Javi y sus amigos #5
Yo estaba empapada de semen y él vino dispuesto a darme más. Acabó rápidamente sobre mí dejando más semen sobre mi cuello y mis tetas. Llegué al clímax y tuve un riquísimo orgasmo llenando de mis jugos la boca y cara del chico rubio.
El comprendió lo que había ocurrido y dejó de chuparme, se acercó hasta mí con su verga en mano y se masturbó mientras yo frotaba mi clítoris.
Recibí nuevamente ese líquido sexual sobre mi cuerpo, me sentía una zorra de primera y no me importaba, lo disfrutaba.
Con una mano me masturbaba y con la otra esparcía toda esa gran cantidad de semen sobre mi cuerpo.
Poco a poco me fui tranquilizando y recobré la cordura.
Estos chicos debían pensar que yo era igual a las mujeres de sus películas porno.
Me reincorporé y los miré a todos con una sonrisa, ya había terminado todo.
Me sentía plena y complacida, ellos lo habían disfrutado y yo también.
Les dije que quería darme un baño antes de irme a dormir, no podía acostarme con el cuerpo cubierto de semen.
El agua de la regadera estaba tibia, casi fría; eso me ayudó no solo a enjuagar la leche de mi piel sino también a bajar mi temperatura corporal.
Dejé que el agua cayera sobre mi cara y cerré los ojos.
No podía quitarme de la mente la imagen de esos viriles miembros jóvenes.
Sentía que me habían poseído. Lavé mi vagina, pero de tan solo tocarme, sentí la necesidad de seguir, quería más.
Tuve que admitir que aún no había quedado satisfecha. Tomé una toalla y me sequé.
De mi cajón de lencería tomé un coordinado muy pequeño y transparente.
El brassiere era de media copa, tipo balconette.
Dejaba mis pezones por fuera, mostrándose orgullosos sobre mis hinchadas areolas.
Me puse mis zapatillas, tomé mi bata y me envolví en ella.
Regresé a la sala donde estaban los chicos.
Aún no quería irme a dormir, mi cuerpo necesitaba desahogarse de nueva cuenta.
- Javi, ya es tarde, por favor vayan a dormir... les indiqué tomando de nuevo mi postura de hermana responsable.
- Pero Ivonne, no es tan tarde, solo un rato más....
- No, a dormir he dicho chicos, ya bastante tuvieron el día de hoy.
Los chicos apagaron la pantalla y se dirigieron a dormir al cuarto de visitas y a la habitación que ocupaba Javi. Se despidieron y justo antes de que Javi cerrara la puerta, le dije:
- Javi, ven por favor. Necesito hablar contigo.
Su cara de susto y desconcierto no se hizo esperar. Salió de su habitación cerrando la puerta tras de él.
- Qué pasó Ivonne? ¿Estás enojada conmigo?
- Ven, acompáñame... le dije tomándolo de la mano y llevándolo a mi recámara.
Me acompañó sin decir palabra, no sabía qué sucedía y por qué lo había llamado. Cerré la puerta y lo dirigí al baño. Lo senté sobre la taza y le dije...
- Javi, necesito que me prometas que lo que sucedió con tus amigos no se lo dirán a nadie. Tiene que ser un secreto que guardarán para siempre.
- Claro Ivonne, no te preocupes...
- No, sí me preocupo. Imagínate que los chicos anden contando por ahí lo que pasó, no sabría qué hacer y me molestaría muchísimo contigo. Tú no quieres eso, verdad?
- No Ivonne, claro que no. Yo me encargo de que no digan nada. Pero no te enojes conmigo.
- Está bien, confiaré en ti. Javi, tú sabes que te quiero mucho y que eres mi consentido, en verdad necesito que juren no decir nada nunca. De otra forma ya no podremos seguir teniendo nuestros secretos tú y yo.
- Sí Ivonne, yo me encargo. Pero no te enojes conmigo, nunca pensé que fuera a suceder algo así. Sabes que yo no le he dicho a nadie de nuestro secreto.
- Está bien, no se diga más. Confío en ti y espero te hagas cargo.
- Sí, te lo prometo, lo juro... dijo Javi firmemente, esperando mi perdón.
Lentamente me hice un poco para atrás y justo antes de abrir mi bata...
- Javi, creo que te mereces algo especial por lo que me acabas de prometer. Algo especial para ti, lo quieres?... dije mientras abría lentamente mi bata.
- Sí, claro que lo quiero Ivonne, me encanta todo lo que haces...
- Está bien, pues entonces acaba lo que empezaste hace un rato... dejé caer mi bata. Mis tetas aparecieron desafiantes, enmarcadas por el fino brassiere que dejaba ver mis pezones por completo. Los tenía durísimos.
Tomé a Javi por la cabeza y lo acerqué a mi conchita, pidiéndole que me volviera a chupar como lo había hecho antes.
