El baño de la discoteca #3
Yo todavía estaba recuperándome, pero levanté una mano para detenerlo.
—No… ya tuve bastante por esta noche —le dije con voz ronca pero firme—.
Él no se movió, en cambio, se apoyó contra la pared, muy cerca de mí, y sin decir nada se bajó la cremallera, sacó su polla gruesa y completamente dura, y empezó a masturbarse lentamente a mi lado mientras yo intentaba arreglarme el pelo y el maquillaje en el espejo.
Lo miré de reojo porque se estaba tocando con ganas, respirando pesado y recorriendo mi cuerpo con su mirada: mis leggings ajustados, el top que apenas cubría nada y con mis tetas todavía marcadas por las manos de Marcos.
—Solo mírate… —me dijo en voz baja—. Estás hecha una puta obra de arte recién follada.
Intenté ignorarlo y seguir arreglándome, pero al ver cómo se masturbaba tan cerca de mí, con esa polla moviéndose en su mano, empezó a despertarme la excitación de nuevo, pero yo “de momento”, negué con la cabeza.
—No… de verdad, ya llevo aquí un rato encerrada y me apetece salir fuera a tomar algo…
Él aceleró el movimiento de su mano, respirando más fuerte, mirándome con cara de deseo, y su polla estaba hinchada, brillante, a punto de explotar mientras yo lo ignoraba ya completamente vestida y terminando de retocarme en el espejo, pero en ese momento, vi que estaba a punto de correrse, y algo dentro de mí cambió por completo así que me agaché rápidamente frente a él, le aparté la mano y me metí su polla en la boca de un solo movimiento.
—Joder… sí, así —gimió él, agarrándome del pelo.
Se la chupé moviendo mi cabeza rápido y profundo, succionando fuerte mientras lo miraba desde abajo.
Solo tardó unos segundos y con un gemido ahogado se corrió dentro de mi boca, soltando chorros calientes y espesos que tragué casi todo, dejando que un poco me chorreara por la comisura de los labios.
Cuando terminó, me levanté limpiándome la boca y él me miró todavía jadeando, con cara de sorpresa y gratitud.
—Gracias… —me dijo, casi sin voz—. Eres increíble, a lo que yo le respondí con cara de pícara y guiñándole un ojo.
Se subió la cremallera rápidamente, me dio un último vistazo excitado y salió del aseo. Yo me quedé unos segundos más, respirando agitada, retocándome el maquillaje una última vez…
Por fin logré salir del baño intentando caminar con normalidad y viendo como Marcos y sus amigos me esperaban cerca de la barra así que caminé hacia ellos todavía oliendo a semen y en cuanto me vieron, Marcos sonrió con esa mezcla de orgullo y lujuria, me pasó un brazo por la cintura y me atrajo hacia él.
—Ven, reina… no te vamos a dejar sola después de lo que nos has dado —me dijo en voz baja, besándome pero esta vez en la boca y delante de todos ellos.
Me llevaron a una zona más privada y tranquila del local, un reservado con sofás de cuero, luces tenues y cortinas que daban algo de intimidad, y durante ese tiempo me trataron como una absoluta reina.
Uno de ellos pidió una botella de champán, otro me sentó en el medio del sofá entre los tres, y Marcos se colocó a mi lado, acariciándome la pierna sin ningún disimulo.
Me sentía poderosa, sucia, usada y a la vez, completamente excitada, por lo que bebí champán mientras ellos me halagaban, me tocaban y me decían lo increíble que era y yo que ya estaba bastante desinhibida, me dejé llevar recostándome contra el sofá y abriendo ligeramente mis piernas, permitiendo que las manos de Marcos subieran por mis piernas.
—No me importa que Carlos se entere —les solté de repente a todos, mirándolos a los tres con una sonrisa provocadora—. De verdad que me da igual y si algún día se entera,… pues que lo sepa porque ya estoy harta de fingir.
Los tres se quedaron mirándome sorprendidos pero visiblemente más cachondos, Marcos se reía y me besaba con fuerza en la boca, metiendo su lengua mientras yo gemía bajito, y en ese momento, uno de sus amigos (el moreno alto) sacó el móvil discretamente y nos hizo una foto justo cuando Marcos me tenía agarrada del cuello besándome.
Al mismo tiempo, el otro amigo metió la mano por debajo de mi top corto y me sujetó una teta con descaro, apretándola mientras salía el flash.
—Esta foto se queda entre nosotros… por ahora —dijo el que tomó la foto con una sonrisa perversa.
Sentí un escalofrío de puro morbo el saber que ahora tenían una foto mía siendo besada por el mejor amigo de mi marido y a su vez manoseada por el colega de Marcos.
Les dejé hacer durante un buen rato: besos, manos por todo mi cuerpo, dedos rozando mi entrepierna por encima de los leggings, susurros sucios diciéndome lo zorra que era y lo mucho que le había gustado estar conmigo en ese baño.
Pero al cabo de un rato miré el reloj y suspiré.
—Chicos… me tengo que ir —les comenté con voz ronca, todavía con las mejillas sonrojadas—. Mañana tengo comida con los padres de Carlos y no puedo llegar tarde, pues ya bastante riesgo estoy corriendo…
Marcos me miró con deseo y decepción al mismo tiempo.
—¿Segura? Podríamos seguir la fiesta en otro lado…
Sonreí y le di un último beso profundo, mordiéndole el labio.
—Esta vez no.
Me levanté del sofá, me arreglé la ropa lo mejor que pude y les di un último vistazo a los tres.
Me acompañaron hasta la salida de la discoteca, Marcos me dio un beso largo y posesivo en la puerta, apretándome el culo una última vez y al mismo tiempo, me despedí con dos besos de sus dos colegas mientras ellos querías aprovechar ese último momento dirigiendo sus mano a mi culo.
—Eres peligrosa, Lucía… —me susurró al oído— y me encanta.
Salí a la calle fría de la madrugada, paré un taxi y durante todo el camino a casa solo podía pensar en dos cosas: Por un lado, llevaba impregnado el semen de los tres y encima, ellos tenían ahora una foto de mí besándome con el amigo de mi marido y mientras su colega me agarraba una teta…
Cuando llegué a casa, Carlos ya estaba dormido, me duché rápidamente, me metí en la cama a su lado y cerré los ojos, sintiendo todavía el eco de todo lo que había pasado esa noche pero estaba tan cansada que no tardé en quedarme dormida…