Miserable Matrimonio Capítulo 35
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Capítulo 35

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He escuchado por ahí, queridos lectores, que el verdadero motivo por el cual Lady Liviana Livingston regresó a Londres podría ser mucho más escandaloso de lo que imaginábamos. Se rumorea que el marqués de Stafford pretende divorciarse de su esposa después de casi dos años de matrimonio.

Ahora comienzo a comprender por qué nuestro querido marqués se ha dejado ver en compañía de la señorita Emma Ashton durante los últimos días. ¿Será que pretende convertir a su amante en la próxima marquesa de Stafford una vez consiga librarse de la actual?

Pero Lord Stafford deberá jugar muy bien sus cartas. Un caballero puede desear deshacerse de su esposa, pero hasta el marqués descubrirá que obtener un divorcio ante el Parlamento no resulta tan sencillo, especialmente si su propia conducta deja demasiado que comentar.

¿Estaremos presenciando el final del matrimonio de los Stafford?

Esta temporada será mucho más interesante de lo que esperaba.

Revista de sociedad de Lady Kennt.

Marcus miró por tercera vez su reloj de bolsillo y soltó un suspiro de impaciencia. Aún era temprano, pero quería resolver todo el asunto lo más pronto posible.

Estaba sentado en uno de los salones privados del club de caballeros donde acostumbraba reunirse con Harrington y el detective Vance cuando necesitaban conversar con discreción. Frente a él había una copa de brandy que apenas había tocado. Ni siquiera conseguía beber.

Desde que Liviana había pronunciado la palabra divorcio, tanto su cuerpo como su mente habían entrado en un estado de alerta constante, y la sensación de opresión en el pecho no desaparecía.

No lo había esperado. Y era porque se había confiado demasiado, dando por sentado que Liviana lo amaría sin importar cuánto la rechazara o cuántas veces la lastimara. Había sido arrogante al creer que ella siempre lo esperaría.

Beaufort se lo había advertido. Su madre y su padre también. Todas las personas que lo querían le habían advertido que su comportamiento, tarde o temprano, tendría consecuencias.

Y ahí estaba, a punto de perderla.

Marcus apretó la mandíbula y luego dio un largo sorbo a su brandy.

Pero estaba seguro de que Liviana todavía lo amaba.

Podía sentirlo y, por egoísta que sonara, eso le daba esperanzas.

Solo necesitaba una oportunidad para tratarla como debió hacerlo desde el principio, para conocerla, respetarla y demostrarle que la quería a su lado.

Quería que continuara siendo su esposa. Quería compartir su vida con ella y, algún día, verla con sus hijos en brazos.

Pero ¿cómo demonios iba a convencerla de que sus sentimientos eran reales mientras continuaba apareciendo en público con Emma?

Era evidente que Liviana no le creería; de hecho, nadie lo haría porque nadie sabía la verdad.

Y cuanto más avanzara la misión, mayor sería la distancia que ella impondría entre ambos. Tal vez incluso podría marcharse.

Marcus se tensó.

Liviana ya había abandonado Londres una vez para refugiarse en Green Hills. ¿Qué impediría que esta vez fuera más lejos? Había mencionado dejar Inglaterra. Podía marcharse al continente, desaparecer durante meses y negarse a decirle dónde estaba.

El simple pensamiento le erizó el vello de los brazos. No quería perderla.

El corazón comenzó a latirle con fuerza y cerró los ojos, sintiendo el terror apoderarse de su cuerpo ante el pensamiento de perder a Liviana para siempre.

La amaba. ¿Qué más podía explicar lo que sentía en ese momento? No era únicamente deseo y tampoco culpa, como había insinuado su padre. Estaba completamente seguro de que estaba enamorado de su esposa, y lo peor era que había tardado casi dos años en darse cuenta.

La puerta se abrió.

Marcus levantó la cabeza cuando lord Harrington se sentó frente a él.

—Stafford.

—Harrington —murmuró sin ánimos.

—Imagino que tiene más información —dijo Harrington con una sonrisa—. Siempre supe que sería el mejor en esto. Ha recaudado más información en menos tiempo que el resto.

Marcus frunció el ceño y apretó la mandíbula.

—Quiero dimitir —espetó con seriedad.

La sonrisa de Harrington se desvaneció y, durante más de un minuto, permaneció inmóvil.

—¿Perdón? —dijo al fin, inclinándose un poco hacia delante.

—Quiero abandonar mi servicio y retirarme de la misión.

—No —sentenció con dureza, mirándolo fijamente.

Marcus no reaccionó. Ya había imaginado que Harrington se negaría.

—Ni siquiera lo ha considerado —dijo con más calma, sirviéndose un poco más de brandy.

—Porque no hay nada que considerar, Stafford —respondió Harrington con la misma seriedad—. Cuando aceptó servir, dio su palabra. Juró discreción y obediencia en los asuntos que se le encomendaran. No puede abandonar una operación como esta simplemente porque ha cambiado de parecer.

