Miserable Matrimonio Capítulo 19 #2
30%

Capítulo 19 #2

Ella negó desesperadamente. ¿Adónde iría?

—Déjame explicarte. Ella...

—No quiero escucharte, Liviana. Solo mientes y luego te haces la inocente.

Esas palabras le atravesaron el pecho con más fuerza que cualquier otra herida. Aun así, dio otro paso.

—Por favor... —suplicó.

Marcus negó con la cabeza y la miró como si no soportara tenerla cerca.

—No vuelvas a acercarte a mí. Anularé este matrimonio, sea como sea. Pero tú dejarás de ser mi esposa, sin importar el costo ni mi reputación.

Eso terminó de romperla. Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

Miró a Emma y la vio escondida entre los brazos de Marcus. Verlo protegiéndola, sin siquiera escuchar su versión de los hechos, terminó de convencerla de que no había lugar para ella en el corazón de Marcus.

Nunca lo hubo. Y nunca lo habría.

Sin decir una palabra, salió corriendo hacia la entrada. Afuera seguía esperando el carruaje de alquiler que Emma había contratado para llegar hasta allí.

Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se acercó al cochero.

—¿Puede llevarme a Hamilton House?

El hombre asintió de inmediato. Tal vez le dio lástima su aspecto desconsolado. Enseguida subió al carruaje y, cuando este se puso en marcha, sollozó aún más fuerte, incapaz de soportarlo por más tiempo. El dolor era demasiado para ella, la humillación y la realidad de que nadie la quería.

Cuando el carruaje se detuvo frente a Hamilton House, descendió apresuradamente.

—Espéreme, por favor.

—Sí, milady.

Subió casi corriendo los escalones de la entrada principal con el rostro enrojecido y los ojos hinchados por el llanto. Golpeó la aldaba con más fuerza de la necesaria. Al cabo de unos instantes, el mayordomo abrió la puerta y, al verla en ese estado, abrió ligeramente los ojos.

—¡Lady Liviana!

Ella apenas pudo sostenerle la mirada.

—¿Dónde está mi padre? —preguntó apresuradamente, sin importarle la reacción del mayordomo, que estaba desconcertado al verla tan alterada.

—Su padre se encuentra en el salón de té...

Liviana no esperó a que terminara de hablar. Echó a correr por el vestíbulo mientras seguía secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Ni siquiera pensó por qué su padre estaría en el salón de té ni si tendría visita.

En ese momento solo quería alejarse de Marcus. Anular el matrimonio y dejar de sufrir por un hombre que jamás la amaría.

Al llegar al salón, abrió la puerta sin llamar, haciendo que la conversación entre el conde y los duques de Agnes cesara de inmediato. Los tres se levantaron al verla en ese estado. Henry la miró con el ceño fruncido, dando un paso al frente.

Lady Lillian llevó una mano a sus labios al verla y caminó rápidamente hacia ella.

—¡Liviana!

En cuanto la duquesa estuvo frente a ella, la abrazó, y Liviana no se contuvo. Se aferró a ella llorando desconsoladamente contra su hombro.

Todo el dolor que había acumulado durante esos días terminó por desbordarse. Lillian la abrazó con fuerza, acariciándole el cabello.

—Tranquila, querida... puedes llorar... estoy aquí.

Alexander y Henry intercambiaron una mirada preocupada, sin comprender qué podía haber ocurrido para que ella estuviera en semejante estado.

Pasaron varios minutos hasta que el llanto de Liviana comenzó a calmarse. Lillian tomó suavemente su rostro entre las manos.

—¿Qué ha sucedido, querida?

Liviana respiró profundamente varias veces. Luego miró a su padre, que seguía observándola con el ceño fruncido. Sintió que el nudo en la garganta regresaba.

—Padre... —musitó con la voz quebrada—. Quiero que anule mi matrimonio.

Alexander abrió ligeramente los ojos y Lillian palideció.

—¿Qué...? ¿Por qué? —preguntó la duquesa, mirándola con preocupación.

—Quiero que anulen mi matrimonio —repitió Liviana.

Lillian negó lentamente con la cabeza.

—Querida... una anulación provocaría un escándalo que arruinaría tu reputación.

—Ya no me importa —balbuceó. Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas—. Marcus me odia demasiado para seguir viviendo con él.

Miró a su padre, que hasta ese momento no había dicho una sola palabra.

—Por favor, padre... le suplico que haga algo.

Después dirigió la mirada hacia el duque de Agnes.

—Y usted también, su gracia... ayude a anular este matrimonio. Él no es feliz conmigo. Nunca lo será.

