Capítulo 23 #2
—No estoy de acuerdo con eso, pero me alegra que te sientas bien aquí —dijo, apretando sus manos—. Pero... ¿no has pensado en regresar a Londres para la próxima temporada?
—No. Todavía no tengo intención de regresar —replicó instantáneamente, negando con la cabeza.
—¿No lo has considerado siquiera?
—No. —Liviana respiró profundamente antes de añadir—. Si a ustedes no les molesta seguir teniéndome aquí, preferiría permanecer en Green Hills un poco más.
La sonrisa de Lillian se volvió ligeramente triste.
—Querida, puedes quedarte todo el tiempo que desees.
—Gracias —dijo casi en un susurro.
—No tienes que agradecérmelo. Agneswood House será tu hogar el tiempo que necesites.
Liviana asintió con una sonrisa.
Cuando llegaron al vestíbulo, el personal ya se había reunido para recibir a los duques. Los sirvientes permanecían formados en una línea ordenada mientras el mayordomo daba un paso al frente.
—Su gracias, bienvenidos a Agneswood House. Es un honor recibirlos nuevamente.
Alexander asintió con cordialidad.
—Gracias, Thomas.
—Sus habitaciones estarán preparadas en unos instantes. He dado instrucciones para que enciendan las chimeneas y preparen todo lo necesario para su estancia.
—Excelente —respondió Lillian. Luego miró alrededor del vestíbulo—. Parece que hemos llegado justo a tiempo para Navidad.
Liviana sonrió encantada al ver la expresión orgullosa de la duquesa.
Hacía pocos días había decorado la casa con ramas de acebo, hiedra y algunas ramas de pino en las repisas de las chimeneas, sujetándolas con cintas de terciopelo rojo y pequeños lazos.
Sobre algunas mesas había dispuesto jarrones de cerámica con ramas verdes y bayas rojas, mientras que en los corredores había colocado guirnaldas sencillas que el personal había ayudado a preparar.
Una hora después, estaban en el comedor cenando con bastante tranquilidad mientras la duquesa contaba sus planes para las celebraciones de Navidad.
—Hemos invitado a algunos amigos cercanos para que pasen las fiestas con nosotros. Será agradable tener la casa llena nuevamente —comentó mientras tomaba un poco de vino.
Alexander sonrió a su esposa y luego dirigió la mirada hacia Liviana, que en ese momento cortaba un pequeño trozo de filete.
—Espero que no te moleste que hayamos decidido traer invitados a Agneswood House.
Liviana levantó la mirada enseguida.
—Por supuesto que no. Esta es su casa, su gracia. Y me encantará celebrar la Navidad con todos ustedes.
—Sabía que dirías eso, pero ¿y si dejamos las formalidades? —respondió el duque con una sonrisa.
Liviana se sonrojó un poco y asintió una vez más. Sería difícil acostumbrarse a dejar de llamarlos su gracia.
Continuaron cenando mientras Lillian comenzaba a mencionar algunos de los invitados que llegarían durante los siguientes días. La mayoría no los conocía.
—¿Y mi padre? —preguntó de repente. Quería saber si él también estaría presente en las fiestas; después de todo, era bastante cercano a los duques.
Lillian intercambió una mirada breve con su esposo antes de responder.
—Henry viajó a América hace algunos meses.
Liviana asintió lentamente y bajó la mirada hacia su plato, revolviendo distraídamente el puré de batatas con el tenedor.
—Fue por negocio —añadió Alexander con suavidad—. Tenía algunos asuntos que atender personalmente.
Liviana levantó la mirada y les dedicó una pequeña sonrisa.
—Entiendo —susurró.
Continuaron la cena, aunque a ella se le había pasado el hambre.
Hasta el momento, ninguno había mencionado a Marcus.
Y ella tampoco se atrevía a preguntar por él, aunque moría por saber si asistiría también a las celebraciones.
Después de todo, Agneswood House pertenecía a los duques, y Marcus era su hijo, por lo que lo más lógico sería que estuviera presente.
Sintió un pequeño vuelco en el corazón.
No estaba segura de estar preparada para volver a verlo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían encontrado, pero no el suficiente para volver a verlo y no sentir nada. Apenas había logrado pensar en él y pronunciar su nombre sin sentir que algo se removía en su interior.
Liviana bajó la mirada y tomó un sorbo de agua, intentando apartar ese pensamiento.
Quizá era mejor preguntar. Así podría saberlo y dejar de imaginar posibilidades. Tampoco deseaba pasar toda la noche pensando en si aparecería o no.
—¿Marcus también vendrá? —preguntó finalmente, procurando que su voz sonara indiferente.
—No —respondió Lillian antes de llevarse un pedazo de carne a la boca.
—Tiene otros asuntos que atender —explicó el duque con naturalidad—. Ni siquiera estará en Londres durante estos días.
Liviana sintió que algo dentro de ella se relajaba. No sabía si era alivio o decepción, pero al menos dormiría bien.
Tomó nuevamente el tenedor, pero antes de continuar comiendo aprovechó para despejar todas sus dudas.
—¿Saben si... ha comenzado el proceso de anulación?
Ambos dejaron de masticar y beber por un segundo. Alexander carraspeó levemente, y Lillian bebió otro sorbo de vino.
—No, querida —respondió la duquesa, mirándola con dulzura.
Liviana parpadeó, confundida. ¿Por qué Marcus no había iniciado el proceso para anular el matrimonio que tanto detestaba?
—Pero ha pasado un año y medio desde que me informó de que lo haría —expresó, mirando a los duques con el ceño fruncido.
—Lo sé —respondió Alexander, ahora con el rostro serio—. Pero solicitar una anulación no es sencillo, especialmente si Marcus pretende conservar intacta su reputación. Hay muchas cuestiones que deben considerarse antes de iniciar este tipo de proceso.
Liviana permaneció en silencio, sin saber qué decir... o hacer.
Por alguna razón, esa noticia le produjo una sensación extraña. Durante meses había esperado la carta donde le confirmaría que su matrimonio llegaría a su fin. Se había preparado para recibirla y hasta había imaginado su vida después de dejar de ser la marquesa de Stafford.
Pero ahora no sabía qué pensar.
Si Marcus no había iniciado la anulación, ¿significaba que todavía pensaba hacerlo? ¿O simplemente estaba retrasándolo por su reputación?
Había pasado un año y medio sabiendo que su matrimonio terminaría. Y, de repente, no sabía cómo acabaría todo. Podía continuar siendo la marquesa de Stafford. O podía convertirse en una mujer con un matrimonio fallido.
∞∞∞
Esa noche, Liviana no consiguió dormir bien.
Había preguntado por Marcus durante la cena precisamente para saber si asistiría a las celebraciones y poder descansar tranquila. Sin embargo, había conseguido lo contrario.
Ahora tenía una nueva preocupación: no sabía qué ocurriría con su matrimonio.
Todos los planes que había hecho para cuando volviera a ser soltera habían quedado suspendidos en el aire. Había imaginado viajar, conocer otros lugares, quizá pasar una temporada en alguna otra ciudad y decidir por sí misma qué quería hacer con su vida.
Pero si continuaba casada con Marcus, ninguno de esos planes se cumpliría y tendría que quedarse en Green Hills toda una vida.
—Es una vida bastante aburrida —murmuró con un suspiro.
Nube, que descansaba cómodamente sobre su regazo, levantó ligeramente la cabeza al escucharla. Liviana le sonrió y pasó los dedos por su suave pelaje blanco.