—Esta misión está destruyendo mi matrimonio —gruñó Marcus, apretando los puños.

Harrington lo observó unos segundos antes de recostarse en el sillón.

—Ah. Eso.

Marcus sintió que aumentaba su irritación ante esa respuesta.

—Mi esposa quiere el divorcio porque cree que la engaño con Emma.

«Además de otros motivos».

Completó mentalmente, pero esos asuntos a Harrington no le interesaban.

El hombre soltó una breve risa. No le sorprendió su reacción; Harrington era un hombre carente de empatía.

—No comprendo el problema, Stafford —respondió Harrington con tranquilidad—. Su esposa puede querer muchas cosas, pero eso no significa que pueda obtenerlas. Usted es su esposo y quien manda sobre ella. Puede controlarla, pero veo que es ella quien lo controla a usted.

Marcus entrecerró los ojos y desvió la mirada, molesto. Luego volvió a posar sus ojos azules en el hombre.

—¿Ha amado alguna vez, Harrington? —preguntó con un nudo en la garganta.

Harrington arqueó una ceja y sonrió a la vez que negaba con la cabeza.

—Mi posición no me permite entregarme a esos sentimientos, Stafford. Y tampoco he deseado sentirlos. Tengo esposa e hijos y, hasta el momento, mi vida ha sido perfecta sin necesidad del amor.

Los ojos de Marcus se endurecieron. Esa respuesta era suficiente para comprender que Harrington no lo ayudaría. Pero le molestaba el hecho de no tener opción, y no podía culpar a nadie más que a sí mismo.

—Usted es el marqués de Stafford, muy pronto heredará el ducado de Agnes —continuó, y Marcus apretó los puños ante el recordatorio de la salud de su padre—.

Es un hombre con poder, estatus, riqueza y favorecido por la Corona británica en todos los aspectos.

¿Acaso dejará que una simple mujer lo mangone?

—Es mi esposa, no una simple mujer, así que respétela —gruñó Marcus, conteniendo la ira.

Harrington ladeó la cabeza antes de mirar un segundo a su alrededor y volver a posar sus ojos en Marcus.

—Exacto, es su esposa. Ella está bajo su protección y usted tiene todo derecho sobre ella.

Si considera que Londres está llenándole la cabeza de ideas inconvenientes, envíela al campo.

Si sus amistades alimentan esos pensamientos, limite esas compañías.

Una esposa disgustada no es razón suficiente para comprometer una operación autorizada por la Corona.

Marcus tomó aire y bebió de un solo trago todo el contenido de su copa para contener la ira.

—Entonces le contaré lo de la misión —amenazó Marcus, mirándolo fijamente.

—No se atrevería.

—Si no puedo dimitir, al menos ella debe saber que esto no es real —explicó Marcus, esperando obtener, al menos, esa aprobación.

—¿Acaso quiere poner en peligro a su esposa?

Marcus se tensó y fulminó a Harrington con la mirada.

—Sabe que esta misión es, probablemente, la más peligrosa que ha tenido. Si involucra a más personas, podrían salir heridas. Si demuestra que su esposa le interesa, en cuanto descubran que todo esto es una trampa, ¿a quién querrán lastimar o a través de quién querrán hacerlo sufrir?

Marcus permaneció en silencio, con el corazón desbocado y lleno de temor por la imagen que Harrington acababa de poner en su mente.

Liviana... herida o incluso...

Negó con la cabeza, incapaz de pensar en algo así.

—Sabía que comprendería el punto. Por eso la primera regla es que ningún familiar esté al tanto de lo que hace como espía, para reducir el número de víctimas colaterales —explicó Harrington, y Marcus continuó callado, sin poder pronunciar palabra—.

Le aseguro que, después de la misión, todo volverá a la normalidad.

Londres, como siempre, buscará otro escándalo, y su esposa, como todas las demás, superará el hecho de que haya tenido una amante.

Marcus continuó sin responder. En su pecho sentía una mezcla de ira a punto de explotar y un miedo por Liviana que nunca, jamás, había sentido, ni siquiera por él mismo.

—La señorita Ashton confía en usted y ya hemos conseguido que el círculo que la rodea crea en su interés por ella. Y... aunque no le gustará mi nuevo plan, el asunto del divorcio no vendría nada mal.

Marcus lo miró rápidamente con el ceño fruncido.

—¿Qué quiere decir?

—Que podríamos usar el rumor del divorcio a nuestro favor.

Aunque, claro, sabemos que no se divorciará.

Pero antes estaba dispuesto a todo para anular su matrimonio y casarse con la señorita Emma.

Podría utilizar lo mismo, pero con el divorcio.

Eso haría más realista la situación y, si sigue siendo inteligente, en menos tiempo podrá adentrarse en el círculo de la señorita Emma y obtener finalmente la información que necesitamos.

—No —sentenció Marcus—. No usaré mi matrimonio para esta misión. Bastante estoy haciendo ya. Seguiremos el plan original, pero no divulgaré que pretendo divorciarme cuando no es verdad.