían detrás de ella.
Su primer impulso fue correr, pero se obligó a no hacerlo.
No podía arriesgarse a caer o hacerse daño.
Miró alrededor buscando dónde esconderse hasta que encontró un árbol grande rodeado de arbustos.
Se metió entre ellos con cuidado y se agachó todo lo que su vientre le permitió, apoyando la espalda contra el tronco.
Liviana llevó una mano a su boca cuando escuchó pasos acercándose.
Intentó controlar su respiración mientras con la otra protegía su vientre.
—¡Tiene que estar cerca! —escuchó gritar a uno de los hombres—. ¡En su estado no pudo llegar muy lejos!
Liviana cerró los ojos mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
Los pasos se acercaron todavía más y por un momento creyó que podían escuchar los latidos de su corazón.
Una figura apareció entre los árboles a pocos metros de donde se encontraba y Liviana reconoció al hombre al que había golpeado.
Tenía sangre en un lado de la cabeza y sostenía una pistola mientras miraba a su alrededor.
Liviana permaneció completamente inmóvil.
«Por favor, no me veas».
El hombre continuó caminando y desapareció entre los árboles. Liviana esperó, pero no se movió inmediatamente. Escuchó sus voces alejándose poco a poco hasta que el bosque volvió a quedar en silencio. Dejó escapar el aire que había estado conteniendo.
Las lágrimas comenzaron a correr de nuevo por sus mejillas mientras acariciaba su vientre. Estaba cansada, tenía sed y las piernas comenzaban a dolerle, pero no podía regresar a esa cabaña. Tampoco podía continuar caminando sin saber hacia dónde iba y terminar todavía más perdida.
—Marcus me encontrará —susurró intentando convencerse a sí misma—. Él vendrá por nosotros.
Permaneció escondida durante varios minutos antes de atreverse a salir.
Miró hacia ambos lados y, al no escuchar nada, comenzó a caminar nuevamente, esta vez mucho más despacio.
Intentó mantenerse cerca de lo que parecía un pequeño sendero entre los árboles.
Si ese camino llevaba hasta la cabaña, también debía conducir hacia algún otro lugar.
No sabía cuánto tiempo llevaba caminando cuando tuvo que detenerse nuevamente. Apoyó una mano contra un árbol mientras intentaba recuperar el aliento. Su cuerpo ya no podía continuar al mismo ritmo y sabía que tenía que descansar.
Encontró un lugar cubierto por arbustos, lo suficientemente apartado del sendero para no ser vista fácilmente, y se sentó con cuidado sobre el suelo.
Liviana apoyó la espalda contra el tronco de un árbol y cerró los ojos durante unos segundos.
Pero volvió a abrirlos inmediatamente. No quería quedarse dormida.
Acarició su vientre y sintió otro movimiento.
—Tu padre vendrá —murmuró con una débil sonrisa—. Ya verás. Seguramente está volviendo loco a todo el mundo buscándonos.
La idea consiguió tranquilizarla un poco.
No sabía si había pasado una hora o cuánto tiempo, pero ya estaba oscureciendo cuando escuchó algo a lo lejos. Levantó la cabeza de inmediato, asustada. Si eran los hombres, no podría seguir huyendo; ya no tenía fuerzas para caminar.
El sonido se intensificó y consiguió distinguir el ruido de varios caballos.
Su corazón comenzó a latir con fuerza, pero no se movió. No sabía quiénes eran. Se escondió un poco más entre los arbustos y permaneció en silencio mientras el sonido se acercaba.
Solo podía esperar y confiar en que fuera Marcus.
∞∞∞
Habían pasado varias horas desde que Liviana había desaparecido y Marcus no se había detenido ni un momento.
La guardia local se había unido a la búsqueda, al igual que los empleados de Willowmere House y varios hombres de las propiedades cercanas.
Otros recorrían los caminos que salían de Windsor preguntando por el carruaje, mientras un mensajero había partido hacia Londres con una carta para Harrington.
Marcus llevaba horas sobre su caballo, no había comido nada y tampoco pensaba hacerlo hasta encontrar a su esposa.
Cada minuto que pasaba aumentaba su desesperación, sobre todo porque no dejaba de pensar en el estado de Liviana.
Estaba encinta, no sabía dónde la tenían ni qué le habían hecho.
Solo esperaba que Emma no hubiera cumplido todavía con lo que fuera que tenía planeado.
—Agnes, tenemos algo —gritó Beaufort acercándose a caballo.
Marcus tiró de las riendas inmediatamente.
—¿Qué encontraron?
—Uno de los hombres habló con un campesino. Vio un carruaje esta mañana tomando un antiguo camino hacia el bosque. Le llamó la atención porque casi nadie utiliza ese camino.
—¿Hacia dónde?
—Al norte de aquí.
Los caballos avanzaron rápidamente por el camino, acompañados por Winchester y varios hombres.
Cuando llegaron al lugar indicado, tuvieron que disminuir la velocidad, pues el camino era estrecho y el terreno todavía estaba húmedo por las lluvias de los últimos días.
Uno de los hombres desmontó y se agachó para observar unas marcas sobre la tierra.
—Aquí, su gracia. Un carruaje pasó por este camino y no hace mucho.
Marcus sintió que el corazón comenzaba a latirle con más fuerza y recuperó la esperanza de poder encontrar a Liviana lo más pronto posible.
—Síganlas —ordenó.
Continuaron internándose en el bosque siguiendo las huellas hasta que los árboles hicieron imposible avanzar todos juntos.
Las marcas desaparecían en algunos lugares y volvían a aparecer en otros, pero Marcus no pensaba regresar hasta saber adónde conducían.
Después de varios minutos, Winchester señaló hacia delante.
—Allí.
Entre los árboles se distinguía una pequeña cabaña. Marcus bajó del caballo antes de que este terminara de detenerse y sacó su pistola. Beaufort y Winchester hicieron lo mismo mientras los demás hombres comenzaban a rodear el lugar.
Marcus abrió la puerta de golpe.
—¡Liviana!
Entró rápidamente y recorrió el lugar con la mirada. La cabaña estaba vacía. Solo había dos sillas, una mesa, una pequeña cama y un plato de sopa intacto.
—No está —gruñó.