Capítulo 20
Marcus aún sentía la ira hirviendo en su pecho. Después de verificar que Emma estuviera bien tras la caída por las escaleras, la subió a uno de sus carruajes y la envió de regreso a su casa, prometiéndole que hablarían después, pero que en ese momento no era adecuado.
Además, tenía que partir hacia Sussex para cumplir la misión que se había adelantado, y quería hablar con la mente fría, algo que en ese momento no tenía.
Estaba molesto con todo. Con Liviana, por haber lanzado a Emma por las escaleras.
¿Cómo se atrevía a tocar a Emma? Con eso, toda consideración que había pensado tener con ella, ser más amable e incluso mostrarse más dispuesto a intentar algo positivo respecto a su matrimonio, se había evaporado por completo.
Liviana no merecía nada de eso. Solo confirmaba que era una mujer calculadora escondida tras un rostro inocente.
Y él no podía tener a una mujer así a su lado.
Pero también estaba molesto con Emma por haber aparecido en su casa cuando no debía. Ella debía respetar a su esposa, por muy impuesto que fuera su matrimonio.
Apretó los puños, conteniendo la ira que todavía recorría su cuerpo. Solo quería regresar y arreglar su vida, anular su matrimonio y casarse con quien deseara. Pero, como sabía que habría consecuencias, se limitó a tomar el baúl que ya estaba preparado y subió al carruaje que lo llevaría a Sussex.
Esperaba que los días lejos de Londres calmaran su ira.
Así podría regresar con la cabeza más despejada, dispuesto a mantener una conversación civilizada con su esposa y también a enfrentarse a sus padres, porque sabía que ellos serían los primeros en oponerse a la anulación.
Pero ya no le importaba lo que dijeran. Anularía su matrimonio y viviría su vida como él decidiera, sin importar el escándalo.
El traqueteo constante de las ruedas sobre el camino empedrado lo sacó de sus pensamientos durante unos minutos, pero luego volvió a pensar en la solución que parecía perfecta para anular el matrimonio sin muchas malas consecuencias.
Solo tenía que presentarse ante el rey y plantear su situación.
Pero, para eso, debía cumplir esa misión a la perfección.
Sería otro logro y, tal vez, después de todo, aceptar convertirse en un espía de la Corona podría concederle ciertos privilegios, como la atención del propio rey, y darle la oportunidad de solicitar la anulación de su matrimonio.
Asintió, sintiendo cómo la ira comenzaba a desaparecer poco a poco. Ahora que había pensado en una solución más viable, solo esperaba que el destino le fuera favorable en esa misión.
∞∞∞
Liviana no había regresado a la residencia de Marcus.
Después de todo lo ocurrido, se negaba a cruzar las puertas de esa casa como si no hubiera sucedido nada. Él la había echado sin siquiera escucharla, dejando perfectamente claro que no quería verla allí.
Ya era hora de dejar de permitir que pisotearan su orgullo. Por mucho que su corazón se empeñara en elegir a Marcus, debía ser ella misma quien pusiera un alto a sus humillaciones.
Había enviado a dos sirvientes de Hamilton House para recoger sus pertenencias. Aunque no llevaría demasiado a Green Hills; no quería dejar nada suyo en esa casa.
Ya había pasado un día desde lo ocurrido. No le sorprendía que Marcus ni siquiera hubiera aparecido o enviado una misiva. Ya tenía bastante claro que ella no le importaba, y pronto él también dejaría de importarle.
En ese momento se encontraba sentada junto a la ventana de una de las salas, con la mirada perdida en los jardines de Hamilton House, cuando escuchó que la puerta se abría.
Al girarse, vio a su padre entrar en silencio y cerrar la puerta detrás de él. Liviana volvió la mirada hacia los jardines.
—¿Ya han regresado con mis cosas? —preguntó con voz neutra.
Había aceptado quedarse en Hamilton House, primero porque no tenía otro lugar adonde ir y, segundo, porque su padre se lo había pedido amablemente, algo que la había sorprendido, aunque no dejó que se notara. Tal vez lo había hecho porque se encontraba frente a los duques de Agnes.
—Todavía no —respondió él—. Llegarán dentro de un rato.
Ella solo asintió sin mirarlo. Escuchó sus pasos y luego el sonido que hizo al sentarse en uno de los sillones. Frunció ligeramente el entrecejo, sin comprender qué quería su padre. En toda su vida, él nunca había estado voluntariamente en una misma sala con ella.
—He estado pensando en lo que me dijiste ayer —habló él, haciendo que Liviana lo mirara.
—¿Sobre la anulación? —inquirió, arqueando una ceja.
Henry asintió.
—Una anulación no será una solución sencilla, Liviana. Y debes saber, antes de tomar una decisión definitiva, que tú serás quien cargue con la mayor parte de las consecuencias.
Liviana apretó ligeramente los dedos sobre su regazo. Ya lo sabía, y la duquesa también se lo había dicho, pensando que con ello podría hacerla cambiar de opinión.
—Lo sé.
—No creo que lo comprendas del todo, Liviana —replicó él con seriedad—.
