Mi amiga Gabriela y su Papi
Mi amiga Gabriela me invitó a que pasara un fin de semana en la casa de campo de su familia en un pueblito cerca de la ciudad (una hora en auto aproximadamente). Iríamos nosotras dos, el padre de Gabriela y su esposa (que no es la madre de ella).
Llegamos a la casa el viernes por la noche y cenamos, todo tranquilo. Nos fuimos a dormir porque era tarde. A la mañana del sábado nos levantamos, desayunamos y fuimos a jugar tenis o al menos intentarlo. No vimos a su padre ni a la esposa en toda la mañana, creo que se habían ido al pueblo.
Al mediodía comimos juntos una carne asada, todo era normal, platicando en familia; pero luego de comer, Alicia (la esposa de su padre) dijo que iba a dormir la siesta, Gaby también.
Yo dije, bueno, creo que me voy a la alberca, ya que todos se van a dormir.
Ahí Alberto dijo, no, yo jamás duermo la siesta, así que es probable que te acompañe.
Mi corazón comenzó a latir como un tambor.
Fui a ponerme el traje de baño, un bikini con un top y tanga muy pequeños, y fui a la alberca. Estaba sola, me acomodé la tanga, se me metía bien adentro entre mis nalgas, rozando mi colita, pero me dejé el pareo encima, no dejaba mucho a la imaginación, pero al menos no se vería tanto descaro.
Estaba tomando sol de espaldas, cuando llega Alberto, y me dice que estaban todos dormidos.
Me incorporé un poco, siempre de espaldas, y noté cómo miraba mi colita.
Se te ve muy bien esa tanga, me dijo, oh, dios mío, qué papelón, señor, perdón, dije apenada.
No, no es nada, no hay problema, porque te pusiste roja, Ivonne.
Es que me dio vergüenza señor, que va a pensar Ud.
de mí, le dije. No hay problema, me dijo y no me digas señor, dime Alberto.
En ese momento le miré el bulto que había entre sus piernas, tenía una erección. Él se dio cuenta, y se puso rojo igual que yo, me dijo -ahora creo que yo debo disculparme- y nos reímos. Todo estaba puesto en marcha, era todo o nada…
Perdón señor, digo, Alberto, no me tomes por atrevida, pero se te ve grande, no?
. El no sabía dónde meterse, y me dijo que creía que no era correcto hablar de esos temas conmigo, que podría ser su hija.
Perdón Alberto, dije, qué vergüenza. No, no es nada, dijo.
Yo volví a mirarlo, y le pregunté - pero ¿por qué se nota tanto, no entiendo?
Durante el almuerzo no se notaba. Hizo una pausa, y me dijo que era por haberme visto en traje de baño, se había excitado, pero que me pedía disculpas.
Yo dije que era un halago que un hombre como él maduro y tan apuesto se fije en una chica como yo. Él me seguía mirando el culo y la boca, tomaba su tiempo viéndome las tetas. Él estaba incómodo y yo muy excitada.
Le dije que me gustaría ver su miembro excitado, de hombre maduro; se apenó tanto que dijo mejor se iba, porque esto no conduciría a nada bueno, me pedía disculpas atropelladamente. Adiós Ivonne, disculpa y se fue.
Yo me quedé muy excitada, súper caliente! No volví a verlo hasta la cena. Él comió rápido y se fue a acostar alegando cansancio, le hizo una señal sugestiva a su esposa para que lo acompañara al cuarto, ella respondió con una sonrisa, con lo que dejaba en claro que habría sexo esa noche.
A la mañana siguiente, Alicia, la esposa de Alberto no me saludó, me miraba con cierto gesto de ira.
Yo no sabía qué ocurría. Ella se fue en su auto temprano, Alberto no apareció en todo el día, ni siquiera desayunó con nosotras.
Le pregunté a Gabriela qué ocurría y me dijo que parecía que habían peleado, pero desconocía el motivo. No habría sido yo la causante, o sí?
Hoy Gaby me contó lo que pasó, pues anoche volvieron a discutir y ella los escuchó.
Parece que cuando estaban haciendo el amor el sábado él estaba por acabar y cuando estaba en lo mejor, le dijo, siiiii, Ivonne, mi amor, siiiiiii, me vengo, me vengo en tu culito tan rico, Ivonne!
Se imaginaba que estaba haciéndolo conmigo. Y la esposa por supuesto se enojó.
Gabriela estaba fascinada con el episodio porque odia a Alicia y me dijo que debía ir más seguido a su casa.
Me dijo en broma que tenía que seducir a su padre para que Alicia se fuera de su casa.
Yo me reí del chiste, luego nos ocupamos, pero después del trabajo arreglamos todo el plan que luego iba a suceder.
El plan
El plan era sencillo, consistía en ir a una fiesta y luego con cualquier excusa pedirle a él que nos viniera a buscar.
Como Gabriela iba a estar pasada de copas, me pediría que me quedara a dormir con ella para cuidarla, y esa sería una buena oportunidad para seducirlo mostrándole mi lencería nueva.
Solo debía inventar algo para sacar de la jugada a mi marido esa noche, lo que no tendría mayor problema.
