Capítulo 48
Liviana se apartó lentamente de la puerta con lágrimas en los ojos.
Había escuchado parte de la conversación entre su padre y Marcus y jamás esperó que Henry se abriera de esa manera con su esposo.
Mucho menos que le contara sobre su madre y su matrimonio solo para hacerle entender que debía cuidarla porque temía que la historia volviera a repetirse.
Bajó la mirada y acarició suavemente su vientre.
No quería pensar en el parto de su madre ni en la posibilidad de que algo parecido pudiera ocurrirle a ella. La partera había dicho que estaba sana y que todo marchaba bien con su embarazo. Eso era lo que importaba.
Regresó hacia el comedor, donde había dejado a su nana y a Jayne discutiendo sobre el posible error que estaba cometiendo al darle otra oportunidad a Marcus. Sabía que ambas lo hacían por su bien. La habían visto sufrir durante demasiado tiempo por él y no querían que siguiera sufriendo.
Pero ella creía en Marcus. Tenía fe en él y en su matrimonio. Después de todo lo que habían hablado, estaba segura de que esta vez podrían ser felices. Marcus la amaba y ella también lo amaba. No quería pasar el resto de su vida huyendo de él por miedo a que volviera a romperle el corazón.
Se secó las lágrimas antes de entrar en el comedor.
Todavía pensaba en las palabras de su padre.
Él no había dicho que la quería. Pero la forma en que había hablado de ella con Marcus, el miedo que había percibido en su voz ante la posibilidad de perderla y su deseo de que fuera feliz le decían que, en el fondo, su padre sí debía quererla. Y eso la hacía feliz.
Liviana frunció el ceño al descubrir que su nana y Jayne ya no estaban en el comedor. Salió nuevamente al pasillo con intención de buscarlas en alguno de los salones cuando escuchó varias voces provenientes del vestíbulo, y ladeó la cabeza al reconocer la voz de Beaufort.
¿Qué hacía él allí?
Liviana caminó hacia el vestíbulo con pasos tranquilos para no esforzarse demasiado.
—No tienen nada que hacer aquí —escuchó decir a Jayne en un tono bastante arisco a medida que se acercaba.
—No vinimos a verla a usted —respondió Beaufort—. Estamos buscando a Agnes. Necesitamos darle un mensaje urgente.
Liviana frunció todavía más el ceño. Entró finalmente en el vestíbulo, sorprendiéndose aún más al ver que Beaufort no estaba solo. Winchester estaba junto a él.
Ambos hombres se volvieron al escuchar sus pasos y sus expresiones de sorpresa al notar su gran vientre no pasaron desapercibidas. Liviana tuvo que contener una sonrisa.
—Lady Agnes —saludó Beaufort, aún sorprendido.
—Su gracia —saludó Winchester.
—Beaufort. Winchester. ¡Qué sorpresa!
—Me alegra verla bien —añadió Beaufort, disimulando como era incapaz de apartar completamente la mirada de su vientre.
—Gracias.
—¿Cómo se encuentra? —preguntó Winchester.
—Perfectamente —respondió sobándose el vientre con suavidad sin dejar de sonreír.
Ninguno mencionó los seis meses durante los cuales había permanecido desaparecida y Liviana se lo agradeció. No pensaba dar explicaciones
—¿Qué los trae a Windsor? —preguntó sin dejar que el silencio se volviera incómodo.
Winchester miró brevemente a Beaufort antes de responder.
—Necesitamos hablar con Agnes —respondió con más seriedad. Lo que hizo que Liviana ladeara la cabeza.
—¿Ha ocurrido algo?
—Necesitamos comunicarle algo con urgencia —dijo Beaufort.
Liviana se mordió el labio inferior con preocupación pensando en su habría pasado algo en Londres para que ambos hubieran hecho ese viaje personalemnte.
—Marcus está reunido con mi padre. Imagino que no tardará demasiado. Mientras esperan, pueden pasar al salón principal y descansar un poco. Debieron de tener un viaje bastante largo.
—Gracias —respondió Winchester.
—¿Piensan regresar mañana a Londres o se quedarán algunos días?
—Regresaremos...
—Nos quedaremos —interrumpió Winchester antes de que Beaufort pudiera terminar.
Beaufort volvió la cabeza hacia él con el entrecejo arrugado.
—¿Nos quedaremos?
—Sí. —Winchester se acomodó los guantes—. Me gustaría recorrer el pueblo.
Liviana arqueó ligeramente una ceja a la vez que escuchaba un gruñido detrás de ella. Sabía que era Jayne y también sabía que la idea de tener a Winchester cerca no le hacía ninguna gracia. Liviana siguió la mirada del marqués hacia la figura de su amiga alejándose del vestíbulo.
La tensión en el ambiente era tan evidente que ninguno parecía querer decir nada. Liviana carraspeó un poco antes de girarse hacia la señora Parker.
—Nana, por favor, haz que preparen dos habitaciones. El duque de Beaufort y el marqués de Winchester se quedarán unos días con nosotros.
La señora Parker asintió e hizo una pequeña reverencia hacia los caballeros antes de marcharse.
Liviana volvió a mirar a sus inesperados invitados.
—Pueden esperar en el salón principal. Haré que les lleven algo de beber.
En ese mismo momento, Marcus apareció en el umbral de la puerta, con el ceño fruncido y una media sonrisa en los labios.
