Miserable Matrimonio Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—Pero nadie tiene que saber si es verdad o no.

Pasado el tiempo, cuando vean que sigue teniendo a lady Stafford como esposa, lo dejarán como un rumor, pero para entonces ya tendremos la información que necesitamos.

Debe colaborar, Stafford —pidió Harrington con el entrecejo fruncido, como si realmente estuviera preocupado—.

Ayer llegaron informes de que ahora España conoce la nueva posición que la Corona adoptó ante la crisis. La filtración es grave, Stafford.

Marcus estuvo a punto de replicar que ese no era asunto suyo, pero, para su desgracia, sí lo era. Era un par de la Corona, futuro duque y, por ende, cualquier situación del país podría afectarlo a él y a todos los nobles.

—Terminaré la misión. Me esforzaré por obtener información más precisa y con mayor rapidez —dijo finalmente con voz contenida—. Pero no usaré mi matrimonio, y esa es mi última palabra.

Harrington no respondió. Solo se recostó en el respaldo del sillón, mirándolo fijamente, hasta que asintió despacio.

—Bien —respondió Harrington con frialdad.

Marcus tomó su chaqué y, sin despedirse, se alejó de Harrington y salió del club. Respiró hondo el aire de la tarde antes de subir a su carruaje.

Había conseguido exactamente lo contrario de lo que había ido a buscar. Recostó la cabeza en el cuero frío del asiento, pensando en la ironía de todo aquello. Había entrado al servicio como espía buscando la influencia suficiente para librarse de su matrimonio.

Ahora ese mismo servicio podía costarle a la mujer con la que deseaba pasar el resto de su vida.

∞∞∞

—Si ya no vamos a regresar a Green Hills y nos quedaremos para la temporada, deberíamos ir a la modista por vestidos más adecuados —comentó Jayne, sentada en uno de los sillones del salón principal.

Liviana levantó la mirada de la revista de Lady Kennt que había estado leyendo.

Habían decidido quedarse después de conversarlo.

Después de todo, ya estaban ahí, y que ella estuviera viviendo en la casa que prometió jamás pisar ya no haría ninguna diferencia.

Así que, ¿por qué perderse la temporada por eso?

Aunque para ella había más motivos para volver al campo, ahora estaba decidida a convencer a Marcus de que pidiera el divorcio, y no lo haría si volvía a Green Hills.

Pero eso no era lo importante en ese momento, sino lo que estaba leyendo.

¿Cómo pudo Lady Kennt enterarse de lo del divorcio cuando solo lo había hablado con Marcus a medianoche?

—Dios mío, esa mujer tiene un pacto hasta con las paredes —musitó, con el corazón retumbándole en el pecho por la ansiedad.

A esas alturas, todo Mayfair ya debía saberlo y, lo peor, era que daba a entender que Marcus era quien quería divorciarse.

—¿De qué hablas? —preguntó Jayne. Luego miró la revista que Liviana tenía en las manos y, al no obtener respuesta, se la arrebató y leyó—. ¡¿Divorcio?!

Liviana no respondió, solo miraba a la nada con el corazón latiéndole con violencia.

—¡Esto es una locura! —chilló Jayne, mirándola con preocupación—. Liviana, ¿tu esposo quiere divorciarse de ti?

—No —musitó, llevándose una mano al pecho para luego mirar a Jayne—. Fui yo quien se lo pidió.

—¡¿Qué?! —volvió a chillar Jayne, levantándose del sillón y dejando que la revista resbalara de sus manos hasta el suelo—. Liviana, por el amor de Dios, ¿por qué hiciste eso? Un divorcio es el final de tu reputación. Serás una paria. ¿En qué estabas pensando al pedírselo así, sin más?

Liviana se puso en pie y caminó hacia el ventanal. Estaba asustada. Todo se había salido de control. Ella quería que todo se mantuviera en secreto hasta que Marcus aceptara divorciarse. Había planeado que, para cuando el escándalo explotara, estaría lejos de Londres.

