Miserable Matrimonio Capítulo 17 #2
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Capítulo 17 #2

—No tienes derecho a llamarme por mi nombre. Aunque seas mi esposa ante la ley, solo eres una carga más en mi vida que deseo quitarme de encima lo antes posible.

—Stafford.

La voz del duque de Beaufort llegó a sus oídos, pero apenas la percibió. Estaba tan sumida en el dolor que las palabras de Marcus, pronunciadas en un tono demasiado bajo y suave, pero crueles como cuchillos, habían acallado todo lo demás.

Estaba comenzando a pensar que tenerlo lejos era lo mejor para ella. Cada palabra que le dirigía era más cruel que la anterior.

Marcus giró la cabeza al observar que Beaufort se acercaba acompañado del marqués de Winchester. Al llegar frente a ellos, ambos hicieron una leve reverencia ante Liviana, que parpadeó reaccionando y tratando de mantener la compostura, aunque le estaba resultando demasiado difícil.

—Lady Stafford —saludó Beaufort con una sonrisa amable—. Me alegra verla nuevamente.

Liviana forzó una sonrisa que ni siquiera parecía genuina.

—Lo mismo digo, su gracia.

—Debo admitir que esperaba con interés este baile —añadió Winchester con una sonrisa—. Al fin tengo el placer de conocer formalmente a la nueva marquesa de Stafford.

Liviana miró al hombre que acompañaba al duque.

Imaginaba que debía de ser otro amigo de su esposo.

Era alto, de espalda ancha y figura bien proporcionada.

Poseía facciones marcadas y varoniles, una mandíbula firme y unos pómulos bien definidos.

Tenía el cabello rubio y los ojos azules.

Liviana respondió enseguida con una inclinación de cabeza.

—Es un placer conocerlo, milord —expresó con voz moderada.

Beaufort dirigió una mirada divertida a Marcus.

—No esperaba verte aquí tan puntual.

Marcus apretó los labios en una fina línea.

—Mi madre habría ido personalmente a buscarme si faltaba —replicó en tono bajo.

Tanto Beaufort como Winchester dejaron escapar una breve sonrisa.

—Eso suena mucho a la duquesa de Agnes —comentó Winchester divertido. Todos sabían lo intensa que era la madre de Marcus.

—¡Beaufort! —una nueva voz resonó cerca de ellos.

Liviana levantó la vista para ver cómo dos hombres más se acercaban al grupo.

Por instinto retrocedió dos pasos, quedando casi detrás de Marcus. Agachó la cabeza, queriendo ser invisible y sumirse en sus propios pensamientos. No quería hablar ni conocer a nadie más por el momento.

—¿Los hermanos William? —expresó Marcus con sorpresa, estrechándoles la mano cuando llegaron hasta ellos.

—Acabamos de regresar esta misma mañana de Francia —explicó uno de ellos.

—Pensamos que ya era hora de volver a casa —añadió el otro con una sonrisa.

Marcus asintió con una media sonrisa. Liviana continuaba detrás de él, escuchando cómo su tono era mucho más relajado cuando estaba con sus amigos, mientras que con ella solo era duro y cortante.

—Me alegra verlos de regreso —comentó Beaufort.

Uno de los hombres miró a Marcus con una ceja arqueada y una expresión divertida.

—Supimos que te casaste hace unos días, Stafford —comentó.

Marcus borró su sonrisa e hizo un gesto de indiferencia. Luego se giró hacia Liviana para hacerle una señal de que se acercara. Liviana dio un paso al frente y fingió una vez más una sonrisa amable.

—Les presento a mi esposa, Liviana Stafford.

Los hermanos hicieron una reverencia educada.

—Es un placer conocerla, milady —dijo uno de ellos.

Liviana asintió, mirándolos discretamente sin encontrar mucha diferencia entre ambos. Eran mellizos casi idénticos.

—Logan William, duque de Windsor.

—Leonardo William, marqués de Normanby.

Liviana respondió una vez más con una inclinación de cabeza.

—El placer es mío —respondió, tratando de no preguntar por qué ambos hermanos poseían títulos.

Lo más común era que solo el mayor heredara uno, pero, en ese caso, parecía que la herencia de la familia William se había bifurcado de una manera poco convencional.

Windsor observó a Marcus con una sonrisa apenas perceptible.