Subí mi pie en el borde de la tina, dejando paso abierto para que su boca comenzara a chuparme.
Así lo hizo, con su lengua acariciaba mi clítoris, mis labios vaginales; vaya que me hacía gozar.
Estaba tan excitada, que bastaron un par de minutos para tenerme estremeciendo a cada beso y lengüetazo.
- Sí Javi, síiiiii!, sigue cariño, siiiii, asíiiii!!!! Qué rico me lo haces Javi, qué rico!!!... decía yo mientras con mis manos apretaba su cabeza contra mi sexo. Él no paraba de chuparme y de meter su lengua en mi vagina.
- Sí Javi, me vas a hacer acabar... Javi, qué rico!
!! Ahhhh!!!!, ahhhh!!!!!! Javiiiiiiii!!!
!!... fue mi último gemido cuando exploté en un orgasmo delicioso, dejando derramar todos mis jugos sobre la cara de mi hermano.
Estaba empapada, había salido un gran chorro de mi líquido de mi sexo.
Era lo que necesitaba, acabar intensamente para saciar mi calentura.
Me recobré después de un par de espasmos, alejando la cabeza de Javi de mi concha. Con su mano derecha ya se estaba masturbando, ya tenía la pija erecta a su máxima capacidad y se la jalaba rítmicamente.
- Te moje cariño... te gustó probarme Javi? ¿Viste cómo me hiciste venir?...
- Sí Ivonne, me encanta tu sabor, me encanta todo de ti... dijo mientras se pasaba la lengua por los labios acabando de beber todo mi jugo.
- Y veo que también quieres acabar de nuevo cariño, lo vas a hacer para mí Javi? ¿Te estás masturbando para mí Javi?... pregunté libidinosamente.
- Sí Ivonne, me tienes loco...
Me comencé a acariciar las tetas, a pellizcar mis pezones con la mano izquierda, mientras que la derecha ya estaba en los testículos de mi hermano. Se los agarraba y acariciaba jugando con ello. Él se seguía masturbando cada vez con más velocidad.
- Sigue Javi, sigue!!! Quiero que saques toda tu lechita Javi, quiero que me la des. La quiero sentir en mí, dale Javi, dale!... le decía viendo cómo sus ojos se cerraban por momentos por el placer que estaba sintiendo.
Solté sus huevos. Subí mi pie y zapatilla derecha al borde de la taza donde estaba sentado. Mi pie alcanzaba a rosar su escroto. Le ofrecí mis tetas para que las chupara. Tomó mi pezón y comenzó a mamarlo y succionarlo delicioso, lo hacía muy rico causándome placer y un poquito de dolor.
- Sigue papito, sigue Javi. Sigue así cariño, quieres acabar en mi pie? ¿Quieres llenar de lechita mi pie Javi?...
- Sí Ivonne, síiiiii!!!!! Siiiiiii!!!!!! Ahhhhhhh!!!!... dijo arqueando un poco la espalda.
Sentí cómo su leche caliente caía en mi pie y mi zapatilla. Dos chorros habían bañado mis dedos. Me separé y me senté sobre el borde de la tina.
- Qué rico papi, qué rico acabaste cariño. Qué rico Javi... le decía mientras subía mi pierna acercándole mi pie a su cara. - Ahora límpialo papito, limpia mi piecito y mi zapatilla que tanto te gustan cariño, límpialos Javi...
Tomo con su mano mi zapatilla y sin sacarla de mi pie, comenzó a lamer todo el semen que se había escurrido en ella. Pasaba su lengua por mis deditos y mi empeine, limpiando y probando su propia leche. No dejaba lugar de mi pie y la zapatilla sin lamer.
- Así papi, qué rico. Así me gusta, que me lo dejes bien limpiecito. Así Javi, eres un buen chico, eres un muy buen chico.
Bajé mi pierna, me levanté y me volví a cubrir con la bata.
- Ahora vete a dormir y recuerda tu promesa... le dije autoritariamente.
- Sí Ivonne, sí. Eres la mejor!!!...
- Lo sé cariño, más vale que cumplas si quieres que sigamos jugando tú y yo. ¿Entendido?
- Sí Ivonne, entendido. No habrá problema, será un secreto.
Javi ha cumplido como un caballero. Al entrar a la universidad dejó de frecuentar a tres de los chicos.
Dos fueron a estudiar a otro país y el tercero a otro estado.
Ernesto se quedó en la ciudad, decidió ya no seguir estudiando.
Trabajaba en el negocio de su padre. Los tiempos no coincidían mucho y también se alejó poco a poco.
Para mi suerte, todo había marchado bien. Sin complicaciones, pero sí con los beneficios que eso nos había traído a Javi y a mí.
A fin del día, todo queda en familia, ¿qué no?