Alexander negó despacio, sin saber exactamente qué decir. Estaba avergonzado de cualquier cosa que hubiera hecho su hijo para que Liviana llegara a ese estado, suplicando una anulación.

Henry permaneció varios segundos en silencio antes de responder.

—No puedo hacerlo —respondió finalmente con firmeza.

Liviana negó una y otra vez, todavía llorando.

—¡Sí puede! —gritó desesperada, pasándose una mano por el cabello. Sus rizos estaban ya algo desordenados. Luego añadió con la voz mucho más baja—. Sí puede...

Henry volvió a negar.

—No. Esto es algo que va más allá de un capricho. Ambos, tú y Stafford, deben aprender a convivir juntos. Ahora son marido y mujer y deben resolver sus problemas como los adultos que son.

Ella dio otro paso. Las lágrimas seguían cayendo sin descanso.

—Se lo suplico —dijo Liviana, abrazándose a sí misma, sin escuchar realmente a su padre. Solo necesitaba oír que alguien la ayudaría—. Si anula este matrimonio... desapareceré de su vida.

Henry frunció el ceño, desconcertado, ladeando ligeramente la cabeza.

—No volverá a verme nunca más. No tendrá que soportarme otra vez bajo este techo. Pero, por favor... anule este matrimonio.

Alexander observó a Liviana y comprendió que esa conversación solo estaba empeorando su estado. Primero necesitaba calmarse.

Dirigió una discreta mirada a Lillian, y ella entendió el gesto de inmediato. Se acercó nuevamente a Liviana y tomó su mano.

—Ven conmigo, querida.

Liviana no se opuso; ya no tenía fuerzas. Permitió que la condujera fuera del salón.

Atravesaron el corredor en silencio hasta salir al jardín. El aire fresco acarició su rostro húmedo y cerró los ojos por un instante, rogando que todo eso fuera solo una pesadilla. Pero, al abrirlos, seguía en el mismo lugar.

Contempló sin ver realmente los rosales y los senderos de grava mientras las lágrimas continuaban resbalando lentamente por sus mejillas.

Lillian la observó durante varios segundos, sintiéndose profundamente culpable por la situación. Nunca había visto a Liviana tan rota. Ni siquiera cuando su padre la rechazaba.

Con delicadeza, tomó una de sus manos entre las suyas.

—Perdóname —pidió en un susurro, mientras sus propios ojos comenzaban a humedecerse.

Liviana la miró sin comprender por qué le pedía perdón.

—Jamás imaginé que unirlos pudiera causar tanta desdicha. Creí... de verdad creí que, si Marcus llegaba a conocerte como yo te conozco, terminaría viendo lo buena, lo inteligente y lo hermosa que eres.

Lillian negó despacio.

—Pensé que acabaría queriéndote —lamentó, apretando suavemente su mano—. Me equivoqué. Y lo lamento muchísimo.

Liviana bajó la cabeza y dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Lo merezco —dijo con la voz quebrada. Lillian negó enseguida.

—No. No digas eso.

—Siempre supe que Marcus nunca me amaría. Que solo tenía ojos para la señorita... Ashton.

La voz se le entrecortó aún más al pronunciar ese nombre y una nueva lágrima cayó sobre sus manos.

—Debí entender que este matrimonio nunca tendría futuro. Solo forzamos algo que estaba destinado a fracasar desde el principio. Ahora somos un matrimonio miserable... y no veo otro final que una anulación.

Lady Lillian cerró los ojos un instante y volvió el rostro hacia los rosales. Por primera vez, no encontró palabras de esperanza ni de consuelo que ofrecerle.

Respiró hondo.

—Mientras decidimos qué hacer... y hablo con Marcus... —comenzó la duquesa, tomando aire una vez más—, quiero pedirte algo.

Liviana la miró, esperando que continuara.

—Ve a Green Hills durante una temporada.

El aire del campo te hará bien. Necesitas descansar...

sanar un poco... y recuperar fuerzas antes de afrontar lo que venga.

Porque, si finalmente llegamos a una anulación...

—Su voz descendió ligeramente, como si le costara admitir su fracaso—, tu futuro no será sencillo, querida.

El escándalo dañará tu reputación. Mucho. Incluso podrías... quedarte solterona.

Liviana asintió despacio. Eso ya lo sabía y no la asustaba.

—Lo sé. Estaré preparada —dijo con la mirada perdida entre los rosales.

Aunque sabía lo que implicaba una anulación, en el fondo ya había tomado otra decisión.

Cuando todo terminara, se marcharía de Londres. Muy lejos de Marcus y de su padre. Lejos de las dos personas que más daño le habían hecho en toda su vida.