Mis Infidelidades Más Sucias El ascensor del parking #2
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El ascensor del parking #2

Gemía en mi oído, mordiéndome el lóbulo de la oreja con fuerza mientras aceleraba el ritmo, proporcionándome embestidas cortas y violentas que hacían que mis tetas rebotaran contra la pared y yo mientras, solo podía pensar en Carlos, en cómo lo estaba traicionando de la forma más sucia posible en un ascensor público mientras él me esperaba en casa confiando en mí, pero esa imagen y esa traición tan absoluta, me hizo correrme otra vez con más intensidad, mientras este desconocido seguía entrando y saliendo de mí sin parar.

Finalmente, con un gemido ronco y profundo que vibró contra mi cuello, este hombre se corrió dentro de mí llenándome con chorros calientes y espesos de semen que sentí hasta el fondo de mi útero, inundándome por completo mientras yo apretaba más fuerte y rápido hacia el para ordeñarlo hasta la última gota, sollozando de placer y vergüenza contra la pared metálica del ascensor.

Nos quedamos unos segundos así, pegados, respirando agitados, con su polla todavía palpitando y dejando sus últimas gotas de corrida dentro de mí mientras que el ascensor seguía bajando y cuando por fin se apartó, sentí cómo su semen empezaba a escaparse de mi coño y bajaba por mis piernas, pero rápidamente y recordando a lo que me exponía, me giré con las manos temblando, me bajé el vestido como pude, me coloqué el tanga empapado y me miré rápidamente en el espejo empañado de la cabina; tenía unas pintas tremendas de “recién follada” con el pelo revuelto, las mejillas rojas y una mirada salvaje que apenas reconocía.

Él se subió la cremallera, me dedicó una última sonrisa satisfecha y, cuando las puertas se abrieron en el piso del parking, salió primero sin decir ni una palabra.

Yo esperé unos segundos, respiré hondo y salí intentando caminar con normalidad, aunque mis piernas temblaban y sentía cómo su semen se escurría por el interior de mis muslos con cada paso.

Llegué hasta mi coche, abrí la puerta con manos torpes, me senté en el asiento y cerré los ojos durante un momento largo, respirando agitada mientras sentía cómo el corazón me latía con tanta fuerza que parecía que iba a salirse del pecho…

Mi coño me palpitaba con intensidad, todavía lleno del semen caliente de aquel desconocido que acababa de follarme sin piedad contra la pared de un ascensor, sabiendo con una claridad absoluta y aterradora que acababa de cruzar una línea que ya no tenía vuelta atrás, que había traicionado a Carlos de la forma más sucia y arriesgada posible en un lugar público donde cualquiera podría habernos descubierto.

El parking subterráneo estaba relativamente tranquilo a esa hora, pero aún se escuchaban ruidos lejanos: el sonido de carritos rodando, puertas de coches cerrándose, voces de gente caminando hacia sus vehículos, y esa normalidad cotidiana contrastando con lo que acababa de pasar me producía una vergüenza tan profunda y una excitación tan fuerte que no pude evitarlo.

Me recosté un poco en el asiento, separé mis piernas lentamente y metí una mano debajo del vestido, apartando el tanga empapado con los dedos y rozando directamente mi clítoris hinchado y sensible, todavía palpitando por las embestidas brutales que había recibido minutos antes…

Empecé a tocarme despacio, frotando mi clítoris en círculos lentos mientras recordaba cada detalle: la forma en que me había empujado contra la pared, cómo su miembro grueso me había abierto por completo, el sonido húmedo de sus embestidas chocando contra mi, y sobre todo ese momento de puro pánico cuando el ascensor se detuvo en un piso y escuchamos pasos fuera, voces lejanas, mientras que él siguió metiéndomela de forma mas lenta pero más profunda, como si el peligro lo excitara tanto como a mí.

Mis dedos se movían cada vez más rápido, deslizándose entre mis labios empapados y metiéndose dentro de mí, follándome con ellos mientras imaginaba que era su polla la que entraba y salía, y fuera, en el parking, vi a una pareja caminando hacia su coche a solo unos metros de distancia, cargando bolsas y hablando tranquilamente, completamente ajenos a lo que yo estaba haciendo dentro del mío.

Esa imagen y esa normalidad tan cercana que observaba mientras yo me masturbaba como una zorra en el asiento del coche con el coño lleno de semen ajeno, me provocó una oleada de culpa tan intensa que casi me hizo parar, pero esa misma culpa se convirtió en placer, en morbo, y en una excitación tan fuerte que aceleré el movimiento de mis dedos, frotando mi clítoris con más fuerza mientras gemía bajito, mordiéndome el labio para no hacer ruido, y recordando cómo me había corrido en ese ascensor.

Otro coche pasó cerca, sus faros iluminando brevemente el interior del mío, y yo me hundí un poco más en el asiento, pero no paré, al contrario, metí dos dedos más profundo, follándome con ellos mientras pensaba en Carlos esperándome en casa, confiando en mí, mientras yo acababa de dejar que un desconocido me follara en un ascensor…

El orgasmo me llegó de forma repentina y brutal, un calor líquido que me recorrió todo el cuerpo, haciendo que mi coño se contrajera alrededor de mis dedos, soltando un chorro caliente que empapó el asiento, así que tuve que taparme la boca con la otra mano para ahogar el gemido largo y tembloroso que quería salir de mi garganta por lo que me quedé unos segundos allí, respirando agitada, con los dedos todavía dentro de mí y el corazón latiéndome con fuerza, sabiendo que acababa de masturbarme en el parking del centro comercial con el semen de otro hombre todavía escapando de mi coño, mientras la gente caminaba a mi alrededor como si nada.

Me limpié como pude con unos pañuelos, me arreglé el vestido, arranqué el coche y salí del parking hacia casa, con las piernas todavía débiles y el cuerpo marcado por lo que acababa de vivir.