Mis Secretos, yo Ivonne 2 Javi y sus amigos
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Javi y sus amigos

Mientras mi hermano reía a carcajadas junto con sus amigos en la sala, yo preparaba la maleta de mi esposo, saldría de viaje y regresaría mañana.

En cuanto todo estuvo listo despedí a mi esposo con un gran beso en la boca, él me dio una nalgadita y se despidió con la mano mientras se iba en el auto.

Llevamos un par de años casados y seguimos comportándonos como una pareja de adolescentes, tenemos sexo cada vez que podemos y lo disfrutamos mucho. Estaba muy caliente y deseosa de hacer el amor a Rafa, pero el trabajo me lo quitaba por una noche.

Está de visita con nosotros cada que puede, le gusta estar aquí y disfrutar de la alberca que tenemos. Pudiera serlo por la edad, pero no lo es. Más bien fue un traspié de mis padres.

En ese momento tres de sus amigos se encontraban con él en la sala. Me acerqué a ellos para preguntarle si no les hacía falta nada, sus amigos se comportaban de una manera un tanto tonta y cohibida conmigo. Creo que los intimidaba un poco.

Soy una mujer de físico privilegiado y sé que despierto fantasías eróticas en muchos hombres.

Tengo el cabello largo a media espalda y lacio, color oscuro.

Mantenerme cerca del gimnasio ha favorecido mucho mi figura, conservo una cintura bien torneada y unas nalgas que se mantienen redondas y paraditas.

Siempre ha sido mi mayor atractivo y arma de seducción.

Mi piel es blanca, muy tersa y tonificada por los tratamientos de belleza que regularmente me hago.

Noté que uno de los amigos de Javi no dejaba de mirar mi escote, y eso que no era muy amplio.

Tener las tetas operadas y tamaño considerable, hacía que llamaran más la atención.

El curioso era Manuel, un joven delgado y alto, de casi 1.

80 mts. Parecía ser un chico muy tímido por eso no lo reprendía por mirarme.

Lo mataría de la vergüenza, además no me hacía ningún daño y de hecho me gusta que los chicos me vean, me gusta llamar su atención.

- En un rato nos vamos, Ivonne – me anunció mi hermano luego de decirme que no necesitaban nada.

- ¿Puedo preguntar a dónde van?

- A la casa de Mauricio, vamos a… ver unas películas... me llamó un poco la atención el tono que empleó, pero Javi no era de mentir, así que debía confiar en él.

- ¿Por qué no se quedan acá?... les sugerí. La verdad es que me daba un poco de temor quedarme sola en la casa toda la noche... - Rafa no vuelve hasta mañana al mediodía, así que no molestarían para nada.

- ¿Y tú Ivonne?

- Yo estaré en mi cuarto viendo Netflix, estoy algo cansada así que me voy a acostar temprano... no era cierto, pero no quería que pensaran que les arruinaría la fiesta quedándome con ellos... - Podemos pedir unas pizzas para la cena y todo.

Estuvieron de acuerdo con mi idea, cada uno de los chicos envió mensaje a su casa avisando dónde estarían. Era responsable de Javi y estaría más tranquila sabiendo que mi hermano se quedaba en casa y a su vez me tranquilizaba la idea de no quedarme sola.

Comimos las pizzas en cuanto llegaron, a ninguno le disgustó que yo cenara con ellos, de hecho parecían muy felices.

En un par de ocasiones escuché comentarios y cuchicheos en secreto, donde los chicos me halagaban.

Le decían a Javi cosas como “qué buena está Ivonne”, “qué linda está tu hermana”, etc.

Yo me hacía la sorda pero esos comentarios me dibujaban una sonrisa en el rostro.

Ernesto, otro de los amigos de mi hermano, parecía que iba a quebrarse el cuello intentando mirar bajo mi vestido.

No era muy largo y mis piernas se sentían libres estando al descubierto.

El muchacho estaba sentado frente a mí y como sólo había una mesita entre nosotros, podía tener una buena vista de mis extremidades inferiores.

Al principio me sentí un tanto incómoda, el chico disimulaba muy mal su fijación por mis pies y piernas.

Me provocaba cierta ternura verlo intentar verme sin que yo me diera cuenta.

Al contrario de Mauricio, Ernesto era un muchacho más chaparrito, de hombros anchos y nariz gorda. Daba toda la apariencia de ser un poco lento y bobo, pero según Javi era bastante listo. Si lo era no lo estaba demostrando en ese momento.

Mi vestido era bastante suelto y holgado, con cualquier movimiento se ondeaba.

Decidí darle una pequeña recompensa por sus esfuerzos y separé un poco las piernas, justo lo necesario como para que sólo él pudiera ver mi ropa interior; pero lo suficiente como para que la notara sin dificultad a su mirada.

Yo tenía puesta una tanga blanca de algodón, nada muy espectacular pero sin duda le gustaría lo que iba a ver.

