Capítulo 28 #3
Sintió cómo se abría paso en su interior, cómo avanzaba con extrema delicadeza y lentitud.
Aunque podía ver y sentir, por la tensión de sus músculos y la expresión de su rostro, que se estaba conteniendo para no ir más rápido.
Lo único que pudo hacer cuando por fin lo sintió completamente dentro de ella fue aminorar su grito.
No sentía dolor en sí; más bien era una presión extraña y un ligero ardor, pero, sobre todo, se sentía llena. Se sentía llena y solo deseaba gritar que lo amaba, pero, en vez de hacerlo, lo atrajo hacia ella y lo besó con calma.
Marcus siguió el ritmo lento de sus besos, abrazándola mientras se acomodaba para empezar a moverse con suavidad.
Gruñía y gemía al sentir cómo el interior de Liviana lo apretaba y lo llevaba al límite.
Los gemidos de ella se volvían cada vez más fuertes con cada embestida que la acercaba al cielo, un lugar al que deseaba llegar con todas sus fuerzas.
Se aferró a Marcus con más firmeza, juntando aún más sus cuerpos, de ser posible.
La estremecía y le gustaba escuchar sus gemidos contenidos, tanto que, mientras él besaba su cuello, ella hizo lo mismo, mordiéndolo con suavidad y pasando las uñas por su espalda.
No había palabras para describir lo que estaba sintiendo, pero se sentía una mujer feliz, completa al estar siendo amada por el hombre del que se había enamorado. Ahora ella era suya completamente, ante la ley y la Iglesia, y ya habían consumado esa unión.
La esperanza se renovó en su interior, sintiendo que no todo estaba perdido en su matrimonio, que podría haber una posibilidad de que Marcus la amara.
Si había decidido olvidar la anulación y le estaba haciendo el amor, podía haber algún sentimiento dentro de él por ella que necesitara desarrollarse.
Con más intensidad lo besó, demostrándole su amor, su entrega.
Gimió con una embestida profunda, arqueándose y sintiendo cómo su cuerpo se encendía y explotaba cuando Marcus acarició el botón entre sus piernas sin dejar de embestirla.
Y, cuando ella alcanzó aquel clímax maravilloso que la hizo convulsionar y estremecerse, vio cómo Marcus se contraía y enterraba el rostro en su cuello para acallar el gemido de placer que salió de su garganta al alcanzar también el clímax.
Respiró entrecortadamente, aún escondiendo el rostro en el cuello de su mujer, porque la había hecho su mujer y eso no podía negarlo.
Después de unos minutos, él se alejó con suavidad para recostarse a su lado. Liviana enseguida lo abrazó, haciéndolo fruncir ligeramente el ceño.
—¿Estás bien? —preguntó él, colocando un brazo detrás de la cabeza y dejando el otro extendido sobre la cama. Liviana se acomodó sobre su pecho y asintió.
—Sí —respondió con suavidad.
Se quedaron en silencio durante algunos minutos, escuchando únicamente el crepitar de la leña consumiéndose en la chimenea.
—Marcus —habló ella. Él mantuvo los ojos cerrados e hizo un sonido para indicarle que continuara—. ¿Tú sientes algo por mí?
La pregunta lo hizo tensarse. Abrió los ojos lentamente, mirando el dosel de la cama. Liviana continuó con sus caricias como si la pregunta no hubiera tenido importancia, pero se detuvo de pronto para mirarlo con una media sonrisa y una expresión de esperanza que le llegó a lo más profundo.
—Yo... —bajó un segundo la mirada antes de volver a mirarlo a los ojos—. Sé que no es... un secreto, pero me gustaría decírtelo yo misma.
Él entrecerró los ojos, imaginando lo que ella quería decir.
—Marcus, yo te am...
Marcus saltó de la cama con un movimiento brusco, sin importarle la desnudez de su cuerpo. Miró a Liviana con seriedad.
—No te atrevas a decirlo, Liviana —advirtió, tomando sus pantalones y poniéndoselos.
Liviana se incorporó, quedando sentada sobre el colchón con una sábana cubriendo su desnudez. Lo miró con una mezcla de confusión y dolor.
—Marcus... —musitó, sintiendo que los ojos le ardían por las lágrimas—. No arruines este momento, por favor.
—¿Yo? —replicó él, abotonándose la camisa con furia—. Tú lo arruinaste preguntando lo que no debías. Te dejé muy claro que esto sería solo intimidad, algo que normalmente tienen marido y mujer.
Marcus se pasó una mano por el cabello desordenado antes de mirar a Liviana, pero terminó apartando la mirada de ella antes de caer y rendirse a la tentación de volver a besarla.
—Cometí un error. Pensé que entenderías cómo haríamos esto, cómo llevaríamos este matrimonio. Pero veo que te has dejado llevar por tus sentimientos... una vez más.
Liviana sintió un agudo dolor en el pecho al escuchar cómo su tono cambiaba en las últimas palabras. Él no olvidaba cómo ella lo había llevado a ese matrimonio.
—Váyase —dijo en voz baja, mirando hacia cualquier lugar menos hacia él—. Puede estar tranquilo, le aseguro que este error no volverá a suceder.
Marcus tragó con dificultad y la miró. Soltó un gruñido antes de tomar las demás prendas y salir de la habitación con un portazo.
Cuando se vio sola, dejó escapar las lágrimas y los sollozos, recostándose en su cama.
Ella lo sabía. Sabía que iba a terminar la noche llorando después de haber recibido tanta atención de Marcus. Ahora solo debía sobrellevar las consecuencias de haberse entregado a un hombre que no la amaba y jamás la amaría.