Capítulo 2 #3
—Adelante —dijo, esperando que Liviana avanzara.
—Por supuesto —musitó ella, dirigiéndose al jardín en silencio, seguida de la señora Parker y de Marcus.
«Debes controlarte».
Se lo repitió mientras apretaba los puños sobre la falda y luego los aflojaba.
Hizo lo mismo con la respiración, tratando de calmar los latidos frenéticos de su corazón.
Aprovecharía aquella oportunidad para demostrar que no era tonta y que podía mantener una conversación sin tartamudear ni parecer nerviosa.
Esperaba que, esta vez, su cuerpo no la traicionara.
Una vez en el jardín, Marcus las guio hasta la mesa y las sillas dispuestas para pasar un rato agradable. Como buen caballero, acomodó las sillas de hierro para que las damas pudieran sentarse.
—Gracias —dijo Liviana con una ligera sonrisa, acomodándose en la suya.
Detrás de ella, la señora Parker tomó asiento a una distancia prudente, suficiente para evitar cualquier habladuría hasta la llegada de la duquesa.
Marcus, por su parte, se sentía entre la relajación y la tensión. No quería pensar que su madre tuviera intenciones de arrojarle a Liviana encima, pero mantendría la calma y la distancia, esperando los pasos que ella decidiera dar.
Liviana pensaba en qué podría decir para iniciar una pequeña conversación. ¿Qué tema podría interesarle a Marcus?
Los minutos pasaron mientras ella reflexionaba con la cabeza ligeramente gacha. Justo cuando se decidió a hablar y mencionar la temporada que estaba por comenzar, Lillian apareció, seguida de dos sirvientas que cargaban bandejas con bocadillos y té.
—Esperaba interrumpir alguna conversación armoniosa —comentó Lillian, mirando primero a su hijo y luego a Liviana.
—No creo que tengamos algún tema en común, madre. Lady Johnson aún es una niña —respondió Marcus mientras añadía una cucharada de azúcar a su té.
Liviana levantó la cabeza y lo miró con el ceño fruncido. Lillian soltó una breve risa.
—Me temo, querido, que Liviana ya no es una niña, como dices. Acaba de cumplir diecisiete años y será presentada en sociedad.
Marcus arqueó una ceja mientras daba un sorbo a su té.
—Debo felicitarla, entonces —comentó, dejando la taza en su lugar.
Liviana asintió en silencio, llevándose una galleta a la boca.
—Querida, puedes hablar. Marcus puede parecer intimidante con su mal carácter, pero en el fondo solo es eso: mal carácter —bromeó Lillian, provocando que su hijo negara con la cabeza.
Liviana no pudo evitar sonreír.
—No estoy callada porque el marqués me intimide —respondió.
Marcus la miró entonces, entrecerrando los ojos, observándola con detenimiento. Aquella atención la puso nerviosa, al punto de hacerla desviar la mirada.
—¿Y por qué está callada, entonces, milady? —inquirió Marcus, mostrando un ligero interés en su respuesta.
Liviana se encogió de hombros.
—Es mi personalidad, milord. No suelo ser muy… conversadora —respondió mientras revolvía su té con delicadeza.
Lillian sonrió al percibir el incipiente intercambio entre su hijo y Liviana. Era mínimo, pero estaba segura de que podía lograr mucho más.
—Deberían dejar las formalidades de lado; estamos en un entorno familiar —comentó.
Liviana miró a Marcus, esperando su aprobación, pero él permaneció en silencio.
—¿La reunión en el Parlamento estuvo bien? —preguntó Lillian a su hijo.
—Lo normal —respondió Marcus, terminando su té. Luego se puso de pie—. Iré con mi padre; tenemos una reunión pendiente. Lady Johnson.
Liviana hizo una leve inclinación de cabeza.
—Milord.
Marcus se retiró del jardín.
—¿Sabías que mi hijo se ha ganado el favor del rey? —comentó Lillian con orgullo—. A pesar de su juventud, su voz es escuchada en la Cámara de los Lores. Me enorgullece decir que es inmensamente responsable con sus deberes.
—Me alegra saberlo. No conozco a muchos caballeros, pero si usted dice que su hijo ha sabido ganarse el favor del rey, estoy segura de que así es —respondió Liviana con sinceridad.
—Cuando inicies la temporada, te darás cuenta de que no todos los hombres son educados, amables o responsables. Hay libertinos, rufianes, canallas… un sinfín de clasificaciones. Pero me tendrás a mí para guiarte y ayudarte a escoger al caballero perfecto para ti, uno como mi hijo.
Liviana sonrió y asintió.
«Si me ayuda con su hijo, no me molestaría», pensó con una ligera sonrisa. Pero sabía que eso no ocurriría. Lillian la apreciaba, sí, pero estaba segura de que no como posible esposa para su hijo.
Un rato después, Liviana se despidió nuevamente.
Ya había pasado demasiado tiempo fuera de Hamilton House y temía que su padre estuviera enterado de su ausencia.
Solo esperaba que el regaño no fuera demasiado severo.
Y, si lo era, no haría gran diferencia; al final, ya estaba acostumbrada, y había valido completamente la pena.
Había pasado, aunque solo fueran unos minutos, un rato en compañía de Marcus. Habían intercambiado algunas palabras y ella se había mostrado serena. Un gran avance.
Esperaba tener más oportunidades como aquella en el futuro.