Javi y sus amigos #3
Como si fuera poco, éste no era el único pene que me amenazaba, podía sentir al menos dos más contra mis piernas y muchos dedos toqueteando mis tetas. Estos chicos parecían zombies sexuales. Tenía que alejarme de ellos porque pronto perderían el interés por mis pechos y buscarían otra zona.
- ¡No chicos, basta! – Me quejé… - me van a hacer enojar, cálmense... pero ninguno parecía escuchar mis palabras.
Mi propio hermano imitó a su amigo y lamió mi pezón derecho.
Esto me produjo una extraña y morbosa sensación.
De todas formas, luché contra mis instintos sexuales e intenté caminar hacia el sillón individual que ocupaba antes.
Quería recoger mi camisón, pero no podía moverme con facilidad; tenía a estos chicos fuertemente aferrados a mí, tenía que esforzarme mucho por dar un simple paso.
Ni siquiera podía soltar los penes por mucho tiempo porque enseguida intentaban apuntarlos hacia mí.
Llegué hasta mi camisón, pero no podía agacharme para recogerlo; los cuatro aprovechaban la oportunidad de tocar mi cuerpo.
Varias manos pasaron por mi zona púbica, aunque se notaban temerosas de ir más allá; los dedos apenas rozaban mi intimidad.
Aunque ninguno desaprovechó la oportunidad de lamer mis pechos.
No me había dado cuenta, pero mis manos se movían instintivamente sobre las vergas que agarraba, hasta parecía que los estuviera masturbando.
No quería que los chicos creyeran eso, así que las solté inmediatamente.
Ya con las manos libres, intentaba empujarlos lejos de mí, pero en cuanto conseguía apartar uno, otro tomaba su lugar.
Además, Ernesto se aferraba con firmeza a mi cintura, lo cual me impedía moverme.
Javi tomó mi mano y la dirigió hasta su pene, me sorprendió mucho que hiciera esto, pero aparentemente él no me veía como hermana en este momento.
Además, era muy fácil dejarse llevar por la situación, era obvio que a mí también me costaba resistirme ya que agarré su miembro erecto.
Sentirlo entre mis dedos fue muy estimulante, estaba pegajoso pero emanaba mucha sexualidad.
Toqué su glande y eso pareció gustarle. La fuerte mano de Ernesto me apretó la cola al mismo tiempo que David volvía a colocar su verga contra mi sexo.
Mi corazón latía tan fuerte que tenía miedo de que ellos pudieran oírlo. Sentir el glande del muchachito rubio surcando entre mis labios exteriores me hizo perder la razón y me llevó a cometer una locura.
Sin poder resistirlo más, subí mi pierna derecha al sillón, quedando así más expuesta.
Los labios exteriores de mi vagina florecieron por los lados de mi tanga, que se apretó en el centro de mi sexo.
Escuché que alguno de los chicos soltaba una exclamación al ver esto.
Tomé el pene de David con mi mano y lo orienté hacia el medio de mi vagina.
Su primera embestida fue potente, no me penetró solo porque la tanga aún llegaba a protegerme, pero aun así me produjo mucho placer.
Con mi otra mano estimulaba el pene de mi hermano que latía entre mis dedos.
El muchacho rubio volvió a embestirme y no pude evitar gemir.
Mi mano izquierda buscó a tientas otro pene, encontré el de Ernesto y comencé a estimularlo mientras seguían presionando contra mi sexo.
Mi concha era un océano de flujos y si seguíamos así en cualquier momento David encontraría la forma de evitar chocar contra la tanga, pero en lugar de seguir con su tarea, se apartó para permitirle a Mauricio hacer lo mismo.
La timidez del chico había desaparecido por completo, acepté su largo pene y dejé que lo apoyara firmemente. Los dedos de Ernesto hurgaban por detrás, entre mis nalgas y mis tetas seguían acaparando bastante atención, siempre había una mano o una boca en ellas.
- Está bien chicos, los voy a dejar jugar un ratito conmigo, porque me caen bien – “y porque estoy muy caliente” pensé – pero solamente un poquito, cuando yo diga basta es basta.
Todos asintieron. Se apartaron de mí sabiendo que esta vez yo colaboraría.
Me coloqué mirando de frente al sillón individual y apoyé mis manos sobre los apoyabrazos, así quedé dándole la espalda a los cuatro muchachos, inclinada hacia adelante con la cola levantada expuesta a un millón de toqueteos.
Aunque mantuve las piernas juntas mi vagina sobresalía entre ellas, uno de ellos tiró de mi tanga hacia arriba haciendo que ésta se meta aún más en mi concha, todos exclamaron por la sorpresa de ver mis hinchados labios vaginales adornados con pelitos negros.
- Se portan como si nunca hubieran visto una vagina – les dije.
- Nunca habíamos visto una en vivo y en directo, y mucho menos una tan hermosa – contestó David.
- Oh, gracias.
Ese dulce comentario me hizo separar un poco las piernas para que pudieran apreciarla mejor.
Ninguno se movió y yo ya comenzaba a dudar, tal vez estaba asustando a estos chicos, esto era una completa locura.
