Capítulo 38 #4
Su respiración, en vez de calmarse, solo se volvía más errática, como si estuviera sufriendo un pequeño ataque de ansiedad. Su pecho subía y bajaba con rapidez mientras intentaba respirar.
—Milady.
Liviana se quedó inmóvil cuando escuchó la voz varonil detrás de ella. Su respiración se detuvo un segundo antes de volver a tomar aire, más pausadamente. Luego se giró.
—Lord Windsor —saludó aún con la voz temblorosa.
—¿Se encuentra bien? —preguntó él, dando un paso adelante.
Ella asintió lentamente, tomando otra bocanada de aire.
—La vi salir casi corriendo del salón. ¿Está segura de que no ha pasado nada? Puedo ayudarla —insistió él con voz suave y delicada, como si no quisiera asustarla.
Liviana le sonrió, sintiéndose extrañamente mejor. El duque era muy amable al preocuparse por ella.
—Sí, estoy bien. Gracias por su preocupación, su gracia —agradeció—. Solo quería tomar un poco de aire fresco.
—Sí, tantas personas reunidas pueden hacer que a uno le falte el aire —dijo divertido, y ella asintió sin poder esconder la sonrisa.
—Es verdad, y... aún no estoy acostumbrada a participar en estos eventos.
—Lo sé, y creo que fue un gran error de Stafford dejarla sola durante tanto tiempo en el campo —comentó de repente, mirándola con más intensidad.
Liviana levantó las cejas y entreabrió los labios. Luego asintió lentamente, volviendo a sentir aquella sensación extraña que había percibido el día que él visitó la residencia.
—Yo... volveré.
—Espere —la detuvo él con suavidad, tomando su muñeca enguantada.
Liviana miró sus manos y el corazón le retumbó con incertidumbre. Miró a todos lados y enseguida se soltó.
—, por favor. Si nos encuentran solos y en esta situación, podrían malinterpretarlo todo. Soy una mujer casada.
—Su gracia¿Pero por cuánto tiempo? —preguntó el duque ahora con un tono más desesperado que la hizo fruncir el ceño.
Windsor tomó aire y recompuso su postura.
—Milady —comenzó él—. ¿Cree usted en el amor a primera vista?
Liviana abrió los ojos, sorprendida e incrédula ante la pregunta del duque.
—¿Disculpe?
Windsor esbozó una sonrisa ante su desconcierto.
—Sé que ha sido una pregunta bastante repentina.
—Lo... fue —admitió Liviana.
Él bajó la mirada durante un instante antes de dar otro paso adelante.
—Se lo pregunto porque yo nunca creí en él. Hasta que la conocí.
—Lord Windsor...
—Permítame terminar, por favor. Después podrá decirme que soy un insensato y regresar al salón si así lo desea.
Debía marcharse, pero la sorpresa no la dejaba reaccionar.
—La conocí hace dos años —continuó Windsor—. Apenas hablamos aquella noche y, aun así, no conseguí olvidarla. Después se marchó de Londres y pensé que el tiempo acabaría con esta fascinación. Pero no lo hizo.
—Su gracia, soy la esposa de uno de sus amigos.
—Lo sé.
—Entonces no debería estar diciéndome esto.
—No... —musitó él antes de mirarla una vez más a los ojos—. También sé lo que se rumorea sobre su matrimonio.
Ella se puso rígida.
—Eso no...
—No preguntaré si es cierto —se apresuró a aclarar, interrumpiéndola—. Pero, si llega el día en que deje de ser la esposa de Stafford... quiero pedirle permiso para cortejarla.
Liviana lo miró fijamente. De todas las cosas que había esperado escuchar esa noche, esa ciertamente no era una de ellas.
—¿Cortejarme?
—Con intenciones absolutamente honorables —aclaró él—. No le estoy proponiendo que sea mi amante ni pidiéndole que traicione a su esposo. Le estoy diciendo que, si llega el momento en que sea libre para elegir nuevamente, quisiera tener la oportunidad de demostrarle que mis sentimientos son serios.
Liviana parpadeó varias veces.
—Usted apenas me conoce.
—Pero podemos conocernos. Y, si después de conocerme decide que no siente nada por mí, aceptaré su decisión. Pero, si los rumores son ciertos y su matrimonio termina, no significa que su vida también tenga que terminar. Ni que deba abandonar Londres avergonzada por lo sucedido.
Liviana entreabrió los labios sin saber qué decir. ¿El duque de Windsor, un hombre guapo, respetado y de buena posición, estaba interesado en ella?
Esas palabras la conmovieron más de lo que habría deseado.
—Sería duquesa —continuó Windsor—. Nadie tendría derecho a hacerla sentir avergonzada por haber sido abandonada.
Liviana bajó la mirada y jugó con sus dedos enguantados con nerviosismo. Habría deseado recibir esa propuesta antes de aceptar la de Lillian para atrapar a su hijo. Seguramente se habría evitado mucho sufrimiento, pero... Windsor no era el hombre que su corazón había elegido.
Finalmente, levantó los ojos para mirarlo. Era guapo; cualquier dama del salón daría lo que fuera por recibir la propuesta que él acababa de hacerle.
—Me halaga, su gracia. Mucho más de lo que imagina —respondió con sinceridad—. Pero Marcus sigue siendo mi esposo y he decidido darle una oportunidad a nuestro matrimonio.
La decepción apareció en el rostro masculino antes de que pudiera ocultarla.
—Comprendo —musitó, asintiendo.
—Y mientras siga siendo su esposa, no sería correcto que usted me cortejara ni que mantuviéramos conversaciones como esta a solas.
Windsor asintió lentamente.
—Tiene razón. Le ruego que me disculpe si la he puesto en una situación incómoda.
Liviana relajó ligeramente los hombros.
—Acepto sus disculpas.
Él dio un paso atrás, respetando ahora la distancia entre ambos.
—Entonces no volveré a mencionarlo mientras continúe casada.
Liviana le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
—Aunque sigo pensando que Stafford fue un completo idiota al dejarla sola durante tanto tiempo.
Liviana bajó la mirada, incapaz de negarlo o defender a su esposo.
—Al menos... —dijo él sin dejar de mirarla. Ella levantó los ojos hacia él—. ¿Puede concederme un baile? No hay ninguna regla que me impida solicitarle un baile esta noche, milady.
Liviana iba a negarse, pero terminó asintiendo. Él tenía razón, un baile no levantaría rumores.
—Acepto, pero debe entender que solo será un baile, su gracia.
—Lo sé, y acepto que llegué tarde. Tal vez, si hubiera regresado antes de Francia, todo habría sido muy distinto para ambos.
Liviana solo asintió. Pero ya no había vuelta atrás; ese era el destino que les había tocado. Estaba segura de que, para Windsor, había una buena mujer esperándolo, que sabría darle el amor que él merecía.