El amigo de mi padre
Tengo una debilidad bastante marcada con los maduros, y siempre, desde que tengo cuerpo de mujer, me gusta mostrarme ante los amigos de mi padre y seducirlos.
Sé que muchos me desean, pero no se atreverían a insinuar algo, ni siquiera a mirarme abiertamente.
Algunos de ellos, los más atrevidos, me miran un poco siempre cuidando que mi padre no se dé cuenta.
Víctor es uno de mis preferidos, por la cercanía con mi padre y porque es el más guapo.
Como la jugada de dominó transcurre en el horario en que tradicionalmente voy de visita, aprovecho para arreglarme para salir con mi marido o con amigos.
Aparezco en bata que a propósito dejo un poco entreabierta, para que me vean la lencería, o a veces a medio vestir; con faldas cortas sin abrocharlas a la cintura o con la blusa con algunos botones desabotonados de más.
Cuando esto ocurre, veo que Víctor se sonroja y se esconde, trata de concentrarse en el juego e intenta no mirarme aunque le resulta difícil no hacerlo.
Pero una vez ocurrió algo diferente. Ellos estaban jugando y yo estaba sentada en un sillón al lado de ellos hablando por teléfono con una amiga.
Tenía las piernas separadas un poco más de lo recomendable, con el objeto de que Roberto (mi padre) y Víctor me miraran.
En ese momento suena el timbre de la casa, era Rafa, mi marido que pasaba a buscarme.
Como estaba hablando por teléfono, mi padre dijo que él iría a abrir la puerta.
En ese momento yo me paré no sé por qué motivo, intentando terminar la conversación y me pongo de espaldas a Víctor.
Él se me acerca rápidamente, me pone una mano en la boca desde atrás y mete la mano en mi conchita.
Me alcanzó a meter un dedo en la vagina y con los demás me presionaba sobre la concha.
¿Te gusta zorra, te gusta que te meta la mano en la concha????
¿Estas, calentita, no, zorrita???
¿Quieres pija???, quieres comerte una buena verga????
Luego de esto, me soltó y regresó a su asiento donde estaba jugando, en el momento en que llegaban mi padre y mi marido hablando animadamente.
Yo estaba petrificada, no podía creer lo que había sucedido.
Rafa me saludó y me di vuelta sonrojada, me saludó con un beso grande en la boca.
En ese momento mi padre y Víctor estaban concentrados en el tablero como si nada hubiese sucedido.
Vamos Ivonne que llegamos tarde, dijo mi marido saliendo en dirección a la puerta.
¿Qué pasa, Víctor, hoy tienes un mal día, -me voy-, dijo mi padre.
Es que estoy algo desconcentrado, dijo Víctor mirándome las piernas y pasándose la lengua por los labios.
Tras esto, salí de la habitación y corrí para alcanzar a mi esposo.
Durante el trayecto en el auto estaba muda, por suerte Rafa estaba concentrado en manejar para no llegar tarde al teatro.
Luego llegamos justos a la hora de la función y tuve toda la obra para tratar de aclarar mi mente.
Tenía un nudo en el estómago, estaba conmocionada, cómo me puso esa mano, y ese trato tan vulgar, si siempre me trató como si fuese su hija.
Reflexioné que yo lo había estado provocando, y era una lógica reacción de un hombre, tenía merecido esto, yo lo había buscado, había coqueteado con él mucho tiempo, y aquí estaba el resultado.
A la salida del teatro me olvidé del tema y fuimos a casa. Lo pasamos muy bien como siempre lo hacemos, misma dinámica de siempre, no mucho de nuevo.
A la mañana siguiente suena mi móvil.
Hola, bonita, soy Víctor.
Ho…., hola, alcancé a balbucear.
Escúchame zorrita, el viernes que viene mi mujer no va a estar en casa, yo le voy a decir a tu padre que tengo otro compromiso y que no puedo jugar dominó, avísale a tu marido que no puedes salir porque quedaste de ver a una amiga, entonces vienes a casa y te doy de una vez por todas, te voy a dar con todo esta pija que tanto deseas!
¿Te parece, preciosa???
Eeeee, esteeeeee, señor, esteeeee, no....., noo, tartamudeé como una estúpida.
