Javi y sus amigos #4
No solo las manos de los muchachos se mantenían ocupadas, mis manos pasaban de un pene a otro constantemente, me agradaba la idea de sentir tanta virilidad en ellos.
Mi hermano se colocó detrás de mí y puso su verga entre mis nalgas, me agarró con fuerza y comenzó a moverse, su miembro surcaba mi cola de abajo hacia arriba.
- Se nota que les gusta frotármela. Me están poniendo un poquito incómoda.
- ¿Le molesta? – preguntó Mauricio apartándose.
- No es que me moleste, el problema es que ustedes se frotan y yo tengo la ropa interior puesta, y eso me hace doler – la verdad es que me gustaba mucho sentirlos a todos pegados a mí, solamente que la razón me decía que tenía que parar con todo esto, pero mi libido se oponía.
- ¿Y si se la quitan? – sugirió Ernesto. Medité durante unos instantes, ¿qué pensarían las hermanas de estos chicos si se llegaran a enterar de que yo me ofrecía como juguete sexual para ellos? La verdad es que yo soy hermana de uno, y me gusta que mi hermano esté disfrutando. Ellas se lo pierden.
- Bueno, está bien. Después podemos seguir “jugando”.
Se apartaron dejándome espacio. No quería llegar tan lejos pero ya les había prometido diversión. Para colmo la tela de la tanga estaba empezando a irritarme mucho y ya no la aguantaba más.
Me alejé un poco de ellos y les di la espalda, luego agarré mi tanga por los elásticos y tiré hacia abajo despacito, dándole suspenso a la situación, sólo podía imaginarme sus caras, pero seguramente estarían atónitos.
Mientras más la bajaba más aliviada se sentía mi parte íntima, al llegar a mis rodillas incliné mi cuerpo hacia adelante así podía quitarla del todo y a su vez los chicos podrían admirar mi vagina por primera vez al desnudo.
En ese instante volvieron a abalanzarse sobre mí.
- No se pasen – les advertí – no piensen que pueden hacer cualquier cosa.
Ninguno me respondió, enseguida sentí unos dedos tocando mi clítoris, eso me hizo gemir de placer.
Yo tampoco perdí el tiempo, agarré una verga y la masajeé firmemente.
Sentí que otra mano llegaba hasta mi concha y no se limitó con tocarla sino que introdujo un dedo, pude ver que esa mano era de David, que comenzó a masturbarme.
Agarré mi teta izquierda y se la ofrecí a Ernesto con un gesto, él lo entendió y me chupó el pezón con ganas.
Yo deliraba de placer. Mi hermano había tomado el lugar de David y era él quien me metía los dedos ahora.
Había perdido de vista a Mauricio hasta que supe que se encontraba a mi espalda. Sentí su pene duro en mi cola.
Mi culito no estaba lubricado, pero él había puesto saliva en su pene. Pude sentir mi culito abrirse apenas con la presión, me dolió un poco pero no quería que el chico se sintiera mal así que no dije nada, pero él volvió a presionar y sentí que estaba a punto de metérmela.
Yo no quería eso, así que me vi obligada a apartar su miembro con la mano, éste se deslizó hacia abajo quedando justo entre mis labios vaginales.
Cuando él empujó hacia adelante su verga apareció en el frente, parecía que un pene estaba creciendo desde el interior de mi sexo, agradecía que no me la hubiera metido y que mi hermano hubiera apartado su mano a tiempo.
Agarré la punta del pene que sobresalía y la levanté para que el tronco quedara bien encajado entre los labios de mi concha.
Comencé a frotarme de adelante hacia atrás a lo largo de todo ese palo viril. Se sentía de maravilla, la cantidad de fluido vaginal hacía que el movimiento fuera suave y mi clítoris lo disfrutaba. Ya estaba tan caliente que no podía dominarme a mí misma.
Cuando Mauricio se apartó agarré la verga de Ernesto y la dirigí hasta mi concha, la froté contra mi clítoris mientras con la mano libre agarraba la de mi hermano.
Me moví de atrás hacia adelante rítmicamente haciendo que el pene en mi vagina se deslizara entre los labios, pero teniendo mucho cuidado de que no me penetrara.
Mauricio aprovechó la oportunidad y acercó sus dedos a mi culo.
Logró meterme uno al primer intento, se sintió espléndido.
Entretanto yo había comenzado a frotarme sobre la verga de David, quien intentó por todos los medios metérmela pero la tenía firmemente agarrada y no pudo hacerlo.
El dedo de mi cola entraba y salía con libertad y llegó el turno de Javi para frotarse contra mi vagina.
Luego de unos segundos Mauricio quitó su dedo y yo pude apartarme de los muchachos.
- ¿Ivonne, me puedes dar un beso?... la pregunta de Ernesto me tomó por sorpresa, giré hacia él y me quedé mirándolo.
- ¿Un beso dónde? ¿En la boca?... pregunté incrédula.
- No, acá... señaló la punta de su verga.
- Ahh!!! pero qué listo saliste... no pude evitar reírme de la solicitud del chico.
- Es solamente un beso... insistió. – No tiene que hacer nada más.
