Miserable Matrimonio Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

En ese momento, Liviana no sabía distinguir si estaba soñando o si estaba viviendo la realidad.

Lo más probable era que fuera un sueño. Dudaba que, en la realidad, Lady Lillian estuviera de acuerdo y la prefiriera a ella en vez de a Emma para ser la esposa de su hijo.

La duquesa podía quererla mucho, pero no hasta el punto de quererla como nuera.

—¿En serio... cree que soy perfecta para ser la esposa de su hijo? —preguntó, sin poder creerlo todavía. Debía volver a escucharlo.

—¡Por supuesto! —exclamó Lady Lillian con determinación—. Liviana, no conozco joven más indicada para esto que tú, y nada me alegraría más que verte a su lado. Además, ya lo amas, y eso, para una madre, o para mí, es lo principal, que mis hijos sean amados y conozcan el amor.

Ella bajó la mirada, mordiéndose el interior de la mejilla. Sí, ella amaba a Marcus, lo anhelaba, pero...

—Él no se fija en mí —susurró con amargura, sin molestarse en negar sus sentimientos. ¿Para qué hacerlo? La duquesa ya lo sabía.

—Eso puede cambiar. Sé la forma perfecta para que te conviertas en su esposa.

Liviana alzó la mirada con el ceño fruncido. ¿Cómo haría Lady Lillian para que Marcus se enamorara de ella, cuando su corazón ya pertenecía a otra?

—Pero él ama a Lady Ashton…

Lady Lillian soltó un leve suspiro, como si aquella afirmación le resultara absurda.

—Eso no es amor, Liviana. Lo que mi hijo siente por Lady Ashton es simple atracción. El amor verdadero nace del conocimiento mutuo, del respeto y de la admiración. Ocurre cuando miras a alguien y ves cómo sus ojos brillan por ti. Y créeme cuando te digo que Marcus no ama a esa joven.

Liviana la miró con incertidumbre.

—Pero… ¿cómo hará para que se enamore de mí?

—Lo primero es que seas su esposa; lo demás vendrá después —respondió con seguridad.

Dudó. Sabía que Marcus no la veía como miraba a Emma. Aunque Lady Lillian afirmara que eso no era amor, ella sabía que la mirada que él le dedicaba a Emma era diferente de la que le dedicaba a ella.

—No quiero que se case conmigo porque usted lo obligue —musitó Liviana, mirando a la duquesa directamente a sus ojos azules.

—¿Y acaso quieres terminar casada con el vizconde de Aldermere? —Aquella pregunta hizo que un escalofrío recorriera la columna de Liviana, quien enseguida negó con la cabeza—. Dije que podía ayudarte, solo cambiando de prometido, y no veo mejor hombre para ti que mi propio hijo.

Liviana se mordió el labio, aún con la duda flotando en su cabeza. Pero el amor por Marcus y la desesperación por librarse del vizconde hicieron que terminara asintiendo. Lady Lillian sonrió, tranquila.

—Lo único que debes hacer es ir al jardín. Marcus estará allí. Encuentra la forma de entablar una conversación con él y… bésalo.

Liviana abrió los ojos de hito en hito.

—¡¿Qué?! No puedo… no puedo besarlo así, su gracia —negó con la cabeza repetidas veces, sintiendo que su corazón latía como un tambor. No quería que su primer beso fuera de esa manera, ni que Marcus la rechazara.

Lady Lillian entrecerró los ojos y habló con firmeza.

—Dime, Liviana, ¿quieres alejar al vizconde y casarte con Marcus, sí o no?

—Sí, pero…

—Entonces deja de poner excusas. En la vida, para obtener lo que deseas, a veces es necesario ser egoísta y pensar en ti misma. Si no haces nada, terminarás casada con un viejo vizconde, perderás la oportunidad de estar con Marcus y te arrepentirás toda tu vida.

Liviana tragó saliva con nerviosismo. La voz de Lady Lillian era dura, y solo decía la verdad sobre cómo terminaría siendo su futuro si no aprovechaba esa oportunidad.

Pero... ¿podría hacerlo? ¿De verdad Marcus podría llegar a verla de otro modo si daba ese paso?

¿No la odiaría por intentar manipular sus sentimientos de esa forma?

Lady Lillian le sonrió con amabilidad y acarició su mejilla con ternura.

—Lucha por lo que quieres, Liviana. No te rindas antes de haber peleado.

Soltó un leve suspiro antes de desviar la mirada hacia el cielo oscuro, salpicado de estrellas.

Lady Lillian tenía razón. Si seguía pensando en los demás, nunca, pero nunca sería feliz.

Sabía que lo que Lady Lillian le pedía que hiciera no era propio de una dama. Era arriesgado e imprudente. Pero, si existía la más mínima posibilidad de que Marcus la mirara de otra manera, debía intentarlo.

—Lo haré.

—Bien —expresó Lady Lillian con una sonrisa de satisfacción—. Escucha con atención. Lo más importante es que el encuentro parezca fortuito…

Liviana asintió mientras la duquesa le daba instrucciones precisas. No debía parecer ansiosa ni titubear. Su objetivo era encontrarse con Marcus de manera casual, entablar una conversación y, cuando llegara el momento adecuado, besarlo.

El solo pensamiento hizo que sintiera un nudo en el estómago. Nunca había besado a nadie. Y mucho menos se había atrevido a algo semejante. Pero ya no había vuelta atrás.

Con el corazón latiéndole con fuerza, Liviana salió al jardín. Caminó despacio, tratando de parecer despreocupada, como si solo disfrutara de un poco de aire fresco.

En su mente se repitió que nada podía salir mal, que el plan era perfecto... Hasta que escuchó su voz.

—¿Emma? —La voz de Marcus la tomó por sorpresa, deteniéndola en seco—. Ah, es usted —agregó con evidente decepción—. No pensé que me haría salir hasta aquí haciéndose pasar por Lady Ashton.

Ella frunció el ceño, sorprendida y herida por su tono indiferente, además de la acusación lanzada sin titubeos.