Miserable Matrimonio Capítulo 46
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Capítulo 46

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Algo bastante curioso ha llamado mi atención últimamente.

Parece que el duque de Windsor ha desarrollado un repentino afecto por el campo. Su gracia ha estado viajando con frecuencia a Windsor durante los últimos meses, algo bastante extraño para un caballero cuyo amor por la ciudad es bien conocido.

¿Qué puede resultar tan interesante como para hacerlo abandonar Londres cada dos semanas?

¿Acaso nuestro duque esconde algo —o a alguien— en aquel tranquilo pueblo?

Revista de sociedad de Lady Kennt.

Marcus tenía una copa de brandy en la mano mientras permanecía recostado en uno de los sillones del club Tentación. Frente a él, Beaufort y Normanby hablaban de alguna estupidez a la que apenas prestaba atención.

No tenía ánimos para conversar, pero sus amigos habían insistido tanto en sacarlo de su casa que finalmente había aceptado acompañarlos.

—¿Nos estás escuchando? —preguntó Beaufort.

Marcus bebió un poco de su copa.

—No.

Normanby soltó una carcajada.

Marcus simplemente negó con la cabeza. No sabía por qué había aceptado ir. Prefería estar en su casa, encerrado en su despacho o en la habitación de su hijo, antes que escuchar las tonterías de sus amigos.

—No te rías —dijo Beaufort, golpeando a Normanby en el brazo—. Tú tampoco estás en las mejores condiciones.

Normanby dejó de reír de inmediato.

—No es justo que te burles de mi ruina.

Beaufort volvió a reír.

—La próxima temporada busca una dama con una dote generosa. Así dejarás de ser un marqués en la ruina.

Marcus continuó escuchándolos, aunque en realidad no prestaba demasiada atención. En otra ocasión se habría unido a Beaufort para burlarse de Normanby y de su situación. El idiota había perdido casi todo su dinero en el juego y ahora estaba desesperado por recuperar su fortuna.

Normanby pareció pensarlo durante unos segundos antes de asentir.

—No es una mala idea. Una dama con una buena dote solucionaría muchos de mis problemas.

Beaufort dejó de reír y lo miró con mayor seriedad.

—¿Piensas perder tu preciada libertad?

Normanby soltó una carcajada.

—¡Claro que no! —Bebió un poco de su copa—. Mejor préstame veinte mil libras.

—No.

—Eres un pésimo amigo.

—Y tú eres un pésimo jugador.

Marcus negó con la cabeza y cerró los ojos, apoyándola contra el respaldo del sillón.

Nada conseguía distraerlo de su dolor y su tristeza. Ni siquiera sus amigos, quienes habían hecho todo lo posible por ayudarlo durante esos meses.

Incluso los mellizos William habían intentado encontrar a su hermana, pero Jayne tampoco había dado ninguna señal ni enviado una carta que pudiera revelar su ubicación. Al menos, eso era lo que Normanby le había dicho. A Windsor, en cambio, hacía mucho tiempo que no lo veía.

Marcus frunció el ceño y abrió los ojos.

—Normanby.

El marqués interrumpió su conversación con Beaufort y lo miró.

—¿Qué?

—¿Dónde está Windsor? Hace meses que no lo veo.

Normanby se encogió de hombros antes de beber otro sorbo de su copa.

—Últimamente nosotros tampoco lo vemos demasiado. Desde que comenzó a viajar constantemente a Windsor, apenas tiene tiempo para su familia.

Marcus se quedó inmóvil.

—A Logan no le gusta el campo —dijo Beaufort con el ceño fruncido, mirando a Marcus.

—No —respondió Normanby—. Por eso tampoco entiendo por qué viaja constantemente. Creo que tiene una amante escondida allí.

Normanby rio ante su propia ocurrencia, pero Beaufort no lo acompañó esta vez; solo miró a Marcus con seriedad y le sostuvo la mirada. Ninguno de los dos dijo nada, como si hubieran pensado lo mismo.

Segundos después, Marcus se levantó de golpe.

—¿Qué ocurre, Agnes? —preguntó Normanby con el ceño fruncido.

—Nada. Solo que ya me retiro.

—Aún es temprano —dijo Beaufort—. Quédate un poco más.

Marcus negó con la cabeza.

—Nos vemos después.

Se despidió de ellos y salió del club. Su carruaje lo esperaba en la calle y subió rápidamente.

No podía asegurar que Liviana estuviera en Windsor, pero, si pensaba con lógica y como el espía que todavía era, se trataba de una posibilidad que había pasado por alto.

Jayne era hermana de Windsor. Si ella le hubiera pedido a su hermano un lugar donde esconderse, él no se habría negado.

Mucho menos si Liviana estaba con ella. Y estaban también esos viajes constantes.

Todos sabían que Windsor prefería la ciudad al campo.

¿Desde cuándo tenía tanto interés en pasar su tiempo en el pueblo de Windsor?

Marcus sintió que el corazón comenzaba a latir con más fuerza. Podía estar equivocado. Pero después de seis meses buscando una pista, eso era lo más cercano a su esposa que había estado.

Cuando llegó a su residencia, llamó a Collins.

—Su gracia.

—Prepara mis baúles y envíalos a Windsor en cuanto estén listos —ordenó. Collins lo miró sorprendido—. Y quiero un caballo ensillado y preparado al amanecer.

—Por supuesto.

Marcus comenzó a subir las escaleras para ir a su habitación; debía descansar, porque en pocas haría largo viaje a caballo.

