Capítulo 48 #3
Liviana sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo. Marcus, Beaufort y Winchester habían salido al pueblo esa mañana y Willowmere House estaba prácticamente desprotegida. Solo estaban los sirvientes, su padre, su nana y ellas.
—¿Qué quieren? —preguntó Liviana intentando mantener la voz firme.
Uno de los hombres se acercó y Jayne volvió a interponerse en su camino.
—No se acerque a ella.
El hombre la golpeó con fuerza y Jayne cayó al suelo.
—¡Jayne! —gritó Liviana.
Intentó levantarse rápidamente para ayudarla, pero el tamaño de su vientre le impedía moverse con facilidad. Se puso de pie como pudo mientras protegía instintivamente su vientre con ambas manos.
—¡No la toque!
El hombre tomó a Jayne del brazo y la obligó a levantarse. Cuando ella intentó resistirse, recibió una bofetada que hizo que su rostro se volviera hacia un lado.
—¡Déjela! —gritó Liviana al ver inmediatamente la marca que comenzaba a aparecer en la mejilla de su amiga.
Intentó acercarse, pero el segundo hombre la sujetó con fuerza por un brazo.
—¡Suélteme!
—Camina, duquesita.
—¡No me toque!
Liviana intentó liberarse, pero enseguida dejó de resistirse al sentir la presión del hombre sobre su brazo. No podía arriesgarse a caer ni a recibir un golpe. Su hijo estaba primero y en ese momento no tenía forma de defenderse sin ponerse en peligro.
Los hombres las obligaron a salir del salón y las arrastraron por el pasillo en dirección al vestíbulo. Liviana tenía los ojos llenos de lágrimas mientras una de sus manos permanecía sobre su vientre. Su corazón latía con tanta fuerza que podía sentirlo en el pecho.
«Mi bebé».
No podía permitir que le hicieran daño. Tenía que mantenerse tranquila, aunque todo su cuerpo le pedía que gritara y luchara para escapar.
Al llegar al vestíbulo se detuvo horrorizada.
Los sirvientes estaban amontonados en un extremo de la estancia bajo la vigilancia de otros dos hombres armados.
Su nana estaba junto a ellos y su padre permanecía en su silla, con el rostro tenso y las manos aferradas a los brazos de esta.
Nadie se atrevía a moverse mientras las armas continuaran apuntándolos.
—¡Mi niña! —exclamó la señora Parker al verla.
—Nana...
Henry levantó la cabeza y su expresión cambió por completo cuando vio al hombre sujetando a Liviana.
—Suéltenla.
El hombre no hizo caso.
—He dicho que suelten a mi hija —repitió Henry con más fuerza. Liviana nunca había escuchado esa desesperación en la voz de su padre—. Pueden llevarse todo lo que quieran —continuó Henry—. Dinero, joyas, caballos... lo que sea. Pero no lastimen a nadie y suelten a mi hija.
Los hombres se miraron entre ellos y soltaron una carcajada. El hombre que sujetaba a Jayne simplemente la empujó con fuerza contra uno de los sillones y ella cayó sobre él, golpeándose contra uno de los brazos de madera.
—¡Jayne! —gritó Liviana.
Intentó acercarse a ella, pero el hombre que la sujetaba apretó con más fuerza su brazo.
—Ya tenemos lo que vinimos a buscar —dijo uno de los hombres. Liviana abrió los ojos con horror al darse cuenta de que era a ella a quien querían.
—¡Suéltenme! —gritó, intentando apartarse.
Los hombres comenzaron a arrastrarla hacia la puerta y Liviana se resistió, aunque sabía que no podía hacerlo. Protegió su vientre con una mano mientras intentaba soltarse con la otra.
—¡Liviana! —gritó Henry.
—¡Papá!
Henry impulsó su silla hacia ellos y consiguió sujetar el brazo de uno de los hombres. En medio del forcejeo perdió el equilibrio y cayó al suelo, arrastrándolo con él. El hombre se levantó furioso, sacó su pistola y apuntó hacia Henry.
—¡No! —gritó Liviana al mismo tiempo que el disparo resonó por todo el vestíbulo. El corazón de Liviana pareció detenerse y su visión se empañó al ver cómo se inmovilizaba en el suelo.
La señora Parker se arrodilló junto a él, con el rostro desencajado por el terror y lágrimas en los ojos.
—¡Papá! —Liviana dejó escapar otro grito desesperado y comenzó a luchar con todas sus fuerzas para liberarse—. ¡Papá! ¡No! ¡Suéltenme! —Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras intentaba regresar hacia él—. ¡Papá!
Pero no podía alcanzarlo. Dos hombres la sujetaron y comenzaron a arrastrarla fuera de la casa mientras ella continuaba mirando hacia atrás. Apenas podía distinguir a su nana y a Jayne corriendo hacia Henry antes de que dejara de verlo.
—¡Papá! —volvió a gritar entre lágrimas.
La obligaron a avanzar hacia un carruaje que esperaba frente a la casa. Liviana intentó resistirse una vez más, pero entre los dos hombres consiguieron subirla al interior.
—¡Déjenme salir! ¡Mi padre está herido!
Uno de ellos entró detrás de ella mientras el otro cerraba la portezuela. Liviana intentó apartarse, protegiendo su vientre con ambas manos, pero el hombre la sujetó.
Sintió que le cubrían el rostro con una tela.
—¡No...!
Intentó contener la respiración y apartar la cabeza mientras forcejeaba, pero el hombre era demasiado fuerte. El miedo se apoderó de ella cuando comenzó a sentirse aturdida.
«Mi bebé».
Fue lo último en lo que pudo pensar antes de perder el conocimiento.