Miserable Matrimonio Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—¿Y esa extraña mezcla de leche con mermelada? —musitó, ladeando la cabeza. Luego la sacudió con impaciencia—. No tienes que pensar en ella, Marcus. Por favor, concéntrate en lo importante.

Y eso era cómo conseguir la anulación.

Con un suspiro, apartó a su esposa de sus pensamientos y se concentró en repasar los puntos señalados en rojo en el mapa que le había entregado el detective Vance. Algunos estaban relativamente cerca de sus tierras, algo que le facilitaría acercarse sin levantar sospechas.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió. Marcus levantó las cejas sin apartar la mirada del mapa, sabiendo que los únicos que se atrevían a hacer algo así eran sus padres.

—Vaya, tuve suerte de encontrarte.

La voz seria de su padre lo hizo levantar la mirada a la vez que volvía a cerrar el mapa.

—Buenos días, padre —saludó con cierta ironía—. Supongo que vienes por petición de mi madre, ¿o me equivoco?

Alexander se encogió de hombros mientras se servía un poco de licor.

—Sabes que no deberías beber tan temprano —le recordó Marcus, frunciendo el ceño—. Si mi madre te ve, sabes que se enfurecerá y probablemente te confiscará la botella durante todo un mes.

—Solo es un poco —respondió el duque, sentándose frente a su hijo.

Marcus negó con la cabeza. Desde que su salud había comenzado a deteriorarse y el médico le había advertido que debía moderar el consumo de alcohol, su padre procuraba no excederse con la bebida. O, al menos, eso era lo que aseguraba delante de Lillian.

—¿Y bien? ¿Qué quejas tiene la duquesa contra mí? —inquirió Marcus sin perder el tono irónico.

Su padre dio un pequeño sorbo al licor.

—No solo tu madre. Yo también quiero que me expliques por qué evades tus responsabilidades como esposo.

Marcus resopló.

—Les advertí claramente que este matrimonio no sería real.

Me casaría, pero jamás consideraría a Liviana como mi esposa en la intimidad —respondió, manteniendo la serenidad e incluso sonriendo un poco al ver la seriedad con la que su padre lo miraba—.

Lo advertí, padre. Ustedes pensaron que no cumpliría mi palabra, cuando saben perfectamente que siempre la cumplo.

El duque fulminó a su hijo con la mirada.

—Este es un caso diferente. Ahora ella es tu esposa y tu deber como marqués y futuro duque es asegurar la sucesión. Conoces perfectamente cómo funciona nuestra sociedad y lo que se espera de ti, Marcus.

Marcus apretó los puños. Sí, sabía cómo funcionaba. También sabía que tenía el deber de procurar herederos que continuaran con el linaje y preservaran el legado familiar.

El semblante de Alexander se suavizó un poco.

—Por favor, hijo. Sabes que mi salud se deteriora cada vez más. No sé cuánto tiempo me queda y...

—No digas algo así —imploró Marcus entre dientes.

No soportaba escuchar que la vida de su padre pudiera acabar en cualquier momento. Amaba a su progenitor y saber que, en algún momento, él... moriría le provocaba un profundo dolor en el pecho.

—Es la realidad, hijo. Tanto tú como Lillian y Aline deben estar preparados para cuando llegue ese momento. Tú asumirás el título de duque y tus responsabilidades serán mayores.

—No me importa el título —musitó Marcus con la cabeza baja y los dedos fuertemente entrelazados sobre la mesa.

—Pues debería. Como también deberías aprovechar este tiempo para mejorar la relación con tu esposa. Sé que no era lo que deseabas, pero las circunstancias y el destino así lo quisieron, hijo. No puedes luchar contra eso.

Marcus no respondió. Ya no tenía ganas de discutir con su padre. Tampoco le hablaría de sus planes de anular el matrimonio. Le daría los nietos y herederos que deseaba, sí, pero con la mujer que él quisiera y eligiera tener a su lado, no con Liviana.

—Está bien, padre. Puedes decirle a mi madre que lo intentaré.

Alexander sonrió complacido.

—También quiere saber si asistirán al baile de los vizcondes de Bolingbrooke.

—Si no asistimos, ella misma vendrá a buscarnos.

Ambos soltaron una leve carcajada.

—Menos mal que conoces a tu madre.

Marcus asintió, aunque la tristeza aún se reflejaba en su rostro por la conversación que acababan de tener. No sabía qué haría el día en que realmente su padre le faltara, pero, por el momento, procuraría mantenerlo feliz, aunque sus verdaderos planes eran otros.

∞∞∞

Liviana bajó del carruaje frente a las puertas de Hamilton House, alzó la mirada y contempló la imponente fachada de piedra que se erguía ante ella.

Claramente, no tenía nada que ver con su nuevo hogar, pero, a decir verdad, no extrañaba la vida que había tenido ahí junto a su padre.

Lo único que extrañaba era a su nana, y precisamente por ella estaba ahí.

La puerta principal se abrió enseguida. Liviana sonrió al ver a la señora Parker acercarse y avanzó también para recibirla con un abrazo. Cerró los ojos y aspiró. Había necesitado ese abrazo.

—Mi niña —susurró la señora Parker, separándose para mirarla con preocupación—. Tu padre aún está aquí. Creo que no piensa salir por ahora.

Liviana se tensó ligeramente, pero terminó asintiendo.

—Está bien. Después de todo, no es ningún crimen que quiera visitarte —respondió, dedicándole una sonrisa sin mostrar los dientes.

La señora Parker terminó asintiendo, aunque no demasiado convencida.

—Aun así, será mejor que nos quedemos en el jardín. Ahí estaremos más tranquilas y lejos de su alcance —añadió Liviana con un ligero tono divertido tratando de tranquilizarla.

—Pediré que te preparen algo. Una limonada y algunas galletas, ¿te parece bien? —propuso la señora Parker, pasando una mano sobre el dorso de la mano enguantada de Liviana.

—No es necesario. Desayuné antes de salir.

—De todos modos, buscaré las galletitas. Así te las llevas y las comes cuando quieras. Te las preparé como te gustan.

Liviana sonrió ampliamente. Ese pequeño gesto, sin duda, había conseguido alegrarle la mañana mucho más de lo que esperaba.

—Gracias —musitó con cariño.

Ambas entraron en la residencia, dejando atrás el carruaje.

—Y dime, mi niña, ¿cómo te está yendo con el marqués? ¿Te gusta tu nueva casa? —preguntó la señora Parker con curiosidad.

Liviana sonrió ligeramente.

—La casa me gusta mucho. Es más pequeña que Hamilton House, pero es tranquila y bastante acogedora. Y el personal también es agradable. Son pocos, aunque creo que eso también me gusta. La señora Rose y el señor Collins han sido muy amables conmigo, y las doncellas también.

—Me alegra escuchar eso —respondió su nana. Luego, con mayor seriedad, preguntó—. ¿Y el marqués?

La sonrisa de Liviana se desvaneció. Continuó caminando algunos pasos sin responder. No sabía exactamente qué decir. Tampoco quería mentirle a la mujer que prácticamente la había criado.

—Marcus... —comenzó. Bajó la mirada y se encogió ligeramente de hombros—. Supongo que estoy recibiendo lo que merezco por lo que hice.

La señora Parker se detuvo.

—Liviana.

Ella también se detuvo, aunque mantuvo la mirada baja.