Miserable Matrimonio Capítulo 41 #3
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Capítulo 41 #3

Liviana asintió y lo observó alejarse. Pero en cuanto la puerta se cerró tras él, su sonrisa desapareció lentamente.

Marcus le estaba ocultando algo. No sabía qué era, pero estaba segura de eso.

∞∞∞

Un par de días después, Liviana continuaba sufriendo ligeros mareos.

Trataba de ocultarlos las pocas veces que aparecían cuando Marcus estaba cerca, pero sabía que no podría hacerlo durante mucho tiempo.

Además, estaba el hecho de que, en unos meses, su embarazo comenzaría a notarse y entonces sería imposible esconderlo.

Pero no pretendía ocultarlo durante tanto tiempo. Solo necesitaba esperar un poco más. Darle a Marcus más tiempo para asimilar la muerte de su padre antes de contarle que el hijo que tanto deseaba ya venía en camino. Tal vez lo haría cuando estuvieran en Green Hills.

Al llegar a la residencia de los Debinham, fue inevitable no admirar la ostentación de la casa y su decoración. Todos hablaban de los Debinham.

El señor Debinham era uno de los burgueses más ricos de Londres y podía decirse que poseía incluso más influencia que muchos nobles. Lástima que toda esa influencia no pareciera ayudar demasiado a su hija.

—Estoy seguro de que, si la señorita Debinham cambiara su estilo, encontraría muchos más pretendientes —escuchó decir a uno de los hombres situados detrás de ellos.

—Entonces, ¿por qué no se casa con ella? Adquiere su generosa dote y luego le hace una transformación —respondió otro hombre del mismo círculo con burla.

—A la señorita Debinham no la cambiarían ni aunque la vistieran como una reina. Además, no me gustan las pelirrojas y mucho menos las mujeres gordas.

Liviana frunció el ceño.

—Caballeros —intervino Marcus.

Los tres hombres se volvieron inmediatamente.

—¡Su gracia! —exclamaron atropelladamente antes de reparar en Liviana; rápidamente hicieron una reverencia, dándose cuenta de que habían hablado más de la cuenta delante de los duques de Agnes.

—Una agradable velada, ¿no les parece? —comentó Marcus.

—Sí, su gracia. Estupenda.

—Aunque imagino que dejaría de ser tan agradable para ustedes si el señor Debinham los escuchara hablar de ese modo sobre su hija. —Marcus les dedicó una mirada severa—. Ahora, si me disculpan, iré a bailar con mi esposa.

Sin añadir nada más, Marcus se alejó de ellos junto a Liviana hasta llegar al centro del salón, donde varias parejas disfrutaban del baile y de la maravillosa música.

—Fue muy noble lo que hiciste —comentó Liviana.

—Ellos son unos idiotas —respondió Marcus.

Liviana no pudo evitar sonreír.

Un rato después, comenzó a sentirse algo mareada. Hacía un poco de calor dentro del salón y eso, además de los olores, parecía intensificar tanto los mareos como las náuseas.

Respiró profundamente e intentó ignorar el malestar.

Marcus se encontraba conversando con un hombre al que Liviana recordaba haber visto en alguno de los eventos a los que ya habían asistido.

—Voy a buscar algo de beber —le susurró.

Marcus interrumpió la conversación para mirarla.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, solo tengo un poco de calor.

Él iba a despedirse del hombre con la intención de acompañarla, pero Liviana negó con la cabeza y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—No tardaré.

Marcus vaciló antes de asentir.

Liviana se apartó de él y avanzó hacia una de las mesas donde habían dispuesto bebidas y pequeños bocados para los invitados. Tomó una bebida refrescante y le dio un sorbo antes de observar el salón.

En ese momento extrañó a Jayne. Ella no había sido invitada.

El banquete no era uno de los grandes bailes de la temporada a los que acudía prácticamente toda la sociedad, sino una reunión mucho más selecta, con una lista de invitados compuesta principalmente por nobles de buena posición y algunas de las familias burguesas más acaudaladas de Londres.

Liviana estaba a punto de beber otro sorbo cuando dos damas se acercaron a ella.

—Su gracia.

Ambas hicieron una reverencia.

Liviana las reconoció. Una era lady Seraphina Fontaine, condesa de Ashcombe, una mujer de unos veintisiete años, mientras que la otra, lady Delilah Paget, vizcondesa de Fairford, aparentaba unos veinticinco.

Las había visto en numerosas ocasiones durante la temporada, aunque ninguna de las dos se había molestado jamás en dirigirle más que un simple asentimiento de cabeza.

—Debo decirle que está realmente hermosa esta noche, su gracia —comentó lady Seraphina con una sonrisa excesivamente amable—. Ese vestido es exquisito.

—Absolutamente —secundó lady Delilah—. Lady Kennt tiene toda la razón cuando elogia su buen gusto para la moda.

Liviana bajó la mirada hacia su vestido. Era de un delicado tono rosa, de talle alto y falda vaporosa, adornado con suaves caídas de tela y pequeños detalles florales.

Luego volvió a observarlas, con el entrecejo ligeramente fruncido.

—Gracias.

No sabía qué más responder. Hasta hacía apenas unas semanas, esas mismas mujeres apenas reparaban en ella.

Algunas damas siempre la habían observado con desdén.

Además, los rumores sobre su posible divorcio habían conseguido que muchas mantuvieran las distancias.

Ahora que era duquesa, esas dos mujeres le sonreían como si desearan convertirse en sus mejores amigas.

—Esperamos que esté disfrutando de la velada, su gracia —continuó Delilah.

Liviana llevó la copa hasta sus labios para ocultar la pequeña sonrisa irónica que amenazaba con aparecer.

—Sí —respondió con suavidad, elevando el mentón—. Y precisamente estaba pensando en organizar una pequeña reunión dentro de unos días —añadió, haciendo girar suavemente la copa entre sus dedos—. Quizá un té por la tarde. Algo íntimo.

—¡Oh, su gracia, sería maravilloso! —exclamó con entusiasmo lady Seraphina, con los ojos iluminados.

—Una idea encantadora —añadió lady Delilah—. Estoy segura de que cualquier dama estaría encantada de asistir.

Liviana ahora sí sonrió con ironía.

—Eso espero. He pensado en invitar a algunas damas.

Lady Delilah intercambió rápidamente una mirada con la condesa.

—¿Podemos esperar encontrarnos entre las afortunadas, su gracia?

Liviana llevó otra vez, lentamente, la copa hasta sus labios y bebió un pequeño sorbo, fingiendo considerar la pregunta.

—Será una reunión reservada principalmente para mi círculo íntimo de amistades —respondió finalmente—. Tal vez pueda considerarlas y hacerles llegar una invitación.

La sonrisa de lady Seraphina vaciló un poco y Liviana tuvo que contener la suya, pero no pudo evitar sentir cierta satisfacción. Antes de que cualquiera de las dos pudiera responder, les sonrió una vez más.

—Disfruten de la velada —dijo, y se alejó tranquilamente.

Con eso, les había dejado claro que no necesitaba su amistad. Ahora era duquesa, y ese título le daba ciertas libertades y una posición por encima de muchas otras damas. Y pensaba aprovecharlas al máximo.