—Yo... —balbuceó con la mirada perdida a través del cristal. Jayne llevó una mano a su sien y suspiró pesadamente—. Lo amo —susurró, cerrando los ojos y dejando caer una lágrima.

—Entonces, ¿por qué demonios quieres divorciarte de él?

—¡Porque no quiero vivir así, Jayne! —exclamó, volviéndose hacia ella—.

No quiero compartirlo con nadie y no quiero migajas.

Merezco algo mejor —musitó lo último, dejando caer más lágrimas—.

Y siento que... que si me quedo, terminaré perdiéndome a mí misma, porque lo amo y sé que estaré dispuesta a recibir cualquier miseria que me ofrezca con tal de pasar un minuto a su lado.

Jayne guardó silencio mientras Liviana lloraba, sintiendo el dolor que había reprimido durante días desde que empezó a pensar en el divorcio.

Intentó no pensar en cómo Marcus la besaba y tocaba, porque eso no era lo único que deseaba recibir.

La intimidad no era amor, y ella deseaba el amor de Marcus, algo que nunca tendría.

—He pensado en que seguir siendo su esposa me beneficia en muchos aspectos —continuó Liviana, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano—.

Pero no me dará felicidad; solo sufriré más.

Prefiero soportar un escándalo. Prefiero que toda Londres murmure a mis espaldas y marcharme de Inglaterra si es necesario.

Cualquier cosa sería mejor que pasar el resto de mi vida esperando que Marcus me quiera cuando sé que no lo hará.

Su voz se quebró al final. Jayne se acercó inmediatamente y la rodeó con los brazos. Liviana intentó contenerse, pero apenas sintió el abrazo de su amiga, apoyó la frente en su hombro y lloró con más fuerza.

—Soy una estúpida —murmuró entre sollozos—. Después de todo lo que ha hecho, todavía lo amo.

—No eres estúpida por amarlo —respondió Jayne con suavidad, acariciándole la espalda—. Eres buena y tienes un corazón demasiado grande para amar. Tu esposo es un tonto por demorarse en admitir lo que siente.

Liviana se apartó lo suficiente para mirarla.

—Marcus no me ama —dijo, limpiándose las lágrimas—. Creí que sí había empezado a sentir algo por mí, pero me equivoqué...

—Tal vez no estás equivocada y, en verdad, el granuja de tu esposo sí ha empezado a enamorarse de ti —añadió Jayne.

—Eso no lo sabes, Jayne —suspiró Liviana.

—Pero lo he notado. Desde Green Hills, tu esposo se ha comportado de una forma... —Jayne hizo una pausa, volviendo a sentarse— diferente a lo que me has contado. Hasta consumó el matrimonio cuando él solo quería conseguir una anulación.

Jayne negó con la cabeza antes de levantarse de nuevo.

—Ven, creo que no te has dado cuenta de esto.

Liviana frunció el ceño y se giró.

—¿De qué?

—Ven, Liviana —insistió, deteniéndose en el umbral de la puerta. Liviana la siguió, aún con el ceño fruncido, hasta llegar a la puerta que daba al patio y las caballerizas.

Liviana abrió los ojos, sorprendida al ver a tres hombres trabajando en el patio, el cual se estaba convirtiendo en un hermoso jardín.

—¿Qué es todo esto?

Dio un paso adelante, confundida. El patio que antes estaba vacío y era demasiado sobrio había cambiado casi por completo.

Habían ampliado el espacio, retirando parte del empedrado para formar varios arriates alrededor de un pequeño sendero de grava clara.

Había rosales, lavanda, violetas, prímulas y otras flores que reconoció enseguida.

Todas le gustaban. Incluso habían dispuesto algunos arbustos alrededor de los límites para que, cuando crecieran, el jardín pareciera más íntimo y apartado de las caballerizas.