Miserable Matrimonio Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

—Marcus no me ama, nana. Y yo lo forcé a un matrimonio que jamás deseó. No puedo esperar que ahora actúe como si estuviera feliz de tenerme por esposa.

—Tú no mereces que nadie te haga sufrir.

Liviana apretó los labios, pero no respondió.

La señora Parker la observó durante unos segundos, apretando los puños. Había guardado silencio durante todos esos días, principalmente porque sabía cuánto apreciaba Liviana a Lady Lillian. Sin embargo, verla asumir toda la culpa de lo ocurrido comenzaba a resultarle insoportable.

—Y tampoco eres la única responsable de ese matrimonio.

Liviana alzó la mirada hacia ella.

—Nana...

—Sé que quieres mucho a la duquesa y que ella te tiene cariño, pero alguien tiene que decirlo, Liviana —continuó la mujer con seriedad, mientras las arrugas de su rostro se marcaban un poco más—.

Lady Lillian sabía que estabas enamorada de su hijo.

También era consciente de cuánto temías casarte con Lord Aldermere y de lo desesperada que estabas por encontrar una manera de evitar ese compromiso.

Fue ella quien te animó, quien te presionó para que te acercaras al marqués y quien vio en ti la oportunidad de impedir que su hijo terminara casándose con la señorita Ashton.

Liviana bajó lentamente la cabeza, mordiéndose el labio para no llorar. Ella conocía muy bien todas esas verdades, pero que su nana... la mujer en quien estaba buscando consuelo, se las dijera tan abiertamente... dolía.

La señora Parker comprendió de inmediato que había sido demasiado dura. Suavizó el semblante y dio un paso hacia Liviana.

—Mi niña, perdóname. No pretendía...

—No —la interrumpió Liviana con suavidad, negando con la cabeza—. No tienes que disculparte.

Respiró profundamente, conteniendo las lágrimas antes de volver a caminar.

—Tienes razón. En todo lo que has dicho.

Admitirlo en voz alta se sentía un poco liberador. Lady Lillian la había ayudado cuando más desesperada estaba, y Liviana nunca podría olvidar eso. Pero también era cierto que se había aprovechado de sus sentimientos por Marcus y de su temor a Lord Aldermere para conseguir lo que deseaba.

Eso no eliminaba su propia responsabilidad. Al final, había sido ella quien había aceptado sin oponer demasiada resistencia.

—Lady Lillian pudo convencerme de muchas cosas, pero yo pude negarme —continuó, hundiendo los hombros—. Sabía que Marcus no quería casarse conmigo y, aun así, seguí adelante. Ahora solo me queda esperar lo que él decida hacer.

La señora Parker frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—A si quiere que continuemos encadenados a este matrimonio... o si decide buscar una anulación —repuso después de unos segundos de silencio.

—¿Una anulación? —repitió su nana, alarmada—. Liviana, ¿el marqués ha hablado de...?

Las palabras murieron en sus labios cuando el conde apareció frente a ellas. Acababan de llegar al corredor que comunicaba el vestíbulo con las demás salas de Hamilton House.

Liviana se detuvo en seco. No había vuelto a ver a su padre desde el día de su boda, cuando simplemente la había dejado en manos de Marcus sin decir nada más.

Y, aunque sabía que existía la posibilidad de encontrarlo durante su visita a Hamilton House, una parte de ella había esperado poder entrar y salir sin cruzarse con él.

El conde recorrió a su hija lentamente con la mirada antes de fruncir el ceño.

—Llevas menos de una semana casada y ya estás aquí de regreso —comentó finalmente con tranquilidad—. ¿Acaso tu esposo tampoco te soporta?

Liviana sintió el golpe de esas palabras directamente en el pecho. Cerró los ojos durante un segundo y volvió a abrirlos para mirar a su padre.

Marcus no la soportaba y su padre tampoco.

Los dos hombres que quería en su vida no toleraban su presencia. ¿Qué había hecho para que fuera tan difícil quererla?

Sintió que los ojos comenzaban a arderle, pero se negó a llorar. No delante de él. Había llorado demasiado por Marcus durante los últimos días y demasiadas veces por su padre a lo largo de su vida. Ya no podía soportar más dolor.

Sus manos se cerraron lentamente en puños a ambos lados de su falda.

—No —siseó entre dientes.

El conde arqueó una ceja.

—Solo he venido porque quería ver a mi nana. Era lo único que extrañaba de esta casa.

El rostro del conde reflejó sorpresa, seguida de una mueca de desdén. Pero ella sostuvo su mirada con frialdad y añadió:

—Si tampoco puedo hacer eso sin que mi presencia le moleste, entonces me marcharé.

—Liviana... —intervino la señora Parker con preocupación.

Ella volvió la mirada hacia su nana.

—Será mejor que nos veamos otro día —dijo suavizando la expresión.

—Pero acabas de llegar.

—Lo sé —respondió, mirando nuevamente a su padre—. Pero no soy bienvenida.

Y, sin más, dio media vuelta y se alejó de su padre y de la señora Parker. Salió de la residencia y el mismo impulso, subió a su carruaje sin siquiera mirar atrás.

Hamilton House había sido su hogar durante toda su vida, pero, por primera vez, comprendió que ya no tenía ninguna obligación de soportar las palabras de su padre.

Ya no vivía allí.

Y quizá esa era una de las pocas cosas buenas que le había dejado su matrimonio.