Capítulo 2 #2
—Esa risa pícara que acabas de soltar no me trae buen augurio, Liviana —comentó la señora Parker, entrecerrando los ojos.
Liviana apretó los labios, reprimiendo la sonrisa y apartando aquellos pensamientos pecaminosos que, sin duda, no debían habitar la mente de una dama soltera.
—Solo estaba recordando… una broma que le hicieron a una de las institutrices de la academia —mintió, divertida, llevando una de sus manos enguantadas a los labios.
La señora Parker tardó unos segundos en sonreír, pero finalmente lo hizo.
—De seguro se lo merecía. Esas mujeres son muy estrictas con esas pobres niñas —refunfuñó la anciana, levantando el mentón.
Liviana asintió, recordando algunas de las bromas que hacían las alumnas más rebeldes, pero también los severos castigos que recibían.
Por suerte, ella no participaba en ese tipo de travesuras, no por falta de ganas —muchas veces había deseado reírse a costa de sus institutrices por lo crueles que eran—, sino porque sabía que, si lo hacía, su padre recibiría la queja.
Y el peor castigo no vendría de la academia, sino de él.
Así que evitaba meterse en problemas y, con ello, más rechazo.
Al ver que la Duquesa de Agnes se demoraba, decidió tomar asiento en uno de los sillones de la sala de té donde la habían dejado.
Haría que la visita fuera lo más breve posible.
No sabía cuánto tardaría su padre en regresar a Hamilton House y quería evitar un regaño por haber salido sin su consentimiento.
Pero justo cuando apoyó la espalda en el respaldo del sillón, la puerta se abrió. Con rapidez, se puso de pie como un resorte, adoptando una postura recta y educada.
—Mi querida Liviana, discúlpame el retraso —se excusó Lillian con una amplia sonrisa mientras se acercaba a ellas.
Como siempre, la duquesa estaba elegante y hermosa, con su cabello castaño claro perfectamente recogido y un vestido adornado con joyas que reflejaban su gracia aristocrática—.
Señora Parker, hace mucho que no la veía.
La señora Parker hizo una reverencia respetuosa.
—Me alegro de verla, su gracia.
Lillian sonrió y luego centró toda su atención en Liviana. Se acercó y, tomando sus manos, la guio hasta el sillón más grande para sentarse una al lado de la otra.
—Pediré que nos sirvan té y bocadillos —dijo Lillian, pero Liviana la detuvo.
—No hace falta. Seré breve. Debo regresar a Hamilton House lo antes posible.
Lillian dejó caer ligeramente los hombros, relajando su postura.
—Nunca me habías visitado sin la compañía de tu padre —comentó, notando el detalle—. ¿Ha ocurrido algo? —preguntó, ahora con el rostro más serio.
Liviana bajó la mirada y suspiró.
—Imagino que debe saber que mi padre adelantará mi debut en sociedad para esta temporada —comenzó.
—Sí, me ha pedido que sea yo quien te acompañe en la presentación ante el rey —asintió Lillian con una leve sonrisa—. ¿Eso te preocupa?
Liviana levantó la cabeza y miró a la duquesa; luego buscó la mirada de la señora Parker, quien asintió, animándola a continuar.
—Sí. Quiero decir… estoy más que preparada para asumir mi primera temporada este año, pero mi padre pretende que encuentre un esposo también.
Lillian alzó las cejas y ladeó ligeramente la cabeza antes de dedicarle una sonrisa suave.
—No debes tener miedo, mi querida Livy. Yo estaré guiándote. Y respecto a encontrar un caballero que se convierta en tu esposo, no difiero de tu padre. Sería maravilloso que lo hicieras en tu primera temporada. ¡Cuánto hubiera deseado que mi Aline se comprometiera al finalizar la temporada pasada!
Liviana fingió una sonrisa.
«Si Aline, que era una joven hermosa, no había encontrado pretendiente para casarse, ¿qué me espera a mí?»
Sin duda, las palabras de la duquesa no estaban resultando reconfortantes.
—No creo tener la suerte de encontrar a alguien interesado en mí tan pronto —expresó con cierta vergüenza.
—No te subestimes, querida. Eres hermosa y tierna. ¿Crees que los hombres no buscan esposas así?
Liviana se encogió de hombros. No sabía nada sobre los hombres, sobre lo que buscaban o deseaban; solo sabía comportarse como se esperaba de una dama.
—Eres perfecta. Cuentas con la gracia, la juventud, el título y la influencia necesaria para atraer a muchos caballeros —continuó Lillian sin perder la sonrisa.
Liviana la miró como si se estuviera burlando de ella, pero decidió callar. Comprendía que la duquesa solo intentaba animarla.
—Gracias —fue todo lo que dijo.
Minutos después, Liviana anunció que debía retirarse. Lillian, con la misma amabilidad mostrada desde el inicio, las acompañó hasta el vestíbulo.
—Puedes visitarme siempre que quieras, Livy. Me agradó mucho tu visita.
—Gracias por recibirme y por… acompañarme en mi presentación —respondió Liviana, con un ligero sonrojo en las mejillas.
En ese momento, la puerta principal se abrió y todas dirigieron la atención hacia el recién llegado. Lillian sonrió a su hijo, y Liviana sintió cómo su corazón dio un vuelco al ver a Marcus frente a ella, tan cerca.
—Buenas tardes —saludó Marcus, haciendo una reverencia mientras se quitaba el sombrero.
—Veo que es una tarde para recibir gratas visitas —expresó Lillian con evidente efusividad—. Creo que deberías quedarte un poco, Liviana; así compartiríamos todos el té y las galletas que rechazaste.
Liviana soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo. Miró de soslayo a Marcus, que se mantenía sereno. Quería aceptar y quedarse, compartir más tiempo con él, pero si se demoraba demasiado, su padre lo notaría.
Miró a la señora Parker con súplica, pero sabía que ella no tenía poder alguno sobre las decisiones de su padre.
—Ordenaré que preparen el aperitivo en el jardín; la tarde está demasiado hermosa para dejarla pasar, ¿cierto? —continuó Lillian sin dar tiempo a que nadie se negara—. Pueden adelantarse.
Sin más, Lillian abandonó el vestíbulo, dejándolos solos. El silencio se volvió incómodo entre ellos hasta que la señora Parker carraspeó.
Marcus comprendió que debía dar el primer paso. Asintió y levantó el brazo, señalando el camino.