Capítulo 11
Liviana observó cómo Marcus se alejaba del vestíbulo, dejándola con el mayordomo de la residencia, que la miraba aguardando su respuesta.
La verdad, le había sorprendido un poco que Marcus decidiera vivir en una residencia que no se comparaba en nada con Agnes House, la imponente mansión donde él se había criado.
Pero también le había gustado. Aún no había salido del vestíbulo, pero imaginaba que esa casa le agradaría y que no la haría sentir tan sola como sabía que estaría.
Dirigió nuevamente la mirada al mayordomo y esbozó una leve sonrisa.
—Preferiría conocer la casa y al personal, si no supone ninguna molestia.
—Será un placer, milady —respondió el mayordomo con una leve inclinación de cabeza—. Mi nombre es Collins. Llevo al servicio de Lord Stafford desde que adquirió esta residencia.
Liviana asintió.
—Es un gusto conocerlo, señor Collins.
—Si me permite, comenzaré por presentarle al personal —expresó el mayordomo, complacido por el trato recibido.
Liviana lo siguió por un corto pasillo hasta llegar a la parte posterior de la residencia. A diferencia de Hamilton House, donde siempre había sirvientes por todas partes y a todas horas, allí reinaban la tranquilidad y el silencio.
En pocos minutos conoció al ama de llaves, la señora Rose; a la cocinera, la señora Bennett; a dos doncellas, dos lacayos y al cochero.
No pudo evitar sorprenderse y miró al mayordomo con expresión de desconcierto.
—¿Este es todo el servicio de la casa? —preguntó con curiosidad.
Collins asintió.
—Así lo prefiere Lord Stafford, milady. Siempre ha apreciado su privacidad y tranquilidad.
Liviana volvió la vista hacia los sirvientes, que la observaban con una sonrisa respetuosa. Nunca imaginó que a su esposo le gustara estar rodeado de tan poco personal y que prefiriera la tranquilidad a la ostentación.
—Es un placer conocerlos —expresó Liviana con voz suave y tranquila, recordando cómo en la academia le habían enseñado que la señora de una casa debía conocer a su personal y ganarse su confianza.
Los sirvientes hicieron una reverencia.
—Será un placer para nosotros servirle, milady —respondió el ama de llaves.
—Si me permite la pregunta, milady... ¿ha traído con usted una doncella personal? —preguntó el mayordomo después de unos instantes.
Liviana negó suavemente con la cabeza. En la casa de su padre no tenía una doncella personal; era su nana quien la atendía y permanecía siempre a su lado.
Había querido llevarla consigo, pero era imposible.
Ahora era una mujer casada, y la señora Parker seguía siendo una sirvienta de Hamilton House.
—No.
—En ese caso, si así lo desea, puede elegir a una de las doncellas de la casa para que quede exclusivamente a su servicio.
Liviana guardó silencio unos segundos, observando a las dos únicas mujeres que formaban parte del servicio, además de el ama de llaves y la cocinera, antes de responder.
—Como solo hay dos doncellas, prefiero que no sea necesario asignar a ninguna de ellas a mi servicio exclusivo. Prefiero que se repartan las tareas relacionadas conmigo como lo hacían hasta ahora.
—Como desee, milady —Collins hizo una leve inclinación de cabeza—. Si lo desea, puedo mostrarle la residencia antes de acompañarla a sus aposentos.
—Me gustaría mucho. Gracias, señor Collins.
El mayordomo comenzó a caminar por el pasillo principal, mientras Liviana lo seguía con tranquilidad, procurando no pensar en todo lo ocurrido durante la última hora. Ya tendría tiempo de hacerlo cuando estuviera sola en su habitación.
La primera estancia que conoció fue el salón principal.
Era una habitación decorada con muebles de caoba, cortinas color marfil y una chimenea de mármol blanco.
No era un salón inmenso, pero la luz que entraba por los altos ventanales lo hacía parecer bastante acogedor.
Frente a este se encontraba un salón más pequeño, destinado a recibir visitas de mayor confianza.
Continuaron hasta el comedor. Era una estancia sobria, con una mesa de tamaño mediano de madera oscura, rodeada por apenas unas cuantas sillas.
—Mi esposo no recibe muchas visitas, ¿cierto? —preguntó Liviana, recorriendo el pequeño comedor con la mirada.
—Lord Stafford rara vez se sienta a comer aquí. Muchas veces prefiere hacerlo en su despacho y, en otras ocasiones, ni siquiera cena en la residencia —explicó Collins.
Liviana asintió sin decir nada, pensando que seguramente él continuaría con la misma rutina. Le había dejado muy claro que no cambiaría nada por ella.
Después pasaron por la biblioteca. Aquella estancia era, con diferencia, la más amplia de la planta baja.
Estanterías repletas de libros cubrían casi todas las paredes, mientras una escalera de madera permitía alcanzar los estantes más altos.
Cerca de la ventana había varios sillones y una pequeña mesa de lectura.
—Es una biblioteca preciosa —expresó Liviana, sin poder evitar sonreír. Al menos tendría muchos libros para entretenerse.