Me encontré a la noche en la fiesta con Gaby, estábamos muy guapas, súper arregladas, ¡ espectaculares!
Yo con un vestido corto escotado con falda muy, muy corta.
Traía unas zapatillas altas plateadas y la lencería muy sensual en color negro.
El brassiere era transparente sin relleno, levantaba muy bien mis senos en el escote.
Tengo las bubis operadas medianas casi grandes; redondas y paraditas.
Con este bra lucían estupendas, turgentes y apetecibles.
La tanga tenía por detrás solo una tirita que se me metía bien en la colita, lo que dejaba mis nalgas al desnudo evitando cualquier marca en el ceñido vestido.
Por delante, se me metía un poco la tanga en la conchita, dejando los labios de mi sexo asomar un poco por los costados.
Gaby estaba vestida exactamente igual, pues compramos la ropa interior y el vestido en el mismo lugar, pero todo su conjunto era color gris perla.
Nos fuimos a uno de los sillones para platicar y para planear la noche.
Estábamos excitadísimas. Gabriela me contó que siempre tuvo fantasías sexuales con su padre, pero que nunca se atrevió a manifestarlas.
Nunca avanzó, ni aún en la época que él no tenía pareja.
Pero ahora, ya más madura y experimentada, pensando en mi presencia en medio de ellos, le daba valor para llevar a cabo esa fantasía.
Le pregunté si lo había visto desnudo, y me dijo que sí, que tenía un miembro grande, oscuro y grueso.
Que ella se masturbaba imaginándose arrodillada chupándosela y él acariciándole el glande, susurrándole cosas sucias y dulces al mismo tiempo.
Mientras hablábamos de esto yo estaba excitándome cada vez más, mi conchita se mojaba y me pedía que la tocara para calmar la excitación. En eso se acerca un amigo nuestro y nos pregunta de qué hablábamos que estábamos tan entusiasmadas y porque estábamos tomadas de la mano.
La verdad es que no había reparado en ello, pero teníamos las manos apretadas con los dedos entrelazados.
Nos miramos y nos reímos. Nos dijo que parecíamos pareja, que si éramos lesbianas.
Nos reímos airadamente. Él también comenzó a reírse.
Nos pidió que nos diéramos un besito en la boca.
Estás loco, dijo Gaby, por quién nos tomaste?
Vamos, un besito, no me digan que nunca lo han hecho.
Gaby me miró a los ojos y yo sonreí. ¿Está loco, no?
, me dijo. Yo no contesté, la seguí mirando ahora ya de forma coqueta y sugerente.
Ella sonrió, yo sin contestarle la tomé de la cintura, con mi otra mano la acerqué y abrí la boca para darle un beso.
Ella también separó sus labios y nos dimos un rico beso por algunos segundos, mi lengua recorrió la suya y sus finos labios.
Sentí un cosquilleo en el estómago. Luego del beso separamos nuestras bocas, lo miramos y yo le contesté…
Ya está, ahora déjanos solas. Se quedó con la boca abierta, no supo qué decir y se fue con cara de asombro, seguramente a contar a los demás lo que había visto.
Siempre amigas, siempre juntas
Ahí estábamos las dos espectacularmente bellas y excitadas. El plan estaba tomando forma.
¿Por qué no llamas a tu papi, le dije a Gabriela? Ok, me contestó. El problema es que hace muy poco que llegamos a la fiesta. No importa, le diremos que te sientes mal y listo, agregué.
Llamamos a su padre. Llegó pasada la medianoche.
Nos mandó mensaje y salimos a la calle a buscarlo, nos esperaba en su auto.
Gabriela se subió en el asiento de atrás y se acostó.
Yo me senté en el de adelante. Él se quedó mirándome, me comía con los ojos.
¿Le gusta mi nuevo vestidito, señor? Dios mío, Paula, estás divina, pareces mucho menor.
Noté cómo me miraba el escote y las piernas.
Yo comencé a mirarle el bulto que sobresalía en su entrepierna.
Él se sintió incómodo y me dejó de mirar, volteó la mirada tratando de no seguir viéndome los senos y las piernas.
¿Qué tal la fiesta?, preguntó. Mal, contesté; había un tipo que no dejaba de mirarme y en un descuido me roso las pompis, creo que estaba excitado porque noté algo duro, jaja.
¡ ¡Imagínate! Atrevido, si para eso son, pero ¡ se piden! Jiji.
Qué pena, dijo él. Algunos hombres son unos desubicados y frescos.
Bueno, no todos, dije. Este hombre no era como tu Alberto, no tenía tu porte, tu boca, tus hombros anchos, tus brazos fuertes, tu…
tu… vientre marcado, le dije, mirándole el bulto de su miembro bajo el pantalón.
Él miró hacia atrás, para ver a Gaby, notando que estaba dormida.
Pero Ivonne, dijo, ¿cómo me dices eso? Es verdad, tú eres muy apuesto, cualquier niña, como tú dices, estaría más que deseosa de acercarse a ti.
Por favor, Ivonne, me vas a matar, me dijo con voz temblorosa mientras seguía mirando mis piernas.
La plática siguió, yo coqueteando y él cambiando el tema.