Miserable Matrimonio Capítulo 45 #2
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Capítulo 45 #2

Liviana sonrió. Le gustaba que su padre hablara de su madre. Le habría encantado que lo hubiera hecho desde que era una niña.

—¿Lo ves? —dijo la señora Parker, satisfecha—. Tu padre está de acuerdo conmigo.

—No dije que hubiera algo malo —aclaró Henry—. Solo que sería conveniente que la partera la examinara.

Liviana los miró a ambos y negó lentamente con la cabeza.

—Está bien. Dejaré que me revise.

En realidad, no le molestaba demasiado. Incluso le hacía feliz recibir tantas atenciones. Su nana se preocupaba constantemente por ella y por el bebé, y su padre, aunque todavía le costaba demostrarlo, también había comenzado a hacerlo.

No llenaba por completo el vacío que Marcus había dejado en su corazón, pero al menos conseguía hacerlo un poco menos doloroso.

∞∞∞

Habían sido los peores seis meses de su vida.

La pérdida de su padre le había dolido profundamente, pero la ausencia de Liviana y no saber si estaba bien, cómo avanzaba su embarazo o siquiera dónde se encontraba lo estaban matando lentamente por dentro.

Aun así, debía atender sus responsabilidades como duque, aunque todo lo hacía por inercia.

Se ocupaba de las propiedades, asistía al Parlamento cuando era necesario, respondía correspondencia y resolvía los asuntos que requerían su atención, pero nada conseguía mantener su mente ocupada durante demasiado tiempo.

No había dejado de buscarla. Incluso había pedido ayuda a sus antiguos compañeros, los hombres que mejor sabían rastrear los pasos de una persona, pero no habían hallado nada. Ni una pista que pudiera conducirlo hasta Liviana.

Ni siquiera habían conseguido encontrar a Emma, que ahora era considerada una fugitiva de la Corona.

Marcus mantenía la esperanza de que volvería a ver a su esposa, pero cada día que pasaba hacía crecer un temor que apenas podía soportar.

¿Y si transcurrían años antes de encontrarla?

¿Y si se perdía el nacimiento de su hijo?

¿Sus primeros años? ¿La oportunidad de estar junto a Liviana y compartir con ella la alegría que ambos habían deseado?

Y, a pesar de todo, no podía molestarse con ella.

Imaginaba lo dolida que todavía debía de estar. Probablemente creía que él era feliz con su ausencia o que había aprovechado su partida para estar finalmente con Emma.

Si tan solo pudiera encontrar una pista. Una sola que le indicara dónde buscar...

Marcus cerró los ojos y dejó la pluma a un lado. Ya no conseguía concentrarse. Se levantó de la silla, salió del despacho y subió al segundo piso. Recorrió el pasillo hasta detenerse frente a una de las habitaciones. Abrió la puerta, entró y volvió a cerrarla detrás de él.

Contempló la estancia y sintió que el corazón se le oprimía, aunque, al mismo tiempo, una sonrisa triste apareció en sus labios.

Había preparado esa habitación para su hijo.

Como no sabía si Liviana esperaba un varón o una niña, había intentado que la habitación pudiera recibir a cualquiera de los dos.

Después de todo, esperaba utilizarla muchas veces.

Quería más hijos con su esposa. Niños, niñas, todos los que ella estuviera dispuesta a darle.

Había colocado en las paredes un papel de tono crema, y las cortinas claras para que entrara la luz.

Cerca de una de las paredes había una cuna de madera pulida, protegida por delicadas cortinas de muselina.

Una cómoda en la que había colocado pequeñas mantas, pañales de lino y algunas ropitas que había comprado sin tener la menor idea de cuáles necesitaría realmente un recién nacido.

Había también una mecedora cerca de la chimenea, y sobre una pequeña repisa descansaban algunos juguetes.

Él mismo se había encargado de casi todos los cambios. Prácticamente se había exiliado de la sociedad y pasaba la mayor parte del tiempo en su casa. Cuando no estaba encerrado en su despacho, estaba en esa habitación, decorando o agregando algún juguete nuevo para su hijo o hija.