- ¿Nada más? ¿Seguro?
- Seguro…
- Dale Ivonne, es solo un beso… uno para cada uno... acotó mi hermano. Mordí mi labio inferior, después de todo lo que les había dejado hacer, un simple beso en la puntita de sus penes no significaba nada.
- Está bien... accedí. – Pero se sientan en el sofá.
Obedecieron sin chistar. Se sentaron uno al lado del otro y yo me preparé para hacer lo prometido.
La tremenda calentura y excitación que sentía me hacía actuar sin pensar mucho.
Me acerqué al grupo de penes erectos y me puse de rodillas en el piso.
Supuse que debía comenzar con Ernesto ya que él fue el de la idea.
Tomé su pija con ambas manos y la miré detenidamente, de verdad tenía un tamaño considerable.
Pude ver unas gotitas de líquido pre-seminal saliendo de la punta.
Acerqué mis labios y lo besé justo ahí, sentí el líquido pegajoso en mi boca, me quedé allí por unos segundos y luego me aparté sólo para acercarme al siguiente.
Este era David. Repetí la acción de tomarlo con las dos manos y darle un suave beso en la punta.
No era la gran cosa, podía hacerlo tranquilamente hasta con el de mi hermano.
De hecho, a continuación le tocaba a él.
Mis manos se aferraron con firmeza a su tronco y mis labios se posaron sobre su glande.
Sentir esos penes rozando mis labios me ponía aún más cachonda. Tomé el cuarto u último pene, el de Mauricio; y lo besé con las mismas ganas que a los demás.
Noté que habían quedado poco satisfechos, de hecho yo también lo estaba, por eso empezando desde Mauricio hasta Ernesto besé los núbiles penes otra vez.
Estaba tan excitada como ellos y necesitaba más.
Me levanté y caminé hasta el sillón individual, allí me senté y separe un poco mis piernas.
Usando dos dedos comencé a frotar mi concha para deleite de ellos y les dije:
- Yo también quiero besitos.
No esperaron ni un segundo, se acercaron los cuatro.
Ernesto y Javi se sentaron en el piso justo delante de mí y los otros dos se quedaron de pie, uno a cada lado.
Al estar prácticamente acostada en el sillón, los penes de los chicos que estaban parados quedaban a pocos centímetros de mi cara.
Los dedos de Ernesto se introdujeron en mi concha y mi hermano se concentró en tocar mi clítoris, parecían estar analizándola.
Agarré las dos pijas que tenía a mi alcance y comencé a jugar con ellas mientras los otros exploraban mi sexo.
Tanto toqueteo hacía que me mojara más. Javi introducía sus dedos y me tocaba la concha con total libertad.
Daba una clase a sus amigos de cómo tocar a su hermana.
Todos se masturbaban deleitándose con verme ahí, con las piernas abiertas y semi desnuda para ellos.
- Mmmm, eso me gusta... dije y le di un besito a Mauricio en su palpitante pija.
Javi me tocaba con mayor velocidad, yo sentía mi clítoris a punto de estallar.
Quería que me la metieran pero no me animaba a decirlo.
Tocaban mis tetas y mis piernas, mientras Javi me hacía estallar de placer.
Luego Ernesto se animó a más, comenzó a chuparme la concha con ganas, se centraba más que nada en mi clítoris, al parecer tantas películas porno le habían enseñado cómo hacerlo.
Mientras me chupaba yo daba besitos a los penes que tenía en las manos, me animé a sacar un poquito la lengua y a darle finas lamidas casi imperceptibles.
Mi hermano tomó el lugar de Ernesto, con una mano se masturbaba al tiempo que se inclinaba para oler y besarme la conchita.
Mauricio se apartó para reservar su turno y Ernesto me ofreció su pene.
Continuaba dando besos a diestra y siniestra sin reprimir mis gemidos de placer, la lengua de mi hermano entraba y salía de mi vagina y luego me daba fuertes chupadas en el clítoris.
Tenía la cabeza inclinada hacia atrás y las piernas muy abiertas.
Ya no podía luchar contra la tentación. Me dirigí hacia el pene de Ernesto y le di una lamida a todo el largo del tronco justo cuando mi hermano dejaba de chupármela y Mauricio ocupaba su lugar.
El muchacho rubio se apartó para dejarle lugar a Javi, inmediatamente pasé mi lengua por su miembro, como si se tratara de un helado.
Yo gemía sin parar, me sorprendía que Mauricio me estuviera haciendo un oral tan rico, me la comía con placer, su cabeza se sacudía de un lado a otro haciendo brotar jugos de mi interior.
En el momento en que estaba lamiendo a la verga de Ernesto ocurrió algo inesperado pero que en algún momento tenía que pasar.
Mi lengua estaba a punto de llegar a su glande cuando fuertes chorros de espesa leche saltaron directo a mí.
Lo masturbé para que sacara hasta la última gota.
Casi en el mismo momento Javi se vino, haciendo saltar más cálida leche sobre mis tetas.
Le llegó el turno a David a chupar mi sexo, mientras Mauricio volvía a acercarme su verga.