—¿Qué diablos hacen ustedes aquí? Sé que me quieren, pero no sabía que me necesitaran tanto como para viajar hasta Windsor —enunció Marcus con una sonrisa. Sus amigos se acercaron a él y se saludaron con un abrazo.
—Siento desilusionarte, Agnes, pero nuestra visita es más seria —comunicó Winchester.
La sonrisa de Marcus desapareció al notar la seriedad en los rostros de sus amigos. Beaufort miró a Liviana por un instante antes de volver hacia él.
—Deberíamos hablar afuera.
Marcus frunció el ceño y enseguida supo que algo no estaba bien. Asintió para acercarse a Liviana, pasó una mano por su cintura y le dio un suave beso en los labios.
—Ve a descansar un poco, ángel. Te alcanzaré enseguida en la habitación.
Liviana miró a los tres con los ojos entrecerrados.
—¿Pasa algo?
—Te contaré después —prometió Marcus, acariciándole la mejilla—. Sin secretos.
Ella se relajó al escucharlo y asintió.
—Bien. Los veré después, caballeros.
Liviana los vio salir de la casa antes de dirigirse hacia las escaleras.
Afuera, el viento soplaba con más fuerza y una fina llovizna caía sobre Willowmere House.
—Hablen —demandó con seriedad, llevándose las manos a los bolsillos de su abrigo.
—Es sobre la señorita Ashton.
Marcus se tensó de inmediato y toda la tranquilidad que había sentido durante las últimas horas desapareció.
—La han visto en Londres —comenzó Beaufort—. Hace algunos días una mujer que coincide perfectamente con su descripción fue vista rondando tu residencia. Y después volvió a aparecer cerca de Hamilton House.
Marcus apretó los puños.
—¿Y todavía no la han atrapado?
—No. Desapareció antes de que pudieran seguirla —explicó Winchester.
—Maldita sea. —Marcus se pasó una mano por el cabello húmedo—. Llevan seis meses buscando a una simple mujer y todavía no son capaces de capturarla.
—No sabemos quién la está ayudando ni dónde se ha estado ocultando —respondió Beaufort—. Pero si estuvo rondando tu residencia y después Hamilton House, creemos que...
—Está detrás de Liviana —terminó Marcus con un gruñido.
Sus amigos asintieron y Marcus miró inmediatamente hacia la casa. Solo pensar que Emma pudiera acercarse a Liviana hizo que una desagradable sensación recorriera su cuerpo.
—Nadie sabe que están en Windsor —aseguró Winchester—. Eso juega a nuestro favor. Para todos en Londres, tu esposa continúa desaparecida y nadie imaginaría que está aquí.
—No podemos confiarnos —respondió Marcus con seriedad.
—Por eso vinimos —dijo Beaufort—. Queríamos advertirte y asegurarnos de que no regresaras a Londres con tu esposa.
—Sí... pensaba hacerlo, pero el estado tan avanzado de su embarazo nos impide realizar el viaje. Y si esa loca está planeando algo, es mejor que Liviana permanezca aquí —dijo, aunque continuaba molesto.
Había pasado meses intentando encontrar a Liviana y, al mismo tiempo, los hombres de la Corona habían estado buscando a Emma sin conseguir atraparla.
A él no le había importado demasiado y por eso no había colaborado con la búsqueda.
Ahora se arrepentía. Debió salir a buscarla y entregarla él mismo para terminar con todo de una buena maldita vez.
—Al final, aquí es donde siempre se escondió tu esposa —comentó Beaufort, intentando aliviar un poco la tensión. Su mirada se dirigió brevemente hacia la casa antes de sonreír—. Imagino que Windsor no salió ileso.
La expresión de Marcus se relajó un poco y, sonriendo, negó con la cabeza.
—Por cierto, ¿dónde está? Normanby dijo que estaba aquí —preguntó Beaufort.
—Salió hace poco hacia España.
Marcus continuó contándoles lo ocurrido mientras regresaban al interior de la casa, pues la llovizna había comenzado a intensificarse. Apenas entraron, el ama de llaves se acercó para informarles de que las habitaciones de Beaufort y Winchester ya estaban preparadas.
—Gracias —respondió Beaufort.
—Instálense y descansen un poco. Nos veremos después —dijo Marcus.
—¿Robamos un poco del whisky de Windsor? —propuso Beaufort, abriendo los brazos con una sonrisa pícara en los labios.
—Le prometí a mi esposa que iría con ella.
Winchester sonrió con diversión mientras palmeaba el hombro de Beaufort.
—Ya no nos necesita. Regresa con su esposa y se olvida de sus amigos.
Marcus los ignoró y dejó que el ama de llaves los guiara hacia sus habitaciones mientras él se dirigía hacia la que ahora compartía con Liviana. Desde la noche anterior dormían juntos y no tenía intención de volver a alejarse de ella.
Entró en la habitación y cerró la puerta con cuidado.
Liviana estaba acostada de lado sobre la cama con los ojos cerrados; su vestido blanco cubría su cuerpo y el largo cabello oscuro estaba suelto y repartido sobre la almohada.
Se quedó mirándola durante unos segundos completamente embobado.
Su mujer era demasiado hermosa y, aunque no había creído que fuera posible, estar encinta le favorecía.
Le gustaban los cambios que el embarazo había provocado en su cuerpo y no podía evitar pensar que se veía todavía más hermosa llevando a su hijo.