—Lord Stafford pasa aquí buena parte de su tiempo cuando permanece en casa —comentó Collins.
Liviana lo miró con los ojos brillantes. Entrar en la biblioteca le había levantado bastante el ánimo.
—No sabía que a Marcus le gustara leer —musitó, más para sí misma que para el mayordomo.
Aunque, viendo que la biblioteca estaba repleta de libros, era evidente que así era.
Abandonaron la biblioteca y continuaron por el pasillo. El mayordomo señaló una puerta cerrada.
—Ese es el despacho de Lord Stafford.
Liviana dirigió la mirada hacia la puerta de madera oscura y la sostuvo durante un par de segundos antes de seguir adelante hacia la cocina, donde la señora Bennett supervisaba la preparación del almuerzo.
Era una estancia amplia y perfectamente ordenada, aunque mucho más pequeña que la cocina de Hamilton House.
Finalmente, Collins la condujo hacia la escalera principal.
—En la planta superior se encuentran los aposentos —señaló con un gesto la escalera, y ambos comenzaron a subir lentamente—. Los aposentos de Lord Stafford se encuentran en el ala oeste de la residencia. Los suyos, milady, están en el ala este.
¿Ala este?
Liviana bajó la mirada, comprendiendo de inmediato a qué se refería Marcus con «los aposentos azules». Había procurado mantener la mayor distancia posible entre ambos.
Avanzaron por el corredor y Collins abrió una puerta acristalada que daba a un pequeño balcón.
—Desde aquí puede verse la parte trasera de la propiedad.
No había grandes jardines ni senderos adornados con estatuas, como en Agnes House.
Solo un pequeño patio empedrado que conducía a las caballerizas y a la cochera.
Se quedó observando aquel pequeño patio, imaginando cómo se vería con un poco de césped, algunas flores y quizá un banco con una pequeña mesa donde pasar las tardes más cálidas.
Sí, luego trabajaría en eso. Sería una forma de ocupar su tiempo. Sintió una pequeña emoción recorrerle el cuerpo. Poco a poco iría haciendo de ese lugar un verdadero hogar para ella. Lo triste era que Marcus ni siquiera le daría la oportunidad de hacer de ese matrimonio algo más real.
«Debes hacer, paso a paso, todo lo que te dije. Así lograrás que la convivencia mejore.»
Recordó las palabras de Lady Lillian, pero enseguida movió la cabeza. No quería pensar en eso ahora.
Liviana salió del pequeño balcón y Collins volvió a cerrar la puerta antes de continuar caminando por el corredor.
—En esta ala de la residencia se encuentran tres habitaciones. Dos permanecen preparadas para recibir invitados cuando Lord Stafford los tiene, aunque rara vez ocurre. Los aposentos del fondo han sido preparados para usted, milady.
Liviana asintió mientras seguía avanzando.
No tuvo que caminar mucho; los corredores eran cortos, con una decoración sencilla, pocos cuadros y algunos candelabros.
Al entrar en la que sería su habitación, encontró a las dos doncellas ocupadas acomodando sus pertenencias.
Una colocaba cuidadosamente sus vestidos dentro del guardarropa, mientras la otra ordenaba sus libros, joyeros y objetos personales sobre una cómoda.
Al verla entrar, ambas dejaron de trabajar para hacer una reverencia.
—Milady.
—No se detengan por mí —dijo ella, indicándoles que podían continuar con sus labores.
Luego se detuvo para observar la estancia.
Era amplia y luminosa. Una gran cama con dosel dominaba el centro de la habitación, cubierta con ropa de cama en tonos marfil.
Junto a uno de los ventanales había un pequeño sofá acompañado por una mesa redonda, mientras que, frente a la chimenea, se encontraban dos cómodos sillones.
Liviana sonrió al pensar que era el lugar perfecto para sentarse a leer o bordar durante las tardes de invierno.
Contra una de las paredes descansaba un amplio armario de caoba y, junto a él, una cómoda donde las doncellas acomodaban sus pertenencias. Un elegante tocador con un gran espejo ocupaba un rincón de la habitación, ya dispuesto con los cepillos, peines y frascos que habían traído de Hamilton House.
—Por aquí se encuentra su cuarto de baño, milady —señaló Collins, avanzando unos pasos más hasta una puerta contigua.
Liviana se asomó enseguida con curiosidad y observó que una bañera de cobre ocupaba el lugar principal, junto a un biombo. Sobre un mueble descansaban una jofaina, una jarra de porcelana y varias toallas perfectamente dobladas.
—Si desea un baño, solo tiene que avisarnos y las doncellas prepararán el agua caliente —explicó Collins.
—Gracias, señor Collins.
Volvió a la habitación y la recorrió con la mirada una vez más. Suspiró, sintiéndose un poco más libre. No estaba feliz, pues sabía que Marcus la odiaba, pero saberse libre de su padre era, al menos, un alivio.
∞∞∞
La noche había llegado. Liviana se había dado un baño y también había cenado, sola, aunque eso ya lo había previsto. Sin embargo, la tranquilidad con la que lo había hecho superaba cualquier tristeza que la ausencia de Marcus pudiera causarle.