Javi y sus amigos #2
Los cuatro chicos estaban pasmados mirándome fijamente, ninguno había intentado siquiera cubrir sus pijas, de hecho; aún seguían con sus manos en sus penes.
Como si solamente hubieran puesto pausa a la masturbación.
No sabía si dar media vuelta y cerrar la puerta.
Eso sólo preocuparía a los chicos, sentirían que fueron descubiertos haciendo algo malo y eso les produciría mucha vergüenza.
La culpa era mía, por cometer la estupidez de venir hasta acá a hacerme la hermana cachonda.
- ¡Uy, disculpen!... dije sonrojándome al máximo. – No sabía… las palabras se trababan en mi boca, los chicos intentaron cubrirse con sus manos, se veían tan avergonzados como yo. – No, está bien… no se detengan, es mi culpa… no quise... No sabía cómo explicarles ni qué decir.
- ¡Ivonne! perdón, pensé que ya estabas dormida... mi hermano Javi intentó levantar su pantalón del suelo.
- No pasa nada. No quiero arruinarles la… no sabía si llamarlo fiesta. – Fue mi culpa, no debí asomarme así de improvisto.
- Disculpe señora, lo que hicimos estuvo mal... se lamentó Ernesto mientras intentaba tapar su pija.
- No tiene nada de malo, de verdad… es normal…
Alguno de los chicos puso la película en pausa, en la pantalla se veía una mujer blanca de pelo negro y cuerpo espectacular recibiendo un grueso pene por la vagina.
– Lamento haberlos interrumpido, no sé qué decir, qué pena.
- Yo siempre he sido muy liberal y no me espanta ver lo que están haciendo. Es natural en chicos de su edad.
- La culpa es nuestra, esta es su casa, no debimos… dijo David, el cuarto chico. Un muchacho rubio de cabello corto que era muy guapo, seguramente era el que más atraía a las mujeres de los cuatro.
- Es mi culpa... insistí. - Si quieren pueden seguir viendo su película.
- Tu hermana es muy buena – dijo Mauricio.
- Yo soy una mujer comprensiva y moderna, yo también pasé por la adolescencia… Hice muchas locuras, no tengo derecho a recriminarles nada a ustedes. Fue un accidente encontrarlos así, yo busco algo para tomar en la cocina y los dejo tranquilos.
Caminé hacia la cocina pasando por detrás del sofá, todos me miraron pasar, evidentemente habían notado mi atuendo, la situación no era tal como la imaginaba pero podía ver la reacción de cada uno con mis propios ojos. Sus erecciones se les pusieron aún más duras, incluso a mi propio hermano.
- ¿De verdad no le molesta que sigamos?... volvió a preguntar David.
- En serio, sigan con su película y con lo que estaban haciendo, yo no los molesto más... dije tomando una botella de agua del refrigerador. Sus caras eran de asombro y desconcierto.
La película se puso en movimiento otra vez, ellos parecían algo tímidos, desde la cocina podía ver todo ya que no hay pared que divida un área de la otra, solamente hay una barra.
No movían sus manos, estaban tanteando la situación con cuidado, como si yo fuera a decirles algo.
Tomé un pequeño sorbo de agua sin apartar la vista de esos cuatro miembros erectos, nunca en mi vida había visto tantos penes jóvenes al mismo tiempo.
Me sentía tan cachonda que no podía pensar claramente.
Caminé de regreso a mi habitación sin decir nada, pero en cuanto pasé por detrás del sofá Ernesto me dijo:
- Señora Ivonne, no hace falta que se vaya… si no le molesta... fue una insinuación, seguramente quería mirar mi cuerpo por un rato más y le calentaba la idea de que yo lo viera masturbándose.
- Ustedes necesitan privacidad para ver su película. No quiero molestarlos.
- De verdad señora... agregó David. – No nos molesta para nada, pero le es incómodo, lo entiendo... este chico era un encanto, hasta parecía apenado porque me marchara.
- ¿Incómoda?... la verdad es que no me ponía incómoda, pero sí muy cachonda.
Tenía que admitir que yo me la había buscado al venir hasta acá vestida de esta forma, podría quedarme un ratito, para que no se sientan culpables y luego regresar a mi cama.
– No, para nada, no me pone incómoda. - Los acompaño si quieren.
Para demostrar seguridad me senté en el sillón individual de la izquierda, este no miraba hacia el televisor, sino que apuntaba derecho hacia los chicos.
Inmediatamente noté sus miradas en mí. Estaba muy sonrojada, no sólo porque se estaban masturbando sino también por las explícitas escenas de la película.
Nunca había visto material de este tipo delante de mi hermano.
La mujer en la pantalla ahora estaba acompañada por dos hombres, uno la penetraba desde atrás por la vagina y el otro le ofrecía su pene, para que ella pudiera mamarlo.
Mis ojos iban de la pantalla a los miembros erectos de los chicos.
Me di cuenta de que estaba muy tensa, tenía las piernas juntas y las manos sobre las rodillas, intenté relajarme un poco, dejarme llevar.
