Mis Secretos, yo Ivonne 2 Excitando a los mirones
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Excitando a los mirones

Todo era de lo más normal en mi vida hasta que hace casi un año descubrí que mi hermanito menor, Javi, me espiaba cuando me bañaba o cambiaba de ropa.

Al sentarme no me quitaba la vista de las piernas, que debido a lo corto de las minifaldas que acostumbro usar quedaban al descubierto la mayor parte de los muslos y seguramente se me veía la tanga.

En todo momento se sentía observada por él, que con mirada morbosa recorría mi cuerpo de pies a cabeza desnudándome con la mirada, actitud que me molestaba sobre manera, pero de momento no me animaba a reclamarle o a decirle nada.

Tal situación la comenté con una amiga, quien sorprendentemente me enteró de que era algo "normal" en los adolescentes en el despertar al sexo, que iniciaban fijándose en las mujeres más cercanas a ellos, en las hermanas, como es mi caso, las tías e incluso las madres.

No satisfecha, les pregunté a algunos amigos de confianza, quienes me reafirmaron lo dicho por mi amiga y además me indicaron que era "normal" que se masturbaran frotándose con las pantaletas usadas de la mujer deseada, fantaseando que estaban teniendo sexo con ella, que era una etapa pasajera y que en cuanto tuvieran relación con mujeres distintas a su familia, esta singularidad desaparecía.

Lo anterior me tranquilizó mucho, pero despertó en mí la curiosidad de saber si mi hermano también se masturbaba con mis panties sucias, así que aquel día, cuando me bañé, a sabiendas de que sería observada por Javi, al quitarme la tanga la coloqué sobre la cesta de la ropa sucia de tal manera que sabría de inmediato si mi hermanito las habría tomado o no era ese el caso.

Transcurrió el día y a la mañana siguiente recordé el asunto de las panties sucias, y fui a constatarlo.

Estaban de forma por demás distinta a como las había dejado.

Pude comprobar que sí las había tomado, pero no solo eso, estaban manchadas de semen, por lo que sin duda se había masturbado con ellas frotándolas en su miembro, como según me habían dicho lo acostumbran hacer todos los adolescentes.

La molestia que originalmente había sentido al saberme observada libidinosamente por mi hermanito desapareció al juzgarlo algo "normal", pero una noche que llegué a casa muy excitada después de estar cachondeando con mi novio, tuve sueños húmedos en los que aparecía mi hermano menor besándome todo el cuerpo y cogiéndome en todas las formas imaginables.

Amanecí con las pantaletas totalmente mojadas y más caliente de cómo me había acostado con un deseo irrefrenable.

Al levantarme antes de bañarme, al primero que me encontré, tal vez esperando a que me metiera a bañar para observarme, fue a Javi.

Enseguida volvieron a mi mente las imágenes del sueño que había tenido donde mi hermano menor disfrutaba de mi cuerpo.

Inconscientemente, mi caminar delante de él se volvió más sensual.

Sin premeditarlo, me estaba prácticamente exhibiendo, aun cuando llevaba puesta una fina bata y bajo de ella solo las mojadas panties tipo tanga que acostumbro usar. Sentía que con su mirada me despojaba de la bata para admirar mi cuerpo y me ponía más caliente a cada momento.

Poco más tarde me metí a bañar. Pude constatar, por la sombra que se veía en movimiento por debajo de la puerta, que mi hermanito me estaba espiando como acostumbraba a hacerlo.

Animada por la excitación que en esos momentos dominaba mi cuerpo, me fui despojando lentamente de la bata con movimientos muy cachondos.

Al quedar en la tanga, me di tiempo para observarme en el enorme espejo que hay en el baño, a plena conciencia de que Javi me estaba viendo, lo que me excitaba aún más.

Jugueteaba bajándome y subiéndome la tanga mientras me miraba y acariciaba mi depilada conchita y mis nalgas hasta despojarme de la tanguita, con la cual seguramente mi hermanito se masturbaría más tarde.

Durante la ducha me estuve exhibiendo de forma descarada ante la lujuriosa mirada de mi hermanito menor.

Me tardé el doble del tiempo que usualmente empleo en bañarme.

No quedó ninguno de mis "encantos" que no le mostraría a Javi, incluidos mi conchita abierta y culito al separarme las nalgas con ambas manos.

No pude resistir la calentura y terminé por masturbarme ahí mismo hasta llegar al rico orgasmo que fácilmente llegó por tanta excitación.