Bueno, querida, te espero el viernes a la noche… dijo cortando la comunicación.
Me quedé paralizada, no daba crédito a lo que mis oídos escuchaban, colgué el teléfono, me senté en la cama y me quedé pensando en la situación.
¿Cómo pude llegar a esto, porque me estaba sucediendo, me trató como una cualquiera, ¿por qué este acoso?
¿Por qué? ¿Por qué? Idiota, me dije, lo estuviste provocando durante meses, ¿qué pensabas? Y para colmo, lo estaba considerando?.
Me gustaba Víctor, me gustaban los maduros, ¿por qué?
Pero es un amigo de mi padre, conozco a la esposa, es encantadora e inteligente.
Hemos estado juntos de vacaciones, me trataron siempre como una hija, ¿cómo podría defraudarlos así?
Y mi esposo, no que me importara mucho eso, pero Roberto, mi padre, tenemos un secreto y no estará de acuerdo en que me divierta con Víctor sin él estar enterado, qué locura.
Así transcurrieron los días de la semana, con estos pensamientos, pensaba en los pros y contras, definitivamente era una locura, no tenía sentido, pero fantaseaba a veces con imágenes nuestras teniendo sexo.
Me ponía a mil el trato que tuvo conmigo, como si fuera una prostituta, nunca me habían tratado así.
Siempre como una princesa, pero él me trató como zorra, pensé que de esa forma compondría un personaje y le sería más fácil.
Seguro que él estaría pasando por lo mismo que yo, planteándose si detenerse o continuar.
Hasta el jueves por la noche pensé que llamaría para suspender el encuentro, pero cuando llegué a casa, mi padre le decía a mi madre que tendría la tarde libre porque Víctor tenía otro compromiso.
Mi madre le dijo con cierta ironía que le parecía raro que la primera noche que la esposa estaba fuera, él tuviera un compromiso.
Mi padre le dijo… No seas mal pensada mujer, que la gente de bien como nosotros no comete engaños así porque sí…
Bien sabía que esos asuntos se arreglan en familia…
Suspendí la velada con mi esposo y me arreglé para ir a la casa de Víctor.
Me puse una tanga negra de encaje que se me metía bien adentro en mi colita, unas medias de fina seda negras hasta los muslos y un vestido también negro bien corto y con un buen escote en la espalda.
Por supuesto que no me puse tanga. Me maquillé bien y me puse un rico perfume.
Cuando me miré al espejo me dije… ¿qué haces?
, le vas a explicar que no te quieres acostar con él vestida de esa manera?
Claro que no, me puse unas zapatillas altas y salí a mi cita.
Como a la media hora llegué a su edificio, toqué el timbre de su departamento.
Enseguida me abrió la puerta exterior, estaba tan nerviosa que me temblaban las piernas, tenía un nudo en la garganta.
Subí al ascensor y al verme en el espejo, me vi lista para seducir a cualquier hombre.
El vestido negro corto, las medias y esas zapatillas; estaba para matar a cualquiera.
Paró el ascensor en su piso y en cuanto se abrió la puerta del ascensor estaba él esperándome.
Me hizo pasar al hall de entrada, tenía una amplia sonrisa dibujada en el rostro.
- Casi no vengo, Víctor. Intenté llamar todo el día, pero nadie me contestaba… no quería ser muy obvia.
- No estuve en todo el día, bueno, pero aquí estamos… me dijo mientras me ayudaba a quitarme el abrigo.
Él quedó detrás de mí viendo mi espalda casi desnuda.
- Qué lindo vestido traes, me dijo.
- Sí, perdona, iba a venir más discreta, es un error.
- Sí preciosa, es un error que no estés ya de rodillas dándome una mamada ahora.
Me tomó de los hombros y me hizo arrodillar.
- Ven acá, bájame el cierre y dame una buena chupada.
Ese lenguaje vulgar me chocaba, pero también me excitaba. También era como que representaba un personaje que me hacía sentir menos culpa. Tenía yo también que entrar en personaje y dejarme llevar, no sería la primera vez que lo haría.
Me arrodillé y literalmente obedecí su pedido, le bajé el cierre y saqué un mediano y no muy grueso pene.
