Mis Infidelidades Más Sucias El baño de la discoteca #2
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El baño de la discoteca #2

No pude esperar más, por lo que me separé un poco de su boca, lo miré a los ojos con una sonrisa perversa y me fui deslizando lentamente hacia abajo, rozando mi cuerpo contra el suyo hasta quedar de rodillas frente a él en ese espacio tan estrecho.

Acto y seguido, le desabroché el cinturón con mis dedos ansiosos, bajé la cremallera de sus pantalones vaqueros y saqué su polla gruesa, dura y palpitante, pues ya parecía estar algo mojada en la punta, así que la agarré con una mano, sintiendo cómo latía y empecé a masturbarla lentamente mientras lo miraba desde abajo.

—Qué rica la tienes tío… —le susurré antes de sacar mi lengua y lamerle toda su longitud desde los huevos hasta la cabeza, saboreando el gusto de su piel.

Marcos soltó un gemido bajo, me agarró del pelo con una mano y yo empecé a chupársela con muchas ganas e incluso más que la primera vez: comencé solo con la punta, girando mi lengua alrededor, succionando con fuerza mientras mi mano le pajeaba y seguidamente me la metí más profundo, moviendo la cabeza de forma rítmica hacia adelante y atrás, dejando que me llegara hasta la garganta.

—Joder, Lucía… qué boca tienes, chúpamela bien zorra —me decía…

Aceleré el ritmo, metiéndomela más profundo, haciendo pequeñas arcadas pero que no me detenían, pues la sacaba un momento para lamerle los huevos, chupárselos uno a uno mientras lo pajeaba con la mano, y luego volvía a tragármela entera.

El sonido húmedo y obsceno de mi mamada se mezclaba con la música de fuera y cada vez que escuchábamos voces de las chicas de fuera o risas muy cerca del cubículo, yo bajaba un poco el ritmo pero la chupaba más profundo y más lento, arrodillada y mirándolo siempre a sus ojos.

Marcos respiraba cada vez más agitado, agarrándome del pelo con más fuerza, guiando mis movimientos pero dejándome tomar el control la mayor parte del tiempo.

Le escupí en el glande, extendí mi saliva con la mano, me di unos golpecitos con ella en mi boca y volví a chupársela hasta el fondo, manteniéndola ahí varios segundos mientras lo miraba con los ojos llorosos.

—Eres una puta adicta… —me susurró con voz ronca—. La mujer de mi amigo arrodillada y chupándomela en el baño mientras él te espera en casa.

Esas palabras me mojaron todavía más por lo que según chupándosela pero esta vez con más ganas, moviendo mi cabeza rápido, succionando fuerte, usando la mano y la boca al mismo tiempo y a la vez, mi saliva me chorreaba por la barbilla, por el cuello y caía sobre mis pechos mientras sentía su polla hincharse más en mi boca, palpitando y a punto de explotar.

Marcos me levantó de repente, tirándome del pelo con suavidad pero con firmeza, me besó otra vez, probando su propio sabor en mi lengua, y luego me giró de cara contra la pared.

—Ahora te voy a follar —me dijo mientras me bajaba los leggings y el tanga empapado hasta las rodillas de un tirón brusco.

Sentí su polla gruesa y caliente rozando entre mis nalgas, provocándome, frotándose contra mi entrada empapada.

—Dime lo que eres… —me gruñó en mi oído mientras me agarraba del pelo.

—Soy tu zorra… —le respondí casi sin aliento—. La mujer de tu amigo Carlos… y estoy aquí para que me uses como merezco.

Marcos no esperó más, pues me la metió de un solo empujón brutal, llenándome por completo y haciéndome soltar un gemido fuerte que tuve que ahogar mordiendo mi propia mano.

En ese mismo momento, empezó a empotrarme con fuerza, con embestidas profundas y rápidas que hacían que mi culo chocara contra su cadera con un sonido de golpes secos.

Cada vez que escuchábamos voces o tacones muy cerca de la puerta, él aflojaba un poco pero empujaba más profundo, torturándome, manteniéndome al borde mientras yo temblaba de placer y pánico.

Mis tetas estaban ya fuera y rebotaban contra los azulejos fríos, mis leggings me limitaban el movimiento y eso solo me ponía más cachonda.

—Joder, Lucía… estás chorreando —me dijo—. ¿Sabes que mis amigos están ahí fuera? Los mismos que conocen a Carlos… y yo aquí follándome a su mujer en el baño.

Esa frase me provocó un orgasmo repentino y brutal haciendo que mi vagina se contrajese con fuerza alrededor de su miembro y mientras temblaba entera, mordiendo mi mano para no gritar, Marcos siguió metiéndomela duramente, alargando mi clímax y susurrándome al oído lo sucia que era por traicionar a Carlos de esta forma.

Cuando mi orgasmo empezaba a bajar, me giró, me sentó en el borde del bate, me abrió las piernas al máximo y volvió a penetrarme cara a cara.

Me follaba mirándome a los ojos, con una mano tapándome la boca y la otra apretándome una teta, mientras el cubículo estaba lleno de calor, sudor y olor a sexo.

