Miserable Matrimonio Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—Estaba arreglando un poco el patio —respondió con suavidad, disimulando su vergüenza.

La duquesa arqueó las cejas, pero luego le dedicó una sonrisa divertida.

—Apenas llevas un día en esta casa y ya has comenzado a transformarla.

—Solo serán algunas flores.

—Me parece maravilloso, querida. Te apoyaré si consigues convencer a mi hijo de adquirir una residencia más acorde con su posición de marqués.

Liviana iba a negarse, alegando lo mismo que ya le había dicho a Beaufort, pero Lady Lillian se volvió hacia el duque.

—Beaufort —expresó con cierta sorpresa—. No esperaba encontrarlo aquí.

El duque hizo una reverencia.

—Su gracia.

Lillian paseó la mirada entre ambos, entrecerrando ligeramente los ojos.

—¿Dónde está Marcus?

—Marcus salió... temprano esta mañana —respondió Liviana, bajando ligeramente la mirada.

Una sombra de disgusto cruzó el rostro de Lillian, pero desapareció con rapidez mientras asentía.

—Comprendo —fue lo único que dijo, mirando ahora directamente al duque.

—Stafford siempre ha sido un hombre ocupado —justificó Beaufort, rehuyendo la mirada de la duquesa.

—Sí. Aunque hay días en los que un caballero debería recordar que ciertas ocupaciones pueden esperar.

Beaufort no respondió.

Liviana sintió aumentar la incomodidad del ambiente y no deseaba intervenir ni verse envuelta en esa tensión.

—¿Desea tomar té, Lady Lillian?

—Con gusto, querida.

—Si me disculpan unos minutos, iré a ordenar que preparen más té y traigan algunas pastas.

Liviana abandonó el salón y la sonrisa de Lillian desapareció apenas se cerró la puerta.

—¿Dónde está mi hijo? —cuestionó con voz severa.

—No sabría decirle dónde se encuentra ahora —respondió el duque con tranquilidad.

—No le he preguntado dónde se encuentra ahora. —Lillian tomó asiento frente a él—. Le he preguntado dónde ha estado. Si está aquí visitando a mi nuera, imagino que ha venido a cerciorarse de que se encuentra bien.

Beaufort dejó escapar un leve suspiro, desviando la mirada de la madre de su amigo. Esa mujer podía resultar bastante intimidante cuando se lo proponía.

—Está bien, su gracia —terminó diciendo.

—Eso ya lo supongo. Estuvo con usted, ¿cierto?

Beaufort guardó silencio unos segundos antes de mirarla fijamente.

—No considero que me corresponda hablar de los asuntos de Stafford sin su consentimiento.

—Soy su madre.

—Y él es mi amigo.

—Así que ni siquiera pasó la noche en su casa.

—Yo no he dicho eso.

—Tampoco ha tenido que hacerlo.

—Su esposa acaba de decir que salió temprano esta mañana. No saque conclusiones precipitadas, su gracia —advirtió el duque en un tono bajo y mesurado, procurando no ofenderla más de lo que ya podía haberlo hecho con esa observación.

Liviana regresó de la cocina después de ordenar a las doncellas que llevaran más té y algunas pastas.

Antes de entrar nuevamente en el salón, se detuvo al escuchar el tono de voz de la duquesa.

Se mordió el labio, debatiéndose entre entrar o esperar a que terminara la conversación, que parecía aún más tensa que cuando había salido unos minutos antes.

—Conozco a mi hijo lo suficiente para sacar ciertas conclusiones —replicó la duquesa.

«Están hablando de Marcus».

—Precisamente porque conoce a Stafford, su gracia, debería saber que él no deseaba este matrimonio.

—Tenía que asumir su responsabilidad.

—¿Por una trampa?

Liviana sintió que el corazón le daba un vuelco. El duque también pensaba que ella era culpable. Entonces, ¿por qué había sido tan amable con ella?

—¿Él le ha dicho eso? —preguntó Lady Lillian—. Ya ha conocido y hablado con la marquesa. ¿Acaso le parece una mujer capaz de semejante cosa?

Hubo un silencio.

Liviana bajó la cabeza y apretó los puños, esperando algún comentario cruel del duque hacia ella.

—No... —respondió Beaufort con seguridad—. Por lo poco que he podido conocerla, me cuesta creerla capaz de algo semejante. Incluso... creo que Stafford está siendo demasiado injusto con ella. Pero también lo comprendo —se apresuró a añadir.

Liviana se relajó un poco al escuchar que el duque no la consideraba la mujer tramposa que Marcus parecía ver en ella. Pero ella sí conocía la verdad, y no podía evitar sentirse culpable por permitir que Beaufort creyera lo contrario.

—Stafford también ha perdido la vida que llevaba antes de este matrimonio, su gracia —continuó el duque con mayor suavidad—.

No puede esperar que, al día siguiente, se comporte como si nada hubiera ocurrido.

Tampoco puede culparlo por preferir salir temprano de su propia casa y regresar tarde para evitar enfrentarse a una vida conyugal que nunca deseó.

Liviana retrocedió un paso y llevó una mano al pecho. Marcus no solo la odiaba. Su presencia había conseguido que evitara la casa en la que vivía, el lugar que había escogido precisamente por la tranquilidad y la intimidad que le ofrecía.

La noche anterior, cuando se dispuso a seducirlo para evitar que anulara el matrimonio en el futuro, la hizo sentir vergüenza y culpabilidad.

¿Con qué derecho podía desear que permanecieran unidos cuando él ni siquiera deseaba regresar a su propio hogar?