Mis Secretos, yo Ivonne 2 Mi amiga Gabriela y su Papi #2
72%

Mi amiga Gabriela y su Papi #2

Al poco tiempo llegamos a su casa. Yo le ayudé a Gabriela, dije.

Abrió la puerta y nos dirigimos a su cuarto, él fue a buscar un medicamento.

Gaby y yo nos quitamos apresuradamente los vestidos, quedando en lencería y zapatillas.

Cuando entró al cuarto casi se muere al vernos a las dos en la diminuta y súper sexy tanga y brassiere transparentes; - chicas, me van a matar!

!!!!!,- dijo. No despegaba sus ojos de nuestros cuerpos, batallaba entre lo que quería hacer y lo que sabía que no debía.

Papi, le pedí a Ivonne que se quede conmigo, me siento mal y me va a cuidar, vamos a dormir juntas, no te gustaría dormir entre las dos?

Se lanzó directo, -pensé. Él se quedó helado, con la boca abierta.

Para darle más ánimo, Gaby se acercó a mí, me tomó por la cintura y le dijo, te gusta nuestra nueva lencería?

Alberto, dijo; - chicas, están locas las dos, y con esas sonrisas, me van a terminar tentando -, agregó.

Gabriela, sabes que esto es una locura, debes estar muy borracha para actuar así, mejor me voy y mañana veremos las cosas más claramente, -dijo finalmente mientras se iba, cerrando la puerta.

Ambas nos miramos y reímos. Nos metimos a la cama.

Nos mirábamos a los ojos y comenzamos a tocarnos.

Ivonne, ven que no aguanto más, me dijo.

Comenzó a tocarme la conchita y yo la toqué a ella.

Era divino, estábamos en las nubes, nos masturbábamos de una manera increíble.

Así pasamos un buen tiempo entre caricias y besos.

Gaby acercó su boca a mi cuello, me dio un beso y me dijo que estaba por acabar, -yo también, le contesté.

Sin más, ella comenzó a decir, -si papi, dámela papi, dámela a mí y a Ivonne, dándonosla papito, dándonosla ya!

. Con esas palabras. Ambas explotamos en un rico y muy satisfactorio orgasmo.

Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh, ohhhhhhhh

Siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhh

Nos quedamos dormidas, sobre la cama, en lencería transparente y con las zapatillas puestas.

El desenlace

Me fui por la mañana a mi casa. Por la tarde me encontré con Gabriela.

Me contó que la esposa de su padre le hizo un escándalo cuando yo me fui, hizo las maletas y se fue de la casa.

Parece que en la mañana entró al cuarto y nos vio desnudas en la cama.

La verdad es que ninguna de las dos la habíamos escuchado.

Cuando yo me fui, comenzaron los gritos que yo era una zorra y cómo me dejó dormir en la casa, y que tuve sexo con Gabriela y ahora iba por él.

Que estaba vestida como golfa igual que su hija y cómo llegué a su casa; seguro que me le había insinuado.

Incluso le reprochó que cuántas pajas se había hecho cuando me vio en ropa interior, y que estaba harta de mí. Así que se fue.

Logramos lo que Gaby quería.

Ahora tenemos a Alberto para nosotras solas.

No había tiempo que perder, no queríamos que se enfriara la situación.

Al día siguiente por la noche fui a la casa de Gabriela, su padre estaba en la biblioteca leyendo.

La biblioteca comunica a un hall de entrada y tiene una pequeña ventana donde se puede ver todo.

La idea era provocarlo y si perdía el control resistirme un poco para volverlo bien loquito.

Seducirlo y excitarlo hasta que cediera a mis encantos.

Él estaba sentado en un sillón de individual con los pies apoyados en el sillón más grande.

Entramos Gaby y yo, ella le dijo que yo quería hablar con él.

Basta Gabriela!, cortemos este tema de Ivonne, ya bastante problemas tenemos con la partida de Alicia.

Pero papi, ella te quiere explicar, por favor déjala.

Hizo un gesto afirmativo y yo entré. Estaba vestida con una falda de mezclilla bien corta y bien ajustada.

Una playera corta pegadita blanca que dejaba ver mi ombligo y abdomen.

Entré y Gabriela salió. Ella estaría en el hall para ver la escena por la ventana.

Yo me acerqué y le dije que me disculpara que no quise causar un problema familiar.

Quería saber qué podía hacer para que las cosas volvieran a estar como antes.

Que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para enmendar cualquier confusión causada.

Él me dijo que no hiciera más, que dejara de ser provocativa, que con eso bastaba.

