Miserable Matrimonio Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

—No se preocupe. Debí suponer que Stafford tendría otros asuntos que atender esta mañana —respondió él.

Apoyó un brazo sobre el del sillón y llevó los dedos al mentón mientras la observaba con curiosidad—.

Dígame, ¿por qué quiere transformar el patio?

Apenas hay espacio allí. Más de una vez le he dicho a Stafford que debería considerar una residencia más amplia.

Liviana sonrió ligeramente y bajó la mirada hacia sus manos, frunciendo los labios al reparar en que había olvidado ponerse los guantes.

—A mí me gusta esta casa —respondió con suavidad, volviendo a mirarlo. Beaufort arqueó una ceja.

—¿En serio?

—Sí. Es tranquila y acogedora. Las casas demasiado grandes pueden sentirse... solitarias cuando hay pocas personas en ellas.

Liviana lo sabía por experiencia. Había crecido en Hamilton House, un lugar donde solo estaban su padre, ella y el personal de servicio.

Y aunque los sirvientes y su nana conseguían que no se sintiera completamente sola, no era lo mismo que tener una verdadera familia: un padre que la quisiera, una madre que siempre estuviera allí, quizá algunos hermanos.

Dejó escapar un suspiro casi imperceptible y apartó aquellos pensamientos. Eso no era más que un sueño, la clase de familia que siempre le habría gustado tener.

—Entonces tiene algo en común con su esposo. A Stafford siempre le ha gustado esta casa precisamente porque es tranquila y, según él, se siente menos vacía que una gran residencia.

Ella asintió despacio, reafirmando algo que ya intuía.

—El señor Collins me ha contado que mi esposo aprecia mucho su tranquilidad y su privacidad —respondió Liviana con suavidad.

Y también había tenido que comprobarlo de la peor manera.

Aún le dolía el corazón al recordar la forma en que Marcus la había sacado de su habitación la noche anterior.

Ella sabía que esa era una posibilidad, pero aun así le dolía pensar que ni siquiera le hubiera permitido explicarse y, sobre todo, que realmente no tuviera intención alguna de cumplir con uno de sus deberes como esposo: consumar el matrimonio.

Era algo en lo que no había querido pensar demasiado desde que abrió los ojos esa mañana.

Temía que, mientras el matrimonio permaneciera sin consumar, Marcus encontrara alguna forma de solicitar una anulación.

Y si llegara a conseguirla, su reputación jamás volvería a recuperarse.

Después de un escándalo semejante, ¿qué caballero de la nobleza querría casarse con ella?

—Entonces, ¿prefiere transformar un espacio reducido antes que mudarse a una residencia mayor?

Liviana levantó nuevamente la mirada, saliendo de sus pensamientos. Sonrió y asintió.

—Efectivamente —respondió ella—. Es demasiado triste. Solo hay piedras, barro y las caballerizas al fondo. Pensé que unas flores podrían darle un poco de vida. Quiero colocar también un banco y quizá una pequeña mesa para poder sentarme allí cuando haga buen tiempo.

—Veo que ya tiene planes para la casa.

—Necesitaré algo en qué ocuparme —respondió, encogiéndose ligeramente de hombros—. Y me gustan las flores.

—No creo que tenga que preocuparse por encontrar ocupaciones durante demasiado tiempo —añadió él con una sonrisa algo divertida.

Liviana frunció el ceño sin perder la sonrisa, ahora de un modo más divertido y relajado.

—¿Por qué lo dice?

—Porque Stafford desea tener hijos. Cinco, si no ha cambiado de parecer.

La sonrisa de Liviana desapareció poco a poco.

—¿Cinco? —murmuró.

—Cinco —confirmó Beaufort—. Aunque nunca comprendí por qué estaba tan seguro de la cifra antes siquiera de tener esposa...

Liviana bajó la mirada hacia sus manos, dejando de escuchar al duque.

«Marcus quiere tener hijos. ¿Y cinco?»

Durante un instante imaginó niños corriendo por la casa, risas llenando los corredores, juguetes abandonados en cualquier rincón y manitas regordetas arrancando las flores que ella misma acababa de plantar.

En su mente era una imagen perfecta, pero desapareció casi tan pronto como había surgido.

Marcus quería hijos, sí. Solo que no los quería con ella. Él no la amaba y, si ni siquiera había querido consumar el matrimonio, la realidad era que tampoco deseaba que ella fuera la madre de sus hijos.

—Lady Stafford.

Liviana levantó la mirada enseguida.

—Perdone mi distracción, su gracia —se disculpó, apretando las manos sobre su regazo.

Beaufort había dejado de sonreír y ahora la miraba con preocupación.

—¿He dicho algo que la haya incomodado?

—No —respondió enseguida, obligándose a sonreír—. Por supuesto que no, su gracia.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación antes de que Beaufort pudiera decir nada más. La señora Rose apareció en el umbral.

—Perdone la interrupción, milady. Su su gracia la duquesa de Agnes acaba de llegar.

Liviana parpadeó sorprendida.

«¿Lady Lillian también?»

Al parecer, esa mañana recibiría más visitas de las que había esperado.

—Hágala pasar, por favor.

No pasó mucho tiempo antes de que Lady Lillian apareciera en el salón. Liviana se puso de pie para recibirla y Beaufort hizo lo mismo de inmediato.

—Liviana, querida —saludó la duquesa con una sonrisa, acercándose a ella.

—Buenos días, su gracia.

Lillian tomó suavemente sus manos antes de reparar en las pequeñas manchas de tierra que había en su vestido.

—¿Qué has estado haciendo? —inquirió con curiosidad.

Liviana sintió que sus mejillas se calentaban un poco. No deseaba que precisamente su suegra la viera en ese estado.