Cuando estuve a punto de ponerle fin a todo sentí que una verga se pegaba a mi vagina y empujaba con fuerza, me hizo levantar más la cola.
- ¡Ay, despacio! – no fue una queja sino una sugerencia.
El que me embestía esta vez era Ernesto.
Los labios de mi concha envolvieron su glande, aunque la tanga le impedía llegar más adentro, parecía que me estuviera penetrando.
El muchacho se aferró a mi cintura y continuó empujando inexpertamente hacia adentro.
Yo confiaba en que no consiguiera metérmela.
No pretendía llegar tan lejos, de hecho ni siquiera debería estar haciendo esto.
- ¿Puedo probar yo también? – preguntó Javi mientras Ernesto continuaba frotándose contra mí.
- Bueno… sería injusto si te dijera que no, está bien – no podía creerlo, le estaba dando permiso a mi propio hermano para que me arrimara.
Su amigo se apartó y le cedió el lugar. Mi hermano no esperó a que yo me arrepintiera, casi de inmediato presionó con fuerza su pene contra mi concha.
No pude evitar acompañar sus movimientos con mi cadera y soltar un leve gemido.
La vagina me pedía a gritos que la penetraran, pero yo no estaba dispuesta a hacerle caso.
Dejé que mi hermano se entretuviera un rato y nada más. Luego de unos segundos, Javi se apartó.
- Pueden hacer una ronda más cada uno y basta – les dije sin pensar con mucha claridad. Esto no podía terminar nada bien, pero ya no podía deshacer lo hecho.
El primero fue David, que se frotó con ganas contra mi vagina, al menos respetaba un poco mi cuerpo, ninguno intentó apartar la tanga para metérmela.
En su turno, Mauricio fue muy amable, no presionó con mucha fuerza, hasta parecía que lo hacía con cariño.
Los penes abrían cada vez más mi concha, me gustaba mucho sentirlos ahí y cada vez me ponía más caliente.
Cuando volvió a pasar Ernesto, yo ya tenía las piernas más separadas, por lo que pude sentir su verga un tanto más adentro, pero aún no podía llamarse una penetración, aunque esto estimuló más a Ernesto, lo que hizo que me embistiera como si estuviera cogiéndome con ganas.
Mi hermano también se portó de una forma similar a la de su amigo, no le importaba en lo más mínimo que yo sea su hermana, con tal de poder restregar su miembro.
- Bueno, suficiente. Espero que hayan quedado satisfechos – dije dando media vuelta, ninguno tenía cara de satisfacción, al contrario, parecían desilusionados – sigan con la película, yo me voy a tomar algo y de ahí me voy a acostar.
Uno de los chicos estuvo a punto de quejarse, pero lo miré con mala cara, cerró la boca al instante.
Caminé hasta la cocina a paso lento sólo para corroborar que me hicieran caso, se sentaron ante la tele otra vez y pusieron la película en marcha.
Busqué la botellita de agua en la heladera y tomé un largo trago con la esperanza de que eso me enfriara un poco.
Miré mi conchita sobresaliendo por los lados de la tanga, era una escena sumamente sexual y yo había estado así frente a mi hermano y sus amigos, me sentía avergonzada, sólo quería regresar a mi cuarto y no tener que verles las caras durante toda la noche.
Ninguno de los cuatro parecía muy interesado en la película, hasta sus penes se veían flácidos, me dio mucha pena verlos así. Los había ilusionado y ahora los dejaba solos. Caminé hasta mi sillón y les dije:
- Si quieren me quedo un ratito más, pero no se me vengan encima.
Estuvieron de acuerdo con la propuesta, eso los animó bastante y continuaron tocándose.
Me senté en el sillón y dejé mis piernas un poco abiertas, me miraban más a mí que a la película, que se había transformado en solamente un ruido de fondo.
Fui la primera en darse cuenta de que la película había terminado y ya estaban pasando los créditos.
- Se terminó – les avisé – ¿tienen otra más o esa era la única?
- Tenemos muchas más – dijo Mauricio poniéndose de pie de un salto.
Se dirigió hacia una mesa que estaba detrás del sofá.
Yo me acerqué para curiosear un poco y eso provocó que los demás también se levantaran.
El chico delgado abrió una mochila y extrajo varias cajas de DVD, todos con portadas muy sugerentes y títulos sumamente raros.
Me puse a analizar el material de estos muchachos cuando ellos volvieron a amontonarse sobre mí.
Sentí sus dedos hurgando entre mis húmedos labios vaginales, pero no me animé a decirles nada.
- ¿Ya las vieron todas? – pregunté mientras David me chupaba un pezón. Le agarré los testículos y los moví entre mis dedos.
- Sí, ya las vimos a todas – contestó Javi – ya no son tan divertidas.
- Preferimos mirarla a usted – agregó Mauricio.
- Ahh, qué tierno – solté el DVD que tenía en la mano y agarré su pene como si fuera lo más natural del mundo y lo guié hasta la entrada de mi vagina, lo dejé frotarse un rato. Pude sentir mis fluidos bajando por la cara interna de mis piernas.