Le pedí disculpas nuevamente y me arrodillé para que me perdonara, procurando poner mi cara cerca a la altura de su miembro.

Él me dijo… - basta Ivonne, basta!, no sigas.

Entonces yo hice un ademán para pararme y fingiendo que me caía, me puse de espaldas a él en 4 patas incorporándome con lentitud y sensualidad.

Traía una tanguita de hilo bien metida en la colita, que con la falda corta no pude evitar dejar expuesta.

La tanga era de color blanco. Él se abalanzó sobre mí y me arrimó su virilidad en el trasero y me dijo…

- ¡ Ya basta, zorra! Ahora vas a ver que no se juega con un hombre como yo.

- No señor, por favor, no, no me haga nada, discúlpeme.

Ven acá Ivonne, ahora te voy a dar lo que quieres, te voy a dar hasta que me pidas perdón.

Me corrió hábilmente la tanga, sacó su miembro y me ensartó de una sola vez.

Me dolió un poco, era un pene grande y ancho.

En un par de metes saca mis jugos, ya nos tenían bien lubricados.

Me comenzó a jalar del cabello y me la empezó a meter hasta que sus huevos chocaban con mis nalgas.

Me daba y me daba y me daba. Me dolía un poco por lo grueso de su pene y lo estrecha que tengo la conchita, pero me gustaba.

Además, sabía que Gaby estaba mirando todo, eso me hacía sentir más caliente y excitada aún.

Luego de unos minutos, acabamos los dos como animales en celo.

Nos incorporamos y me pidió que lo disculpara, que había perdido el control, que me tenía muchas ganas, que por favor no le dijera nada a Gabriela.

En eso ella entró a la biblioteca diciendo…

- ¡Ya lo sé, papi! Me gustó cómo te cogiste a esta zorrita.

Si no quieres que Alicia se entere, me vas a tener que dar una lección a mí también.

El padre de Gabriela, dijo: - ¡ Estás loca!

, ¿cómo me propones una cosa así, soy tu padre?

Si papi ya lo sé, pero no me digas que no te gustó y te excito.

Gabriela estaba divina, una verdadera hembra.

Traía un conjunto de lencería color rosa pálido que le quedaba muy bien.

– Pe, pe.... pero, hija!, ¿cómo dices eso?

Bueno, veo que no es tan así como creía papi, discúlpame, no quise ofenderte.

Por favor, déjame hacer una cosa, tú quédate sentada.

Si no te provoco y te excito luego de esto, entonces no te molesto más.

Alberto aceptó a regañadientes, no le dábamos otra opción y su pija estaba esperando ese momento.

Gabriela se acercó a mí y me dio un beso en la boca, qué rico fue; me abrazó y me apretó las nalgas, me recorrió con un dedo la rajita y al ver la humedad, dijo…

- mmmmm…, todavía tienes lechita de mi papi.

Se pasó la lengua por sus dedos, me pidió que me sentara al lado de Alberto; me abrió las piernas y dijo: me voy a tomar la leche de papi, hundió la cabeza y me empezó a hacer una mamada sensacional.

Vaya que sabía cómo comerme la conchita, todavía dilatada y escurriendo los jugos de su padre.

Yo ahí, suspirando miré a Alberto que tenía una enorme erección de nueva cuenta.

Le aparté la cabeza de mi rajita a Gaby y la dirigí al miembro de su padre.

- Por favor chicas, no dijo Alberto débilmente.

Sin contestarle dirigí la mano de Gaby a la tranca de Alberto y comenzamos a pajearlo.

Gabriela le agarraba la pija con la mano, yo puse la mía sobre la de ella para ayudarla.

Alberto no se quejó más, se dejó hacer. Después de unos minutos, Gaby se incorporó y se sentó encima del miembro de su padre, introduciéndola toda de una vez.

Comenzó a montarla como poseída. Yo me subí al sillón, me senté sobre el pecho de Alberto, que comenzó a acariciarme el culo y a chuparme la concha.

Mientras tanto, le besaba y lamía las tetas a Gaby, sus pezones rosas estaban duros como una piedra.

Luego de un rato, los tres acabamos increíble en esa posición. Alberto quedó sentado perplejo, Gaby se sentó a mi lado y me abrazó. Yo, en medio de los dos, fascinada. Alberto nos pidió a las dos reserva y discreción. Gaby solo le dijo… Quiero volver a hacerlo, papito.

Así, el plan había tenido un gran y feliz final. Gaby ahora ya también conocía las delicias que tanto había añorado y podría disfrutar siendo ahora ella, la mujer de la casa.