No sabía si Liviana estaba allí.

Pero iba a averiguarlo.

∞∞∞

La partera continuó recorriendo su vientre con las manos, presionando con cuidado en diferentes puntos. Liviana permanecía recostada sobre la cama, con la señora Parker sentada a su lado.

La mujer frunció ligeramente el ceño.

—Su vientre es bastante grande, su gracia.

—Se lo dije —intervino inmediatamente su nana. Liviana puso los ojos en blanco.

—¿Eso es malo?

—No necesariamente.

La partera volvió a palpar su vientre y permaneció pensativa durante unos segundos.

—Llevo veinte años atendiendo mujeres y he asistido en más de cincuenta partos. He visto vientres como el suyo antes.

Liviana tragó saliva, temiendo lo peor.

—¿Y...?

—En varios casos nacieron dos niños.

Liviana abrió mucho los ojos.

—¡¿Dos?!

La señora Parker también se quedó inmóvil.

—Es una posibilidad, su gracia —aclaró la partera con tranquilidad—. No puedo asegurarlo. También he visto vientres así y al final solo había un niño dentro. Varones enormes, algunos. —Sonrió ligeramente—. Uno de ellos creció tanto que ahora parece un gigante al lado de su pobre madre.

Liviana dejó escapar una pequeña risa, aunque volvió a mirar su vientre con cierta preocupación.

—Entonces puedo tener dos niños o uno gigantesco. Qué tranquilizador.

—No hay razón para alarmarse —continuó la partera—. Por ahora, usted se encuentra bien y el niño, o los niños, parecen moverse con fuerza. Eso es lo importante.

Liviana volvió a mirar su vientre con el corazón acelerado.

¿Dos?

Hasta ese momento había imaginado tantas veces a su hijo o hija que nunca se le había ocurrido pensar que pudiera tener dos de un solo parto. Volvió a tragar saliva al pensar en el momento del parto, en el dolor y luego en la responsabilidad.

—Durante estas últimas semanas tendrá que cuidarse todavía más —añadió la partera—. Descanse todo lo que pueda, coma bien y evite esfuerzos innecesarios.

—Eso intento —respondió Liviana.

—Y procure mantenerse tranquila. Nada de disgustos ni sobresaltos. Llegará al parto con más fuerzas si durante estas últimas semanas permite que su cuerpo descanse.

—¿Lo ves? —intervino la señora Parker—. Exactamente lo que llevo meses diciéndote.

Liviana giró los ojos hacia ella.

—Camino por el jardín y pinto, nana. No creo que pueda hacer menos que eso sin permanecer acostada todo el día —se quejó haciendo un pequeño mohín.

—Y no quiero que permanezca acostada todo el día —aclaró la partera—.

Un poco de movimiento le hará bien mientras se encuentre cómoda.

Solo debe escuchar a su cuerpo. Si se cansa, descanse.

Si siente dolor, no se esfuerce. —Volvió a mirar el vientre de Liviana—.

Sobre todo si realmente hay dos pequeños ahí dentro.

Necesitará todas sus fuerzas cuando decidan venir al mundo.

La sonrisa de Liviana desapareció un poco.

Dos.

Realmente esperaba que solo fuera uno muy grande.

Varios días después, Liviana se encontraba en uno de los salones principales de Willowmere House junto a Jayne y su nana. Las tres llevaban buena parte de la tarde preparando algunas cosas para el bebé.

Liviana bordaba una pequeña camisita blanca con detalles azules. Estaba convencida de que tendría un varón. No sabía por qué, quizá ya era su instinto de madre despertando, pero cada vez que imaginaba a su bebé, siempre veía a un niño.

Jayne y su nana, en cambio, estaban convencidas de que sería una niña y preparaban cosas para ella.

Al final, no le importaba si era niño o niña. Lo amaría de la misma manera.

Solo le entristecía pensar que Marcus no estaría allí con ellos. Probablemente preferiría estar con Emma y el hijo que ella también esperaba.

Sabía que en algún momento tendría que contarle sobre su embarazo, sobre todo si tenía un varón. Después de todo, sería el heredero de Marcus, el marqués de Starford y futuro duque de Agnes. No podía esconder para siempre la existencia del hijo de un duque.

Pero se lo diría después del parto. La partera le había recomendado descanso y tranquilidad durante esas últimas semanas, y avisarle a Marcus ahora conseguiría todo lo contrario.

—Mira —dijo su nana.

La señora Parker levantó la pequeña manta que acababa de terminar. Era de lana suave de color crema, con un borde rosa pálido y pequeñas flores bordadas en las esquinas. Liviana sonrió enternecida.

—Es preciosa, nana.

Después miró su propio trabajo. Había bordado pequeñas estrellas azules alrededor del cuello de una diminuta camisita blanca. También era bonito.

—Mañana iré al pueblo —comentó Jayne—. Las ropitas y mantas que encargué ya deben estar listas.

Liviana la miró de inmediato.

—Espero que no hayas encargado todo para una niña.

—Elegí colores neutros —respondió Jayne antes de que pudiera reclamarle. Liviana sonrió satisfecha.

—Entonces iré contigo.

—¡No! —exclamó su nana.

Liviana la miró sorprendida.

—Nana...

—Durante las próximas semanas no vas a salir de Willowmere House. En cualquier momento puedes romper aguas si ese niño decide nacer antes.

Liviana soltó un bufido divertido.

—Solo es el pueblo.

—No importa.