Miserable Matrimonio Capítulo 46 #3
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Capítulo 46 #3

Marcus bajó la mirada durante un instante, sin poder defenderse.

—Lo sé. Cometí muchos errores, pero todo eso tiene una explicación.

Henry soltó una risa sin humor.

—Mi hija no quiere escuchar sus excusas. Puede retirarse.

Marcus apretó los puños.

—Necesito verla.

—Ella no quiere verlo. Entiéndalo. Déjela sanar, por favor.

Marcus sintió un dolor agudo en el pecho, como si le clavaran un puñal al escuchar esas palabras.

Sabía que su ángel estaba sufriendo, igual que él.

Pero, si hablaba con ella y le explicaba todo, tal vez dejarían de sufrir y podrían volver a ser felices como durante aquellas últimas semanas antes de que todo se derrumbara a su alrededor.

—Entonces que me lo diga ella.

Solo quería verla. Necesitaba verla, hacerla salir y poder hablar con ella, aunque tuviera que hacerlo frente a todos. No le importaba si con eso conseguía que ella lo escuchara.

Henry lo miró con dureza.

—Váyase, Agnes.

—No. Liviana también está encinta de mi hijo. Es mi derecho verla.

Henry abrió los ojos, sorprendido.

—¿Lo... sabe?

—Sí. —Su voz se quebró ligeramente y tuvo que carraspear—. Y llevo seis meses sin saber si ella está bien, si mi hijo está bien, si necesita algo... No voy a marcharme ahora que finalmente la encontré.

—No tiene ningún derecho a exigirle nada después de lo que hizo. Tiene una amante que también...

—Agnes.

Henry se detuvo ante la intervención de Windsor. Marcus giró la cabeza y lo vio acercándose por el pasillo.

Toda la molestia y el enojo que había intentado mantener bajo control comenzaron a hervir en su interior. Miró a Windsor con odio contenido. Él había sabido perfectamente cuánto tiempo llevaba buscándola y nunca se había dignado a decirle que la tenía escondida bajo su propio techo.

Marcus se abalanzó contra él y le dio un golpe en el rostro. Windsor retrocedió un paso por el impacto, pero enseguida Marcus lo agarró por el cuello de la camisa.

—¡Tú! —escupió en su rostro con rabia.

Windsor sujetó inmediatamente sus brazos.

—Suéltame.

—¡La escondiste aquí durante seis meses! ¡Maldito!

—Yo no escondí a nadie. Ella quería alejarse de ti —respondió Windsor con frialdad.

Marcus lo soltó de un empujón mientras se echaba el cabello hacia atrás con ira y desesperación. Su respiración era errática.

Windsor se acomodó la camisa sin apartar la mirada de él.

—Mi hermana me pidió ayuda y yo se la di. Y Liviana me pidió discreción. No la traicionaría diciéndote dónde estaba.

—¡Es mi esposa! —gritó Marcus fuera de sí—. No tenías derecho a esconderla de mí.

—¡Marcus!

Todo su cuerpo se quedó inmóvil y su corazón se disparó. Enseguida relajó los puños y se giró hacia Liviana.

Ahí estaba...

Las ganas de llorar de alivio al verla casi le cortaron la respiración.

La observó fijamente, recorriéndola con la mirada.

Tenía el rostro pálido y los ojos empañados por lágrimas contenidas, pero seguía siendo igual de hermosa.

Continuó mirándola hasta que sus ojos se detuvieron en su abultado vientre.

Dio un paso atrás, trastabillando por la sorpresa de encontrarlo tan grande.

Nunca se había preparado para ver a su mujer en ese estado, tan hermosa llevando a su hijo en el vientre.

—Ángel... —musitó con la voz temblorosa mientras daba un paso hacia ella.

Liviana no se movió. Tenía una mano sobre su vientre y los ojos empañados por las lágrimas.

¿Por qué verlo le daba tanta alegría cuando debería ser todo lo contrario?

Marcus estaba hecho un desastre. Casi no lo reconocía.

Tenía el cabello más largo y despeinado, barba de varios días y estaba más delgado que la última vez que lo había visto, cuando aún parecía lleno de vitalidad.

¿Acaso... él también había sufrido durante todos esos meses?

«No te hagas ilusiones».

Cuando quiso darse cuenta, tenía a Marcus frente a ella y a todos mirándolos con cautela.

—Ángel —volvió a murmurar. Ella levantó la cabeza para mirarlo e, inevitablemente, una lágrima resbaló por su mejilla.

Él la apartó con cuidado con la yema de los dedos, mientras otra lágrima descendía por su propio rostro—.

Te encontré —murmuró con voz ronca, casi como si estuviera a punto de derrumbarse.

—Marcus...

—No me apartes. Hablemos, por favor. Tengo muchas cosas que explicarte. Lo que oíste ese día... no era verdad. Todo tiene una explicación. Solo déjame hablar —rogó, acunando su mejilla.

Su contacto la hizo estremecer y estuvo a punto de cerrar los ojos, pero se obligó a mantenerse firme.

Asintió despacio. Dudaba que él aceptara una negativa, a pesar de estar implorándole que lo dejara explicarse. Y, además, necesitaba saber lo que tenía que decir, salir de esa duda que la había carcomido durante todos esos meses.

—¿Estás segura? —preguntó Henry.

Ella volvió a asentir sin mirar a nadie. ¿Todos estarían decepcionados con ella por darle a Marcus la oportunidad de acercarse una vez más? Aun así, necesitaban hablar. Era su esposo y, tarde o temprano, esa conversación tendría que suceder.