Miserable Matrimonio Capítulo 21 #3
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Capítulo 21 #3

Jayne William era realmente hermosa. Tenía la piel clara y cremosa, el cabello rubio claro y unos ojos de un precioso tono ámbar.

Su figura era llena y armoniosa, igual que la de Liviana.

Por eso le sorprendía que fuera hermana de los mellizos William, ya que compartían pocos rasgos.

Sus hermanos, en vez de una cabellera rubia clara, tenían un color que era una mezcla de rubio oscuro y castaño muy claro, y sus ojos eran verdeazulados, no ámbar como los de Jayne.

Liviana no comprendía cómo una mujer como ella podía llevar tres años recluida en Green Hills.

Era hermosa, pertenecía a una familia de enorme importancia y, por lo poco que había podido conocerla, también era inteligente y agradable.

Sin embargo, todavía no se sentía con suficiente confianza para preguntarle por qué había decidido permanecer allí.

Eso podía esperar. Por ahora, ambas tenían dos pequeños problemas que resolver.

Finalmente consiguieron alimentar a los gatitos. Los pequeños succionaron con bastante desesperación.

—Tienen mucha hambre —musitó Liviana, mirándolos con tristeza.

Si no los hubiera encontrado a tiempo... Movió la cabeza. No era bueno pensar en esas cosas.

—Los llevaré a Agneswood House. Necesitan descansar y sentir que están protegidos.

—Te enviaré en mi carruaje —ofreció Jayne, pero Liviana negó.

—No es necesario. Puedo volver caminando. El camino es agradable y...

—Liviana —la interrumpió Jayne con una sonrisa—, llevas dos gatitos en brazos y probablemente terminarás corriendo todo el camino para asegurarte de que lleguen bien. Déjame ayudarte.

Liviana soltó una pequeña risa. Estaba ansiosa y feliz por haber salvado dos vidas.

—Está bien.

Poco después, el carruaje la llevó de regreso a Agneswood House. Al llegar, Liviana entró con una sonrisa, acercándose a algunos sirvientes que estaban limpiando el salón principal.

—¡Miren lo que encontré!

Los sirvientes se acercaron con curiosidad y, en cuanto vieron a los gatitos, quisieron acariciarlos.

—¡Qué pequeños!

—¿Los encontró afuera, milady?

Liviana asintió, contándoles cómo los había encontrado.

—Pobrecitos...

Con ayuda del personal, prepararon una pequeña caja de madera con mantas viejas y suaves, colocándola cerca de la chimenea de la habitación de Liviana para que los gatitos pudieran mantenerse calientes.

Liviana se sentó junto a ellos y observó cómo los dos pequeños se acurrucaban juntos y, poco a poco, se quedaban dormidos.

Nunca había tenido una mascota. Cuando era niña había pedido tener un perro, pero su padre jamás permitió que lo tuviera. Quizá dos pequeños gatitos no estaban nada mal.

—Bienvenidos a casa —susurró.

Se quedó contemplándolos durante unos minutos hasta que escuchó unos pasos detrás de ella. Al girarse, vio al ama de llaves acercándose con un sobre entre las manos.

—Milady, acaba de llegar correspondencia de Londres.

Liviana sonrió de inmediato, pensando que sería una carta de la duquesa o de su nana.

—Gracias —dijo cuando tomó el sobre.

El ama de llaves hizo una ligera reverencia antes de salir y cerrar la puerta de su habitación para darle privacidad.

Con la misma sonrisa, abrió el sobre. Pero su expresión desapareció lentamente de su rostro cuando leyó de quién provenía.

Marcus.

Solo pensar en su nombre y ver su letra perfecta en el papel hizo que su corazón diera un vuelco. Trató de controlarse.

—Solo es una carta, Liviana. Y seguro que nada bueno contiene si viene de mi querido esposo —susurró para sí misma con cierta ironía.

Lady Stafford:

Creo que ha hecho bien en alejarse de Londres y le agradezco que haya escogido Green Hills. Queda bastante lejos de Londres.

No debe preocuparse por su estancia en Agneswood House. Puede permanecer allí cuanto tiempo considere necesario.

He tomado la decisión de iniciar el proceso para anular nuestro matrimonio. Le informaré cuando este comience formalmente.

Hasta entonces, no habrá necesidad de que intercambiemos más correspondencia. Mi próxima carta será únicamente para informarle que, por fin, dejaremos de estar condenados a este miserable matrimonio.

Marcus Livingstone, marqués de Stafford.

Liviana leyó la última línea dos veces. Después bajó lentamente la carta.

Había esperado sentir alivio. Después de todo, eso era lo que había suplicado: una anulación.

Pero no sintió alivio. Al contrario, sintió que algo dentro de su pecho acababa de romperse.

Miró hacia la pequeña caja donde los dos gatitos dormían acurrucados uno contra el otro, intentando animarse, pero una lágrima cayó sobre la carta.

—Así que eso es todo... —susurró.

Apretó los labios, intentando contener el temblor que comenzaba a recorrerlos mientras más lágrimas bajaban por sus mejillas.

Marcus cumpliría su deseo de tenerla lejos para siempre. Pronto dejarían de ser marido y mujer y, por alguna razón, esa realidad dolía mucho más de lo que había imaginado.

Dobló la carta con cuidado y la sostuvo contra su pecho, cerrando los ojos.

Quizá había sido una ingenua por pensar que estaría bien con anular su matrimonio. Ella no quería dejar de ser la esposa de Marcus, pero... él no la amaba y nunca lo haría.

Era hora de que terminara de comprender esa verdad. Si no lo hacía, nunca lograría olvidarlo.

Sorbiéndose la nariz y limpiando sus lágrimas con el dorso de las manos, se acercó al pequeño escritorio que tenía en la habitación. Colocó una hoja en blanco y mojó su pluma de tinta para escribir su respuesta.