Estaba a punto de correrse cuando de repente escuchamos tres golpes suaves en la puerta…

Marcos sonrió con malicia, todavía dentro de mí, y me susurró:

—Es uno de mis amigos…

Antes de que pudiera reaccionar, Marcos abrió el pestillo sin salir de mí, la puerta se entreabrió y uno de sus colegas —el tipo alto, moreno, que yo había visto varias veces con Carlos en cenas y partidos— entró rápidamente y cerró de nuevo.

Sus ojos se abrieron como platos al verme empalada en la polla de Marcos, con mis pechos fuera, los leggings bajados y la cara desencajada de placer.

—Hostia puta… —murmuró, claramente excitado.

Marcos siguió follándome lento pero profundo mientras miraba a su amigo.

—¿Quieres probar a esta zorra? —le preguntó Marcos a su amigo sin dejar de mover las caderas, follándome lento pero profundo.

Yo abrí mucho los ojos, flipando y el corazón me latía tan fuerte que parecía que me iba a salir del pecho.

—Marcos… ¿estás loco? —le dije con voz temblorosa, entre gemido y jadeo—. Esto… joder… no me lo creo…

Marcos sonrió con esa sonrisa oscura y perversa que tanto me ponía, sin parar de embestirme.

—Tranquila, mi zorra… —me dijo al oído, mordiéndome el lóbulo—. Es mi amigo de toda la vida, ya hemos hecho cosas parecidas varias veces, le hablé de ti… le conté lo puta que eres y lo mucho que te gusta el riesgo pero es super colega mío y no dirá nada, te lo aseguro.

Sus palabras me dejaron sin aliento porque una parte de mí quería protestar, decir que era demasiado, que esto era una locura…

pero otra parte, la más oscura y húmeda, se excitó todavía más y antes de que pudiera decir nada más, el amigo se bajó la cremallera, sacó su polla que por cierto ya estaba completamente dura y se acercó a mí.

Marcos se apartó un momento, sacando su miembro de mi coño con un sonido húmedo, y me empujó suavemente hacia abajo, por lo que me puse de rodillas en el suelo estrecho y empecé a chupar la polla del amigo de Marcos con una mezcla de vergüenza y hambre.

Al principio dudé, pero pronto me la metí más profundo, moviendo la cabeza mientras él me agarraba del pelo con fuerza y al mismo tiempo, Marcos se puso detrás de mí, me levantó un poco del suelo quedando semi agachada, me bajó más los leggings y me penetró de nuevo de un solo empujón, follándome con fuerza mientras yo se la seguí chupando a su amigo.

—Hostia… —gritó su colega, mirándome desde arriba—. La verdad que no exagerabas, Marcos, porque esta tía es una puta máquina.

Yo gemía alrededor de la polla que tenía en la boca, completamente ida, y el espacio era tan pequeño que apenas podía moverme pero a esta situación se le sumaba un peligro que era realísimo: las voces de chicas riendo y hablando justo al lado del aseo donde estábamos los tres encerrados, el sonido del grifo, la música retumbando…

Todo eso hacía que me mojara como nunca.

Me usaron entre los dos durante varios minutos intensos a la vez de salvajes, y mientras Marcos me follaba por detrás con embestidas profundas y fuertes, agarrándome de las caderas, su amigo me penetraba la boca sujetándome la cabeza y yo, con parte del maquillaje corrido, no podía parar porque el morbo de estar siendo usada por estos dos hombres en el baño de una discoteca, me estaba volviendo completamente loca.

—Joder, Lucía… no me lo creo… —pensaba yo misma mientras gemía—. Estoy aquí agachada, tragándome la polla de un conocido de Carlos mientras Marcos, su mejor amigo me la mete hasta el fondo…

Marcos fue el primero en correrse, y lo hizo dentro de mí metiéndomela desde atrás empujando hasta el fondo mientras que yo temblaba de otro orgasmo brutal.

Poco después, su amigo se corrió en mi boca con un gemido ronco, sujetándome la cabeza para que se lo tragara todo y yo, lo hice, casi sin pensarlo, tragando mientras mi cuerpo seguía convulsionando de placer.

Cuando terminaron, me ayudaron a incorporarme porque tenía las piernas hechas gelatina, semen escapando de mi coño y chorreando por mis piernas, los labios hinchados y la cara completamente deshecha…

A continuación me limpié como pude con papel mientras ellos se subían los pantalones, me miré un segundo en el pequeño espejo del cubículo y casi no me reconocí: parecía exactamente lo que era…

una zorra recién follada por dos hombres en un baño de discoteca.

Marcos me dio un último beso metiéndome su lengua hasta el fondo de mi boca y me susurró al oído, todavía con la respiración agitada:

—Esto no ha terminado, Lucía, eres nuestra zorra esta noche.

Me guiñó un ojo, se subió la cremallera y salió del aseo primero.

Su otro amigo lo siguió poco después, cerrando la puerta tras el y yo me quedé sola unos segundos, así que Intenté arreglarme lo más rápido posible: me subí los leggings, me coloqué el top corto y me limpié un poco la cara y el pecho con papel higiénico.

Estaba terminando de retocarme el pelo frente al pequeño espejo cuando la puerta se abrió de golpe y para mi sorpresa, era el otro amigo de Marcos y el más callado de los tres, pero el que más me había mirado durante toda la noche.

Entró rápidamente, cerró el pestillo y me miró con los ojos ardiendo de deseo.

—Joder… —murmuró, acercándose—. No podía irme sin probarte…