Me senté más cómodamente, apoyando mi espalda contra el respaldo del sillón y separando levemente las piernas.
Ninguno decía nada, pero los ojos se movían constantemente, a veces se centraban en mí y eso hacía que me incomodara aún más, ya que los tenía justo delante, tocándose pensando en mí.
Pero la excitación recorría mi cuerpo, esto iba haciendo que todo me importara menos, después de unos momentos, ni siquiera me importaba que mi hermano y sus amigos se masturbaran mirándome. Al contrario, me tenía muy excitada.
Dejando mis preocupaciones de lado separé un poco más mis piernas, la muy escasa ropa que cubría mi entrepierna dejaba ver mi sexo con facilidad. La diminuta tanga negra mostraba los labios de mi sexo sobresaliendo por los lados.
Me concentré en la película mientras mi hermano y sus amigos me miraban sin dejar de masturbarse.
Los chicos se daban con ganas, sus manos se movían constantemente y sus erectos miembros parecían dotados de vida propia.
En la película la protagonista estaba siendo penetrada por tres hombres, uno por cada agujero disponible, yo luchaba contra mis ganas de masturbarme.
- Espero que no piensen que las mujeres hacemos esas cosas... les dije. – En estas películas todo es actuado… y mal actuado. La mayoría de las mujeres no se comportan de esa manera.
- Sí Ivonne, lo sabemos... mi hermano Javi tampoco parecía preocupado por estar masturbándose frente a mí.
– Pero es muy caliente imaginar esas cosas, y mucho más lindo verlas...
puse una de mis piernas sobre el antebrazo del sillón.
Esto dejó una gran separación entre ellas y la diminuta tanga tapaba muy poco mi mojada conchita.
- Ivonne ¿usted se…? – Ernesto fue el primero en llamarme por mi nombre, pero no se atrevió a completar la pregunta.
- ¿Sí yo qué? – pregunté intrigada, los cuatro miraban directo hacia mi vulva, esta estaba apretada en un pequeño triángulo de tela negra y amenazaba con salirse por los lados, la división de mi vagina se notaba mucho.
- ¿Usted podría mostrarnos sus pechos?... se animó por fin. La pregunta me tomó por sorpresa, los miré incrédula, los cuatro con su mejor cara de súplica.
- No creo que eso sea apropiado... como tampoco era apropiada la forma en la que estaba sentada frente a ellos.
- Bueno, pero nosotros estamos aquí desnudos… y usted puede vernos... comenzó diciendo David. – Nosotros solamente le pedimos ver un poco. Creo que es justo... justo o no yo ya no tenía muchas ganas de seguir argumentando.
- Está bien, pero solamente un ratito, después me voy a mi cuarto... todos asintieron con la cabeza.
Sin mucho preámbulo bajé la mitad superior de mi camisón exhibiendo mis tetas al mismo tiempo.
Son grandes y bien redondas, la areola de mis pezones es marrón muy claro y contrastando con la piel blanca de mis pechos.
Los masajeé un poco y pude ver cómo aceleraban el ritmo de su masturbación, al parecer ninguno estaba dispuesto a acabar todavía, me sorprendía el aguante de estos chicos. Uno de ellos puso la película en pausa.
- ¿Puede venir más cerca?... preguntó Mauricio tímidamente.
Él era quien más me sorprendía, no podía creer que un chico tan tímido se animara a masturbarse frente a sus amigos…
o frente a la hermana de su amigo. No pude negarme a su pedido, el camisón cayó al piso en cuanto me puse de pie ya que no tenía de dónde sostenerse.
Quedé vistiendo solamente esa diminuta tanga que dejaba poco a la imaginación y que se metía cada vez más dentro de mi vagina.
Los cuatro estaban muy sorprendidos cuando desfilé frente a ellos con paso sensual.
Sus manos se agitaban frenéticamente, me sentía una estrella porno.
Di un giro completo sobre mis zapatillas para mostrarles todo mi cuerpo.
Al parecer David no se pudo reprimir más y se puso de pie junto a mí.
Sin darme tiempo a nada agarró mi teta derecha con una de sus manos.
- Hey, no dije que podían tocar... no me enfadé, se lo dije en un tono simpático. – Además tienen las manos pegajosas.
Di un paso hacia atrás y cuando me di cuenta Ernesto ya estaba parado junto a mí.
- Es que nunca tocamos una, nos gustaría saber qué se siente... y a continuación agarró mi otra teta.
- Bueno, bueno. Ya lo saben, ahora pueden ir soltando. Javi defiende a tu hermana... le rogué a mi hermano, pero éste solo se rio de mí y vino junto con Mauricio a tocar mis voluptuosos senos.
Intentaba apartarme de ellos pero me tenían rodeada, Ernesto se colocó atrás, muy pero muy pegado a mí.
Sentí su pene contra mi vagina, por suerte la tanga me protegía.
Moví la cadera hacia un lado para sacarlo de allí pero él volvió a apuntar al mismo lugar, no me quedó más remedio que apartar su pene usando mi mano.
Se lo agarré y lo sostuve con la mano izquierda a un lado de mi pierna. Estaba muy duro.