Pasó los dedos con suavidad por la madera de la cuna. Sus ojos se humedecieron, como ocurría cada vez que entraba en la habitación. Se sorbió la nariz y se acercó a la ventana. La abrió para permitir que el aire fresco del otoño entrara en la estancia y después salió al pequeño balcón.

Desde allí miró el jardín. Los colores vivos del verano habían desaparecido y ahora predominaban los tonos otoñales.

Muchas de las flores que había plantado para Liviana comenzaban inevitablemente a marchitarse con la llegada del frío.

Durante esos meses había seguido cuidando el jardín para ella.

Quería que, cuando regresara, lo encontrara todavía más bonito de lo que lo había dejado.

Cuando salió de la habitación, cerró la puerta y permaneció unos segundos frente a ella, con una mano apoyada sobre la madera.

—Su gracia.

Marcus giró la cabeza y vio a Collins al otro lado del pasillo. Tanto él como el resto de sus sirvientes conocían perfectamente el estado en el que se encontraba desde que Liviana lo dejó, y tampoco se molestaba en ocultarlo.

—Ha llegado esto de Green Hills.

Marcus tomó la carta que Collins le tendía y reconoció inmediatamente la caligrafía de su madre.

—Gracias, Collins.

El hombre hizo una reverencia antes de retirarse.

Marcus abrió la carta. Le había pedido a su madre que se marchara a Green Hills, tal como habían planeado. Sabía que ella necesitaba alejarse de Londres después de la muerte de su padre y tampoco quería hacerla sufrir mirando el desastre en el que se había convertido su matrimonio.

Aun así, cada semana recibía una carta suya.

Mi querido Marcus:

Estoy mejor. Green Hills me ha hecho bien y comienzo a sentirme más tranquila, aunque todavía hay días más difíciles que otros.

Creo que pronto estaré preparada para regresar a Londres.

Deseo verte y también quiero estar cerca de Aline ahora que hemos recibido la maravillosa noticia de su embarazo.

Creo que acompañarla durante estos meses también me hará bien.

Pero háblame de ti. ¿Cómo estás? ¿Has conseguido averiguar algo sobre Liviana? Cada semana espero que tu carta traiga alguna noticia de ella.

No pierdas las esperanzas, hijo. Conozco a Liviana y sé que tiene un buen corazón. A pesar de todo lo ocurrido, no creo que permita que su hija nazca sin su padre cerca. Dale tiempo. Está herida y seguramente necesita sanar antes de estar preparada para enfrentarte.

También espero que estés alimentándote bien. No quiero regresar a Londres y encontrarte delgado. Sé perfectamente cómo eres cuando algo te preocupa.

¿Conseguiste finalmente la audiencia con el rey para hablar de tu decisión de abandonar definitivamente tu trabajo como espía? Espero que sí. Después de todo lo sucedido, creo que ya has entregado suficiente de ti mismo a ese deber.

Respóndeme en cuanto recibas esta carta. Sabes perfectamente que me desespero cuando pasan demasiados días sin tener noticias tuyas.

Con todo mi amor,

Mamá.

Dobló la carta con una débil sonrisa en los labios. El consuelo de su madre conseguía hacerlo sentir un poco mejor. Agradecía que ella no le hubiera dado la espalda ni aprovechara cada oportunidad para reprocharle que todo lo que estaba ocurriendo era culpa suya.

Su madre estaba convencida de que Liviana traería al mundo una niña. Marcus no sabía por qué lo creía, pero ella lo aseguraba y eso conseguía hacerlo reír un poco.

Su hermana había descubierto recientemente que estaba encinta y agradecía que eso distrajera un poco la atención de su madre. Aunque nunca perdía la oportunidad de preguntarle cuándo se reuniría personalmente con el rey para solicitar que lo apartaran definitivamente de su labor como espía.

Todavía no habían aceptado su petición y había tenido que cumplir algunas pequeñas misiones, aunque ninguna peligrosa ni complicada como las anteriores.

Tal vez Harrington no quería más enfrentamientos con él y prefería mantenerlo al margen, encargándole únicamente esas misiones pequeñas e insignificantes.

Pero Marcus seguiría insistiendo hasta abandonar ese cargo. No continuaría con esa vida. Y una vez que encontrara a su familia, jamás volvería a poner una misión por encima de ella.