Estuve en esa posición durante unos segundos y cuando lo miré de reojo me sorprendí al notar un pequeño bulto sobresalía de su pantalón.

Inmediatamente cerré las piernas, no quería provocarle una erección al chico.

Me sentía nerviosa, yo una mujer mayor exhibiéndome frente a un chico de 18 años.

Me sorprendió que el chico se excitara tanto con tan poco.

Era como ver un bikini, no era para tanto.

Terminamos de cenar y yo me encargué de recoger y limpiar todo.

Los chicos se fueron a la sala donde estaba la pantalla.

Mi marido y yo nos habíamos encargado de armar un verdadero Home Theater.

Teníamos una pantalla de 70", un buen equipo de audio y un gran sillón en el que entraban cuatro o cinco personas cómodamente.

Además había otros dos sillones individuales, uno a cada lado del sillón más grande.

Me despedí de ellos, no quería robarles más tiempo. Me dirigí a mi cuarto quitándome las zapatillas de tacón alto mientras caminaba y en cuanto cerré la puerta me quité el vestido. Me llevé una sorpresa al hacerlo; de pronto recordé que no traía una simple tanga blanca, eso fue en la mañana.

Luego de bañarme en la tarde me la cambié por algo más sugerente, una tanga roja bastante pequeña y con tela que transparentaba todo.

Lo peor era que hacía sobresalir los labios de mi sexo por los costados.

Ahora entendía por qué Ernesto se había excitado tanto.

Pobre chico, jajaja. Un involuntario calor invadió mi zona íntima, me calentaba saber que el chico había visto mi conchita bajo esa tanga transparente.

Me quité el brassiere dejando mis tetas libres, mis pezones estaban algo excitados y comenzaban a ponerse duros, los toqué apenas solo para comprobar que me había puesto cachonda. Decidí ignorar las reacciones de mi cuerpo.

Me acosté en la cama y encendí el televisor. Estuve viendo un programa por casi una hora y media, pero los pensamientos habían vuelto para atormentarme. No podía sacarme de la cabeza la idea de que esos chicos fantasearan con mi cuerpo y que me miraran de esa forma.

Deslicé mi mano hacia mi entrepierna y toqué mi depilada conchita.

En menos de un minuto ya estaba estimulando mi clítoris con mi dedo y podía sentir mi vagina humedeciéndose.

Mi necesidad de sentir placer se apoderó de mí.

Mordí mi labio inferior cuando una loca idea se cruzó por mi cabeza.

No era algo que no hubiera hecho antes, así podría hacerlo de nuevo sin mayores consecuencias.

No sería más que un jueguito divertido. Acomodé mi mojada tanga y me levanté.

Busqué en mis cajones algunos de mis mejores babydolls, encontré uno color negro, tipo faldita con ondas.

Era algo transparente, por un momento me pareció demasiado provocativo, pero sin meditarlo mucho, me lo puse.

Se ajustaba muy bien a mis senos, hacía que mis pezones se marcaran.

Si la luz era buena, tal vez podría verse la areola hinchada que los rodeaba.

Abajo el babydoll era todo lo contrario, no era ajustado para nada, parecía flotar sobre mis piernas sin casi tocarlas.

Cubría apenas lo necesario como para que mi tanga no se viera.

El tema es que era roja y no hacía juego.

Me la quité y busqué otro color negro. Encontré una que era apenas un triangulito con una fina tira elástica, me la puse.

Me calcé mis zapatillas de tacón alto, unas de las que me ha regalado Rafa.

Las especiales les llama él. Las que me pide que use cuando tenemos sexo.

Ya decidida, con el pulso acelerado, salí de mi cuarto dispuesta a pasearme delante de los chicos vistiendo ese conjunto sumamente erótico. Luego regresaría a mi cuarto a masturbarme. Necesitaba pasar por la sala para poder llegar a la cocina, con la excusa de buscar algo para tomar.

Entré en la sala del home theater por la puerta del costado izquierdo del sofá.

Apenas vi a los chicos me quedé congelada, con los ojos abiertos como platos.

Ellos escucharon mi llegada y reaccionaron de la misma forma que yo.

Un silencio sumamente incómodo se manifestó, pero rápidamente fue interrumpido por unos gemidos a poco volumen provenientes del televisor.

Nada de lo que tenía en mente me hubiera preparado para tan electrificante escena.

Los cuatro chicos, incluido mi hermano, estaban sin pantalón. Pude ver cuatro jóvenes penes totalmente erectos. Estaban sentados frente al televisor viendo una película porno con la cual se masturbaban.

Siempre he disfrutado y soy partidaria de la masturbación. Javi ha sido beneficiado por mí en ese aspecto. ¡¡Pero hacerlo en grupo, junto con sus amigos! Soy partidaria de que la masturbación es una necesidad que debemos satisfacer, me encanta que Javi lo haga, respeto su privacidad.