—No creí que te casarías tan pronto, Stafford —dijo, pero su mirada se dirigió a Liviana, observándola detenidamente, aunque la apartó enseguida—. Pero creo que eres tú quien ha tenido más suerte.

Marcus arqueó una ceja sin responder al cumplido. Solo desvió brevemente la mirada hacia Liviana. Ella continuaba sonriendo con serenidad, con las mejillas ligeramente sonrosadas. Apretó los puños, sintiendo una punzada que no supo cómo interpretar.

Se acercó a ella, haciéndola mirarlo.

—Vete —le ordenó con voz baja, casi en un susurro.

Ella lo miró sorprendida.

—No sé, busca a mi madre o a alguien con quien hablar, pero mantente alejada de mí hasta que te busque para un baile. Luego nos iremos.

Liviana respiró hondo, haciendo que su pecho subiera y bajara. Sin evitarlo, Marcus bajó la mirada hacia su escote, notando cómo sus pechos parecían estar incómodamente contenidos bajo el ajustado corpiño. Apretó los labios y desvió la mirada con el ceño fruncido.

—Vete —repitió, esta vez con un tono más severo.

Ella, sin decir una palabra, dio media vuelta y se alejó entre la multitud. Liviana caminó por las orillas del salón, evitando las miradas.

¿Con quién quería Marcus que ella hablara?

No conocía a nadie y, al parecer, ninguna dama estaba interesada en entablar conversación con ella.

Siguió caminando hasta encontrar un rincón tranquilo y apartado.

Tampoco quería hablar con la duquesa, al menos no esa noche.

No necesitaba escuchar palabras de aliento ni falsas esperanzas, que era lo que, seguramente, le ofrecería Lillian.

Ya empezaba a resignarse y, muy en el fondo, esperaba que en cualquier momento Marcus le dijera que anularía el matrimonio.

Se sentiría triste durante un tiempo, pero al menos sanaría poco a poco.

En cambio, permanecer casada con alguien que la despreciaba abiertamente terminaría por destruirla por completo.

Quizá lo mejor sería desaparecer antes de que el daño fuera irreversible.

Ella lo quería, pero sentía que era un amor sin sentido.

¿Por qué lo quería?

¿Por qué aferrarse a alguien que solo la despreciaba?

Soltó un suspiro, recostándose contra la pared y echando la cabeza hacia atrás para mirar el techo, iluminado por cientos de velas.

—¿Es de aburrimiento o alguien la decepcionó? —escuchó una voz femenina cerca y enseguida se recompuso.

Era incorrecto estar en esa posición y más aún en un evento social, pero había pensado que allí nadie la estaría viendo.

Cuando levantó la vista, vio a una dama con dos copas de ponche en las manos.

Le ofreció una de ellas.

Liviana miró la copa y luego a la mujer. Por educación, la tomó.

—Gracias.

La mujer le sonrió.

—¿No debería estar con su esposo? —preguntó de repente.

Liviana la miró. No la conocía. ¿Quién era para preguntarle algo así?

—Soy Charlotte Kendall, hermana del vizconde de Bolingbrooke —se presentó.

—Oh... —musitó Liviana—. Encantada de conocerla, Lady Charlotte. Es una velada encantadora.

Lady Charlotte la miró con una ceja arqueada.

—No lo cree en realidad; de lo contrario, no estaría escondida aquí —dijo con una chispa de diversión.

Liviana bajó la mirada, avergonzada, y dio un pequeño sorbo a la bebida para ocultarlo.

Cuando el líquido tocó su lengua, se sorprendió al descubrir un sabor intenso y especiado, pero delicioso. Volvió a dar otro sorbo.

«¿Por qué no probé esto antes?», pensó, mirando el contenido de la copa antes de llevarla nuevamente a los labios. Sin embargo, sintió que alguien se la arrebataba de las manos.

Liviana miró a Lady Charlotte.

—Por la forma en que lo está tomando, veo que es la primera vez que bebe ponche —dijo con una sonrisa divertida—.

Es bastante fuerte para alguien que no está acostumbrada y no deseo que termine dando un espectáculo que la sociedad adorará recordar, pero que usted lamentará mañana.

Pensé que sabía beberlo cuando se lo ofrecí.

Liviana miró a la mujer sin decir nada, sorprendida incluso por su ayuda y franqueza.