Miserable Matrimonio Capítulo 44 #3
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Capítulo 44 #3

—No, tienes que dejar de beber y empezar a pensar con claridad si realmente quieres recuperarla. A ella y a tu hijo.

Esas palabras dejaron a Marcus inmóvil. Luego miró a Beaufort con el ceño fruncido.

—¿Qué dijiste?

Beaufort negó con la cabeza.

—No puedo afirmarlo, pero, hace algunas semanas, después de la muerte de tu padre, vine a visitarte y no estabas. Tu esposa me recibió y, antes de irme, se desmayó. ¿No te lo dijo?

Marcus negó con la cabeza, aturdido.

¿Un hijo? ¿Liviana estaba encinta y se lo había ocultado?

—Yo me retiré en cuanto llegó el doctor Howard. No puedo afirmar que esté encinta, Agnes. Puede que haya sido otra cosa y simplemente olvidara decírtelo.

Marcus negó. Liviana le contaba todo lo que hacía durante el día mientras estaban separados y, convenientemente, había olvidado contarle que se había desmayado.

—Ya se publicaron las sentencias de los traidores —cambió de tema Beaufort.

—Los condenaron a muerte. A todos —completó Winchester.

Marcus asintió, encogiéndose de hombros.

—Se lo merecían.

—Pero siguen sin encontrar a la señorita Ashton —añadió Beaufort.

Emma había logrado huir. Marcus no entendía cómo, pero supuso que había sido en el momento en que había ido a la sala de retiro. Como había dicho, Emma era inteligente. No lo delató porque prefirió salvarse sola antes que arriesgarse a ser capturada junto con todos los demás.

Y pensar que estuvo a punto de convertirla en su esposa.

«Idiota».

—Esta noche es el baile de los condes de Ashcombe. ¿Asistirás? —preguntó Winchester. Marcus negó con la cabeza.

—No tengo ganas.

Ambos asintieron, respetando su decisión.

Después de que Beaufort y Winchester se retiraron, Marcus llamó a Collins.

—¿Sí, su gracia?

—¿El doctor Howard estuvo aquí hace algunas semanas?

—Sí —asintió Collins, bajando la mirada.

Marcus apretó la mandíbula. Debía descubrir si Liviana estaba encinta o no.

—Ordena que lo llamen. Necesito que venga lo más rápido posible.

—Enseguida, su gracia.

Collins se retiró y él volvió a quedarse solo. Ahora con la incertidumbre de saber si realmente su esposa estaba o no encinta.

Una hora después, el doctor Howard estaba frente a él con el ceño ligeramente fruncido.

—Su gracia, me dijeron que requería de mis servicios. ¿Se encuentra mal?

Marcus permaneció de pie detrás de su escritorio. No tenía paciencia para andarse con rodeos.

—¿Mi esposa está encinta?

El doctor Howard abrió ligeramente los ojos, sorprendido por una pregunta tan directa. Durante unos segundos permaneció en silencio antes de asentir.

—Sí, su gracia.

Marcus quedó inmóvil. Tuvo que apoyar una mano sobre su escritorio para no tambalearse. El alcohol con el estómago vacío hacía una muy mala combinación y, sumado a la inesperada noticia de que iba a ser padre, casi lo hizo caer al suelo.

—La primera vez que examiné a la duquesa tenía mis dudas. Había sufrido un desmayo y presentaba algunos síntomas compatibles con un embarazo, además de la ausencia de su sangrado mensual. Sin embargo, era demasiado pronto para afirmarlo con certeza y así se lo hice saber.

Marcus respiraba con dificultad. Tenía las emociones encontradas: feliz de saber que sería padre, desesperado y aterrado ante la idea de no poder encontrar a Liviana.

—Volví a examinarla días más tarde. Para entonces, los síntomas eran considerablemente más claros. No tuve razones para pensar que se tratara de otra cosa. Su esposa está encinta, su gracia.

Marcus ya ni siquiera lo escuchaba. Solo podía pensar en que Liviana estaba encinta. Su ángel llevaba un hijo suyo en el vientre. Una sonrisa temblorosa apareció en sus labios.

Iba a ser padre. Liviana le daría un hijo. Un hijo fruto de su amor.

La felicidad apenas le duró unos segundos. Marcus cerró los ojos y apretó los puños. Ahora comprendía por qué había ocultado su desmayo. Su padre había muerto recientemente y probablemente había querido esperar a confirmarlo antes de contárselo. Pero Emma apareció y lo arruinó todo.

Maldición.

Marcus golpeó la madera de su escritorio, haciendo sobresaltar al doctor.

Liviana había escuchado a Emma afirmar que esperaba un hijo suyo mientras ella misma llevaba a su verdadero hijo en el vientre. Y él tuvo que callarse para no arruinar la maldita misión, que no le había dado ningún beneficio; todo lo contrario, solo le había traído desgracias.

—¿Su gracia? —preguntó el doctor con cautela.

Marcus levantó la mirada, soltando un suspiro cansado.

—Gracias, doctor. Eso es todo. Puede retirarse.

El hombre hizo una breve reverencia antes de abandonar el despacho. Marcus permaneció inmóvil durante unos instantes. Después miró hacia la puerta cerrada.

No sabía dónde estaba Liviana. Tampoco cuánto lo estaría odiando en ese momento ni cuánto tardaría en encontrarla.

Pero no dejaría de buscarla. Liviana podía esconderse en cualquier rincón de Inglaterra si eso era lo que necesitaba en ese momento.

Él recorrería todo el país hasta encontrarla.

Y, cuando lo hiciera, no le exigiría que lo perdonara; se lo ganaría.

Aunque eso le llevara el resto de su vida.