Mi influencia como conde puede protegerte hasta cierto punto, pero un matrimonio anulado después de tan poco tiempo dará lugar a rumores.
Y aunque intentara encontrar otro matrimonio para ti en el futuro...
—Henry hizo una pausa—. No sé si podría conseguirlo.
Liviana volvió a asentir. Por el momento, no quería pensar en un nuevo matrimonio. Solo quería dejar libre a Marcus y dejar de sufrir. Ya después vería qué haría con su vida. Estaba segura de que la vida no acabaría porque ella quedara solterona.
—Lo sé. No debe preocuparse por eso...
—No te digo esto para hacerte cambiar de opinión —continuó él—. Te lo digo porque eres mi hija y no... Quiero que sufras las consecuencias.
Liviana arqueó una ceja con una mezcla de escepticismo y sorpresa. ¿Acaso estaba preocupado? Esa palabra sonaba muy extraña en un hombre como su padre. Aun así, no dijo nada y dejó que él siguiera hablando.
—Hablaré personalmente con Stafford. Quiero exigirle una explicación. Y si no está dispuesto a respetarte como su esposa... —Henry apretó ligeramente la mandíbula—. Yo mismo buscaré la manera de solicitar la anulación.
Liviana lo miró sorprendida. Nunca esperó que su padre la defendiera ni se pusiera de su parte, no después de que antes se hubiera negado a considerar la anulación y le hubiera dicho que debía aprender a convivir con Marcus, que ahora eran marido y mujer y que debían resolver sus problemas.
—Pero usted dijo que no podía —expresó con voz calmada, sin dejar ver la sorpresa que sentía por esa conversación tan extraña.
Era como si estuviera en un buen sueño, uno donde su padre la quería y estaba dispuesto a protegerla sin importar el escándalo o lo que dijera la sociedad.
—Puedo intentarlo, pero es difícil. Ya no soy tu tutor legal, aunque siga siendo tu padre. Sin embargo, puedo buscar asesoramiento legal y hacer cuanto esté en mis manos para conseguir la anulación. No puedo prometerte que lo conseguiré, pero sí que lo intentaré.
Liviana sintió cómo se le formaba un nudo en la garganta al escuchar a su padre. Siempre había sido distante, frío y hasta cruel, pero nunca había mostrado ni un ápice de preocupación genuina por ella.
—Y si eso sucede... no tienes que irte —volvió a añadir Henry.
Ella lo miró ahora con una expresión más suave mientras entrelazaba sus dedos.
—Esta es y será siempre tu casa.
El corazón de Liviana dio un pequeño vuelco. Esas palabras eran las últimas que esperaba escuchar de él. Su padre siempre había querido deshacerse de ella, que saliera de su vida. No comprendía aquel repentino cambio de opinión.
—Gracias —susurró, tragando con dificultad.
Henry asintió una sola vez. Continuaba serio y, a pesar de sus palabras, no había cambiado su expresión dura, lo que hacía que Liviana no se permitiera albergar esperanzas de un cambio radical en la relación con su padre.
Quizá solo se sentía obligado a protegerla después de todo lo ocurrido.
Tal vez no quería quedar mal frente a los duques de Agnes.
O quizá simplemente consideraba que, como padre, tenía que hacer algo.
—¿Cuánto tiempo piensas permanecer en Green Hills? —preguntó Henry después de unos segundos.
Liviana se encogió ligeramente de hombros, volviendo la mirada al jardín.
«Hasta que lo olvide».
Respondió mentalmente. Hasta que pudiera pensar en Marcus sin sentir que algo le desgarraba el pecho. Pero sabía que olvidarlo por completo podía tomar mucho tiempo. Por eso quería alejarse, porque lejos sería más fácil. Si permanecía cerca de Marcus, jamás conseguiría olvidarlo.
Y ella necesitaba olvidarlo.
Aunque le llevara toda una vida.
—Hasta que reciba la noticia de que mi matrimonio será anulado —respondió finalmente.
—¿Y si el marqués pretende continuar con el matrimonio? —inquirió Henry con el ceño fruncido.
Liviana sonrió irónicamente de medio lado, negando suavemente con la cabeza.
Eso no ocurriría. Marcus deseaba deshacerse de ella más que de cualquier otra cosa en el mundo. Él había sido demasiado claro: no quería verla y la quería bien lejos de él. Haría todo lo posible para librarse de ese matrimonio.
—Entonces me quedaré en Green Hills —respondió después de unos segundos, con la misma calma que había mantenido durante toda la conversación.
Henry arqueó las cejas.
—Liviana, no creo...
—No regresaré a esa casa, padre —sentenció con firmeza, mirándolo fijamente.
Henry guardó silencio, devolviéndole la mirada.
Ella respiró profundamente. Marcus la había echado sin siquiera escucharla. No le había temblado la voz cuando decidió que no le importaba nada para echarla de su casa, aun siendo su esposa. No regresaría allí como si nada hubiera sucedido.
Henry apretó la mandíbula, pero no dijo nada. Solo se levantó del sillón y la miró una última vez.
—Descansa mientras puedas. El viaje a Green Hills será largo.
Liviana asintió sin decir nada, observando cómo su padre abandonaba la sala.
∞∞∞