Capítulo 33 #2
—Y muy engreída. Estoy seguro de que me diría: «Te lo dije».
Ambos rieron y luego quedaron en silencio. Hasta que Alexander volvió a romperlo.
—Debes decirle lo que sientes, hijo. No esperes a que sea demasiado tarde. Liviana te ama y no hay nada mejor en el mundo que sentir el amor incondicional de alguien.
Marcus asintió despacio. Sí se lo diría, pero quería hacerlo de la manera correcta, apartando completamente a Emma de sus vidas.
Y su trabajo como espía era otra de las cosas que debía gestionar con cuidado.
Ya no quería seguir arriesgando su vida; no valía la pena, y menos si quería formar su propia familia.
—Lo haré —le aseguró a su padre—. Y tú debes sobrevivir y cuidarte para que veas a tu nieto nacer.
Alexander solo sonrió y asintió, pero en el fondo sabía que no viviría para ver ese momento.
∞∞∞
«No creo que tenga hijos con Liviana».
No había podido parar de repetirse esas palabras desde que las escuchó hacía pocos minutos. Había ido a ver al duque y, antes de que Aline, la hermana de Marcus, llegara, había escuchado esas palabras que rompieron aún más su corazón destrozado.
Lo único que había detenido sus lágrimas era Aline. No quería humillarse llorando frente a ella porque Marcus no deseaba tener hijos con ella. Bastante humillación había recibido de Aline en el pasado.
Ahora iban en silencio de regreso al salón de té, donde habían dejado a Lillian con la duquesa de Devonshire.
—Liviana... —Aline carraspeó y bajó la cabeza—. Disculpe, Lady Stafford.
Liviana frunció ligeramente el ceño. ¿Desde cuándo Aline la trataba con tanta cortesía? La miró sin decir nada y luego volvió la vista al frente sin detenerse.
—Quería hablar con usted desde hace mucho —continuó Aline con voz suave y tono avergonzado—. Pero no sabía cómo hacerlo.
—¿Sobre qué? —preguntó Liviana, arqueando una ceja.
—Sobre cómo la traté antes de que se casara con mi hermano —respondió Aline después de unos segundos de silencio.
Eso consiguió que Liviana la mirara algo sorprendida.
—No fui amable con usted —continuó Aline—. Me burlé de sus sentimientos por Marcus y la hice sentir avergonzada por quererlo cuando yo no tenía ningún derecho a hacerlo.
Liviana mantuvo una ceja arqueada. Eso era lo último que había esperado escuchar de Aline. Sobre todo porque recordaba perfectamente lo cercana que había sido a Emma y cuánto había favorecido la relación de esta con Marcus.
—Está bien, pero no creo que sea una disculpa sincera. Después de todo, es amiga de la amante de mi esposo —se limitó a decir con frialdad.
Aline bajó la mirada.
—Sí, lo era —admitió Aline con incomodidad—.
Pero ya no lo soy —eso hizo que Liviana ladeara la cabeza—.
Y quizá por eso fui todavía más injusta con usted.
Quería a Emma y sabía que mi hermano estaba enamorado de ella.
Pensaba que debían estar juntos y... —hizo una pausa antes de suspirar—.
Eso hizo que me creyera con derecho a despreciar lo que usted sentía.
Pero no lo tenía. Yo no era nadie para burlarme de usted ni para decidir si sus sentimientos eran dignos o ridículos.
Debí respetarla y también respetar lo que sentía por mi hermano.
Liviana disminuyó ligeramente el paso. ¿Ya no era amiga de Emma? ¿En qué momento ocurrió esa ruptura? Movió la cabeza. Eso no debía importarle. Miró una vez más a Aline, notando que la vergüenza en su rostro parecía sincera.
Aline se detuvo de pronto y Liviana, después de avanzar un par de pasos más, terminó haciendo lo mismo y se volvió hacia ella, aún con el rostro neutro. Aline se acercó y, para completar su sorpresa, tomó una de sus manos entre las suyas.
—Perdóneme —le suplicó—. Por favor. Sé que no tengo derecho a pedírselo, pero necesito que sepa que lo siento de verdad.
Liviana bajó la mirada hacia sus manos unidas. Jamás había esperado escuchar una disculpa tan sincera de Aline. Sin parecer grosera, retiró lentamente su mano de entre las de ella y tragó saliva antes de asentir.
—Está bien. No le guardo rencor —expresó Liviana con una mezcla de suavidad y seguridad—. Ha pasado bastante tiempo. Ni siquiera lo recordaba.
La mentira salió de sus labios con mucha facilidad, pero la verdad era que sí recordaba perfectamente bien cómo se había burlado y menospreciado sus sentimientos. No se podía negar que Aline y Marcus eran hermanos.
—Gracias —musitó Aline con alivio, y Liviana le dedicó una sonrisa tranquila.
—Además, usted tenía razón. Solo eran unos tontos sentimientos.
Aline abrió la boca, como si quisiera decir algo, pero Liviana no le dio oportunidad. Solo le dio la espalda y continuó su camino hacia el salón de té.
Al llegar, encontró que la duquesa de Devonshire todavía estaba allí.
—Permiso —musitó para sentarse en uno de los sillones, cerca de Lillian.
Se sirvió una taza de té y, cuando fue a beber un sorbo, se detuvo al notar que la duquesa de Devonshire, Lady Juliet, si mal no recordaba, la miraba atentamente. Liviana dejó la taza sobre el platillo con delicadeza y le dedicó una sonrisa amable.
—Disculpe —dijo la duquesa, bajando un poco la cabeza, avergonzada. Luego la miró con una expresión de tristeza que hizo que Liviana frunciera el ceño—. Sé que mi hija está viviendo en su casa.
—Oh —musitó Liviana, comprendiendo.
Seguramente ella había ido a hablar con Lillian para saber algo de Jayne.
—Así es —respondió Liviana—. Pero pronto... —se calló y miró a Lillian de soslayo, sin saber si era buena idea decir que regresarían a Green Hills—... dijo que los visitaría.
—¿En serio? —El entusiasmo de la mujer hizo que Liviana se mordiera el labio.
¿Cómo pudo haber dicho semejante mentira? Ella sabía perfectamente que Jayne no tenía ninguna intención de ver a sus padres.
—Bueno... —tomó un sorbo de té, pensando cómo decir que no, que su hija no iría a verlos—... mencionó algo parecido. No estoy segura. Disculpe.