Lo agarré, lo subí un poco y me lo metí en la boca.
Lo hacía como una autómata, no entendía cómo estaba haciendo eso.
Los primeros gemidos de placer de Víctor me volvieron a mi tarea.
Lo chupaba y masturbaba, estaba creciendo poco a poco, rico.
Tenía el pene del amigo de mi padre en la boca.
Acaso no era ese otro un sueño a cumplir?
- Siiiiiiiiiii, ahhhhhhhh, siiiiiiiiii, putita, chúpame, siiiiii, dale, chúpame.
- Qué bien me lo haces, qué golosa eres, qué bien, qué bien.
- Así que no querías, zorrita?
- Dale, chupa; chupa que te gusta.
Ese lenguaje que usaba me daba vueltas, luego de un rato de estársela mamando me apartó de su miembro, me tomó de los hombros, y me condujo a la cama.
Me hizo acostar boca abajo. Me dijo que le gustaba mi vestido, que era mejor no quitarlo.
Me levantó la falda, corrió un poco la tanga a un costado, me puso una mano en la nuca empujándome hacia abajo y me ensartó su miembro así vestido como estaba.
Me penetró completa, de un empujón, sentí cómo ese tronco se deslizaba despacio pero sin detenerse.
Estaba tan excitada que lo sentía en mi pequeño cuerpo.
Comenzó a bombear frenéticamente, mi cuerpo se movía a su ritmo, estaba tan excitada que ya me estaba viniendo.
- Ahhhhhh, Víctor, ahhhhhhh, siiiiiiii, siiiiiiii, siiiiiiii
- Ohhhhhhhhh, siiiiiiiiii, me vengo, Víctor, me vengo, ohhhhhhh
Y acabé de una manera impresionante, creo que fue el resultado de toda la excitación de una semana esperando el momento. Él seguía bombeando una y otra vez. Con cada embestida me hacía ver las estrellas.
- Ahí tienes, preciosa, ahí tienes la pija que querías, zorra?
- Te gusta la pija que tanto buscaste?
Me excitaban esas palabras rudas, yo estaba muda, pensé que debía alentarlo y ayudarlo a acabar.
Dale, papi, cógeme, dame más papi, dámela.
Siiiii, cariño, siiiii, ten toda mi pija, cómetela toda.
Entre palabras y embestidas seguía la excitación y un placer infinito.
Estaba boca abajo, dominada, sometida por este macho maduro que había sucumbido a mis encantos, y que ahora sometía a su hembra a sus caprichos.
Me sentía muy zorra, y tenía a un hombre dispuesto a hacerme sentir su rigor, a hacerme suya.
- Ayyyyyy, papi, estoy por acabar otra vez, como eres papi, cómo me la das
- Siiiii, Ivonne, te voy a dar tanto que te voy a dejar seca.
- Que dura esta, papi, que dura.
- Así me la pones.
- Sí papi. Voy a acabar otra vez papi, ahí viene otra vez
- Siiiiii, zorrita, acaba de una vez.
- Ayyyyyyy, ayyyyyyyy, papi, ayyyyyyy
- Ohhhhhhhh, ohhhhhhh, siiiiiiiiii, Ivonne, siiiiiiiii, ohhhhhhhhh
- Ayyyyyyyyyy, ayyyyyyyyyyyyy
- Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhh.
Apenas había yo acabado cuando sacó su pene y acabó sobre mis nalgas, su leche escurría por mi colita.
Nos quedamos en esa posición yo boca abajo y él arriba tratando de bajar la agitación que teníamos. Seguimos unos momentos sin hablar.
Decidí levantarme de la cama, me acomodé la ropa como pude y estaba por salir del cuarto sin decir una palabra.
Ivonne, ya te vas?, preguntó Víctor.
Sí, Víctor, esto no puede ser, no va a volver a ocurrir.
Yo sé Ivonne, pero es seguro que lo ha valido, - dijo él entregándome un sobre que claramente contenía algunos billetes.
Su actitud me tranquilizaba, me llamaba por mi nombre de nuevo, pero… cómo sabía que me gustaba recibir un “regalo” después de cada encuentro? ¿Acaso le habría dicho Roberto?
Habrá que averiguarlo…