Miserable Matrimonio Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—¿Y por qué está usted aquí, en este rincón, siendo la hermana del anfitrión? —preguntó con curiosidad, evitando seguir hablando de ella.

Lady Charlotte dio un sorbo a su copa y se encogió de hombros.

—Una solterona puede hacer lo que quiera, querida —fue su única respuesta.

Liviana intentó no mostrarse demasiado expresiva ante esas palabras.

Jamás habría imaginado que una mujer como ella fuera una solterona.

Era muy hermosa: tenía un brillante cabello rubio, ojos grises y un rostro perfectamente cincelado que llamaría la atención de cualquier caballero de la alta sociedad.

Era un poco más alta que Liviana y poseía una figura llena y armoniosa, muy parecida a la suya.

Entonces cayó en la cuenta de que la belleza de Charlotte no había sido suficiente para que un caballero la eligiera si su figura era demasiado redondeada y no tan esbelta como dictaban los cánones de la sociedad.

Por un momento se vio reflejada en la dama una vez que Marcus decidiera anular el matrimonio. Sabía que ningún hombre volvería a fijarse en ella. El escándalo la marcaría para siempre y su aspecto añadiría todavía más obstáculos a su situación.

Pero tal vez... ser una solterona no fuera tan malo, después de todo.

∞∞∞

Marcus seguía en compañía de sus amigos, olvidando por un momento la molestia que le había causado que Windsor se fijara en su esposa más de lo que debía.

Aunque sus palabras habían sido educadas y correctas, la doble intención estaba ahí, y la forma en que había mirado a Liviana no le pasó desapercibida.

No era que le gustara su esposa, pero mientras estuviera casada con él, nadie más tenía derecho a mirarla con deseo.

—Buenas noches.

Marcus volvió la vista hacia su hermana.

Todos respondieron con educación mientras él se alejaba del grupo, seguido por Aline, quien, estaba seguro, algo quería al acercarse.

—¿Madre te envió? —preguntó entrecerrando los ojos, dispuesto a darle la espalda si su madre le había mandado algún recado.

Pero su hermana negó con la cabeza, haciéndolo relajarse.

—Si es así, demos una vuelta por el salón —le ofreció el brazo, y enseguida Aline lo tomó—. ¿Has recibido alguna propuesta de matrimonio?

Miró a su hermana de reojo mientras caminaban, viendo cómo sus mejillas se teñían de un ligero rubor. Sonrió divertido antes de volver a buscar, inconscientemente, a su esposa. Había intentado localizarla mientras conversaba con sus amigos, pero no sabía dónde se había metido.

—Tal vez... —respondió Aline con una sonrisa, pero luego apretó un poco más su brazo, guiándolo hacia la salida del salón—. Pero olvídate de mí ahora. Emma te está esperando en el jardín —susurró lo último con complicidad.

Marcus se detuvo en seco justo en la entrada, haciendo que su hermana casi tropezara.

—¡Marcus! —chilló en voz baja, regañándolo.

—Sabes que estoy casado, Aline —masculló con severidad, aunque sus ojos buscaron instintivamente la figura de Emma. Él también quería verla—. No puedo verme con ella.

—Pero, Marcus, todos sabemos que no deseabas casarte con esa mujer —replicó Aline con el ceño fruncido—. Sé que a quien amas es a Emma, y ella a ti. Está sufriendo por esta situación y me ha rogado que te buscara porque necesita verte.

—No deberías meterte en esto, ni en mi vida personal ni en la de Emma —añadió él—. Ella sabe que no podemos vernos. En estos momentos mi reputación pende de un hilo y, si alguien nos ve, tanto ella como yo estaríamos arruinados.

—Hay muchos hombres que mantienen a sus amantes en secreto sin que nadie sospeche nada —insistió Aline, bajando la voz—. No digo que conviertas a Emma en tu amante; ella merece más que eso. Pero me niego a verte casado toda la vida con esa mujer. ¿Serás infeliz el resto de tu vida?

Marcus relajó el semblante, sabiendo que su hermana solo deseaba verlo feliz. Sin embargo, ella no comprendía todo lo que estaba en juego. Volvió a ofrecerle el brazo. Aline se negó durante unos segundos antes de bufar y aceptarlo.

—No pienso ser infeliz para siempre, Aline, pero todo tiene su momento. Emma debe ser paciente; ya se lo he dicho.

—¿Paciencia? —respondió ella con un suspiro de frustración—. Marcus, yo estaría igual de desesperada que ella si viera que el hombre que amo cayera en la trampa matrimonial de otra mujer.

Estaba más que claro que su hermana no entendería.

—A ver, dime quién es el caballero que ha llamado tu atención —dijo, desviando el tema.

—¡Marcus! Podré ser menor que tú, pero no tienes derecho a evadirme.

—Sí lo tengo. Ahora dime quién es.

Aline volvió a disimular un bufido cuando regresaron al salón.

—Es el conde de Granard, Lord Diego. Aún no ha pedido mi mano en matrimonio, pero ha ido a visitarnos toda la semana. Incluso pidió permiso a padre para cortejarme.

Aline continuó contándole, ilusionada, todo acerca del conde, mientras Marcus no dejaba de buscar con la mirada a Liviana entre la multitud, sin mucho éxito.

«¿Dónde estás, lobita?»

Se preguntó, molesto consigo mismo por haber sido tan descuidado al perderla de vista.

No debió decirle que se alejara de él.