A partir de ese día no podía dejar de lucir mis formas, piernas y panties para mi hermano.

Me excitaba sobre manera saberme deseada por él.

Empezó a ser cotidiano el que saliera de mi cuarto en lencería y zapatillas altas ante la presencia de Javi, fingiendo que era una situación casual y supuestamente que ignoraba su presencia.

Cuando ello sucedía, me retiraba del lugar pero con toda lentitud contoneando mi cuerpo en forma provocativa y sin tratar siquiera de cubrir mi semi desnudez en lo más mínimo, lo que seguramente él disfrutaba ya que enseguida se le notaba el abultamiento en pantalón y sentía cómo me devoraba con la mirada, lo que me ponía aún más cachonda de lo que de por sí estaba.

Pero la excitación que me produce exhibirme ante mi hermanito no quedó ahí. Un día se me ocurrió que si él me espiaba cuando estaba desnuda, yo podría espiarlo a él cuando se estuviera masturbando con mis pantaletas sucias.

Así que lo estuve "cazando" cuando lo hacía. Cada que entraba al baño, le espiaba esperando que se masturbara, con la duda de que tal vez tomara mi lencería para hacerlo en su recámara ya que era evidente que las agarraba dejándolas manchadas de esperma. Pocos días después logré mi propósito.

Como diariamente dejé el brassiere y la tanga sobre la cesta de la ropa sucia para incitarlo a tomarlas, y en cuanto él entró al baño me coloqué en cuclillas frente a la puerta entreabierta para observarlo, como él lo hacía diariamente para verme bañar, lo primero que hizo fue tomar las pantaletas y extenderlas para mirarlas, luego las llevó a su nariz olfateándolas en el puente donde minutos antes estuvo mi vagina y mi ano, acto seguido se bajó los pantalones y los calzoncillos, vaya sorpresa tan agradable que me llevé, su pija estaba en total erección, es grande y gruesa, tal vez no la más grande que haya visto o penetrado en mi cuerpo, pero sí que está bien dotada para su edad.

De inmediato mi vulva empezó a secretar sus jugos empapando mis panties en segundos. Javi sostenía mis calzoncitos con una mano, aspirando el aroma de mi sexo, besándolas y lamiéndolas, mientras con la otra se frotaba el pene.

Instintivamente, mi mano estaba frotando mi clítoris sobre la tanga. Enseguida, mi hermanito envolvió con mi tanga su hermosa pija, frotándola con vigor y con la otra mano ya se había apoderado de mi sostén que olfateaba incesantemente.

Aquella excitante escena se prolongó por un par de minutos hasta que empezaron a brotar chorros de blanca leche en abundante cantidad que vertía en el lavabo y los residuos que quedaron en la cabeza los limpiaba con mi tanga.

Arrojó la tanga y el sostén a la cesta de la ropa sucia y se lavó las manos enjuagando el lavabo.

De inmediato, me apresuré a regresar a mi recámara llevando las panties totalmente empapadas de mis jugos y tan caliente como pocas veces, por lo que enseguida tuve la necesidad de masturbarme imaginando la ricura de Javi dentro de mi cuerpo por todas las cavidades posibles.

Lo espiaba cuando se estaba masturbando con mi ropa interior.

Lo hacía varias veces a la semana y cada día me excita más ver su pija despertando en mí el deseo irrefrenable de poderse besar, lamer y chupar hasta que eyaculara en mi boca, sentir sus manos y su boca recorriendo mi cuerpo y de manera especial en mi zona íntima, como una fijación en mis masturbaciones es tener su boca entre mis nalgas besándome el culito.

Incluso cuando he estado cogiendo con mi novio, cierro los ojos y me imagino que es Javi el que me está metiendo dando en mi vagina. Cuando le chupo la pija, disfruto pensando que es la de Javi la que estoy mamando, lo que me hace tener orgasmos muy placenteros.

Esta excitante situación se ha convertido en algo cotidiano pero no por ello menos cachondo sino cada vez más agradable, lo que representa una clara provocación de mi parte para excitarlo, cada día mis exhibiciones con mi hermanito son más descaradas y de su parte ya no intenta disimular el bulto de su miembro en erección cuando me está viendo las piernas y las tetitas o cuando me dejo ver en lencería.

Me gusta mucho seducirlo y excitarlo, pero tendré que ser cautelosa, ya que no quiero que Roberto, mi padre, se dé cuenta de nada de esto, no sea que se ponga celoso… ya les contaré.